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LE SALAIRE DE LA PEUR (1955, Henri-George Clouzot) El salario del miedo

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A la hora de mencionar la nómina de realizadores que poblaron el cine francés con posterioridad a la II Guerra Mundial, es bastante probable que Henri-George Clouzot sea uno de sus representantes más eclécticos y singulares, en una trayectoria caracterizada por títulos de géneros y tratamientos bastante contrapuestos, entre los que se albergan enormes éxitos populares, obras de desigual interés y también algún film que sobrelleva la vitola auténtica del clásico. LE SALAIRE DE LA PEUR (El salario del miedo, 1955) es quizá el título más emblemático de su filmografía –aunque me gustaría mucho contemplar su al parecer extrañísima LE MYSTÈRE PICASSO (1956)- en la que se encuentran títulos tan aburridos y sobrevalorados como LAS DIABÓLICAS (1955, Les diaboliques) –que en su momento cosechó un sorprendente impacto y sucedió en su filmografía al título que comentamos-.

Nos encontramos en pleno periodo de postguerra, y en una pequeña ciudad de lugar indeterminado de sudamérica. Se trata de un tugurio casi fronterizo en el que junto a los lugareños pueblan toda una galería de europeos desarrapados, sin trabajo y casi sentido para su existencia. El hambre y la necesidad abunda en un entorno en donde el calor, la miseria y la sensación de que el tiempo pasa sin que nada se pueda hacer para remediar ese estado de las cosas, en un ámbito en el que la desesperación solo se da de la mano de la ausencia absoluta de perspectiva de futuro. Es en ese contexto donde la cámara de Clouzot se centra fundamentalmente en la extraña relación de amistad que se establece entre Mario (Yves Montand) y un recién llegado. Se trata de otro refugiado de ya cierta edad caracterizado por sus relativamente elegantes vestimentas –M. Jo (Charles Vanel)-. Un veterano gangster que ha perdido todas sus pertenencias de forma repentina y desea lograr dinero rápido. Pese a su interés y los contactos que tiene en algún responsable de las extracciones petrolíferas que se encuentran relativamente cerca, no puede encontrar ningún trabajo. Sin embargo, la explosión de uno de los pozos petrolíferos de la zona llevarán a sus responsables a la necesidad de transportar una considerable cantidad de nitroglicerina para poder explosionarla en la base del mismo y apagar el incendio.

Para ello se ven en la necesidad de contratar a cuatro de estos desarraigados por medio de unas pruebas de selección. A cada uno de los cuales prometen dos mil dólares a la llegada. El viaje es extremadamente dificultoso en unas carreteras y caminos absolutamente abandonados, y con el riesgo añadido de la propia configuración de los camiones y la fragilidad de la carga, siempre con el riesgo de explosión a cuestas. Finalmente, serán elegidos Mario, Bimba (Peter Van Eyck), Folco Lulli (Luigi) –gran amigo de Mario y que se ve desplazado cuando M. Jo ocupa un lugar de preferencia en la amistad de este- y otro de los compañeros. Sin embargo, finalmente este último no se presenta –nadie sabe que ha sucedido pero queda evidente que M. Jo ha sido responsable de la ausencia- y es sustituido por el antiguo gangster, que será el copiloto de Mario. Los cuatro conductores irán en dos camiones diferentes y con media hora de distancia entre uno y otro.

Ciertamente es a partir de esos momentos, cuando la brillante pero un tanto alargada descripción inicial de ambientes y personajes que define la primera parte de LE SALAIRE DE LA PEUR, deja paso a prácticamente hora y media de película absolutamente magistral, en la que con una fisicidad asombrosa y un sentido de la aventura y el suspense absolutamente directo, sentiremos casi en carne propia las azarosas aventuras de este cuarteto de hombres fracasados, encaminados a su lucha por lograr ese dinero que les permita salir de su situación de miseria, aunque en ellos les vaya la propia vida. Con una extraordinaria fotografía en blanco y negro de Armand Thirard, desde sus primeros fotogramas la obra de Clouzot destaca por su casi asfixiante trasfondo físico. Da la impresión que en todo momento el calor, las moscas, los caminos polvorientos y la suciedad trascienden de los personajes al espectador, como pocas veces se ha podido contemplar en el cine. Un aspecto visual que en la parte más valiosa de la película adquiere una sorprendente personalidad, basada fundamentalmente en la combinación de dos géneros como el de la aventura y el suspense. Ciertamente, la película de Clouzot resalta por transmitir en todo momento la sensación interna y externa de la aventura infernal, mostrando al mismo tiempo un trasfondo existencial que es evidente ya se encontraba en la novela de George Arnaud. Una odisea de cuatro personajes que en realidad viajan a la nada, a ninguna parte, pero al mismo tiempo han de demostrar su capacidad de lucha por intentar salir de un mundo que les ha tocado vivir, lleno de penalidades y en el que realmente son unos extranjeros desarraigados.

