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SILVER CITY (2004, John Sayles) Silver City

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Pese al reconocimiento crítico de que goza, confieso que no he seguido de cerca la trayectoria del norteamericano John Sayles. Todo ello viene dado por una razón muy especial; la relativa decepción que en su momento me produjo el visionado del que quizá sea su título más aplaudido hasta la fecha: LONE STAR (1996). A partir de esta circunstancia tan personal, no me he preocupado en exceso en seguir su filmografía, sin que ello me lleve a considerar aquella como una película desprovista de interés.

Una impresión bastante similar me produce un nuevo encuentro con el cine de Sayles –SILVER CITY (2004)- una propuesta menos prestigiada que la película antes señalada, y que bajo mi impresión se revela dentro de similares líneas de cualidades y limitaciones que en la mencionada LONE STAR. El título que comentamos, no se puede negar que sigue una línea coherente con las inquietudes progresistas del realizador, que constituyen un extraño ejemplo de coherencia dentro del cine norteamericano de los últimos años. Ni que decir tiene que no es el único ejemplo de esta tendencia –que por otro lado tampoco cabe señalar si es la más valiosa a la hora de la crítica de los peores defectos y lacras de