La azarosa andadura del viaje está jalonada de episodios a cual más angustioso. Y llegados a este punto hay que reconocer que momentos en apariencia tan simples puedan generar en el espectador un estado de inquietud tan grande, al tiempo que todos ellos logren sortearlos poniendo en practica la serenidad. Momentos como el cruce por la carretera de amianto, el casi inevitable choque de los dos camiones, el terrible episodio en el barranco y utilizando de él una plataforma de madera casi podrida, o la voladura de una enorme roca que impedía el paso de los mismos. Estos distintos fragmentos son plasmados de forma dinámica dramáticamente. Clouzot no huye incluso del zoom cuando cree que su presencia puede aportar un plus de inquietud a las tensas aventuras de todos sus personajes. Me da la impresión que en pleno proceso de rodaje, algunas de las elecciones formales elegidas por el equipo técnico tuvieron bastante de espontáneas. Y es que creo que ese aire de espontaneidad beneficia y proporciona un aire más directo al progreso de la narración, que está llena de momentos memorables, especialmente en su parte final. Uno de ellos es esa imagen absolutamente inverosímil pero sorprendente en el que el tabaco del cigarrillo que lía Mario se volatiliza repentinamente anunciando el estallido del camión que conducen sus compañeros unos cientos de metros después –tras un instante por cierto muy revelador en el que Bimba se acicala y evoca cuando lo hizo su padre antes de ser ejecutado-. O la larga y angustiosa secuencia que se desarrolla a continuación en medio de una creciente charca de petróleo. En ella el accidente que sufre Jo y las maniobras de Mario por lograr traspasarla con el camión, adquieren unas dimensiones casi épicas.

Evidentemente, el balance de LE SALAIRE DE LA PEUR es el de una gran película, pero no un film perfecto. A esa pequeña morosidad de esa parte inicial caracterizada por lo descriptivo, hay que unir la penosa labor de Véra Clouzot –la esposa del realizador- en el papel de la camarera enamorada de Mario –Linda-, detalles no resueltos como donde va a parar el personaje del conductor al que finalmente sustituye Jo –aunque todos sospechemos su destino-, o la secuencia final, que pese a toda su carga de simbolismo se me antoja un tanto pueril. Pese a ello, la película de Clouzot es uno de esos títulos irrepetibles, con alma propia, que inútilmente fue objeto de un remake a cargo de William Friedkin –CARGA MALDITA (Sorcerer, 1977)-, que no he visto pero cuyas referencias son unánimemente discretas.

Calificación: 4

22/09/2005 08:57 #. Henri-George Clouzot

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gravatar.comAutor: R Gutierrez Carriedo

Tuve ocasión de verla a los pocos dias de su estreno en el Tetro Coliseum de Madrid.La copia recuperada posteriormente omite alguna escena, como la vista del "ganado" (prostitutas) tambien está cambiada la frase de despedida del capataz de la petrolera cuando da salida a los camiones: les dice algo asi como"vou wous dire merde"
El "suspense" de la pelicula no ha perdido con el tiempo En aquel año un critico de cine decia poco mas o menos:"el publico al acabar la peli tenia las manos agarrotadas sobre los brazos de las butacas. En contra de otras opiniones pienso que la escena final es fenomenal "El Danubio azul" se ha utilizado en otras peliculas para especiales situaciones.La primera parate puede parecer larga y lenta, yo pienso que adecuada para preparar la segunda parte que empieza en el mismo momento que arancan los camiones haciendo sonar las sirenas; el público ya se da cuenta del peligro que espera a los cuatro conductores aunque no puede barruntar el desenlaceEl tema de la "nitro" la utilizo H Hawks en una extraordinaria película "Solo los angeles tienen alas"
La puso Garci en su programa y los contertulios la valoraban. Al parecer A. Hitchcook copio detalles para sus peliculas y sin embargo no queria oir hablar de Clouzot.
Fue el primer largometraje de Ives.
Pienso ponerla en mi video-forum R Gutierrez

Fecha: 31/10/2005 00:48.


gravatar.comAutor: Mikel

El salario del miedo, es una "buena" adaptación de la novela, que es una auténtica obra maestra del suspense metafísico.
He podido ver el remake, y, está lejos de ser esa mediacridad que apuntan algunos plumíferos críticos.
Sorcerer es fallida: demasiado ambiciosa y de estructura excesivamente episódica y dispera, pero tiene un par de secuencias absolutamente increíbles. Más que un Thriller, Sorcerer, es una película de terror, fantástica en toda su concepción.

un saludo

Mikel

pd:Puedes descargártela de emule.

Fecha: 18/06/2006 02:49.


gravatar.comAutor: efren

me gustaria saber en que lugar fue rodada la pelicula del salario del miedo

Fecha: 17/03/2007 22:02.


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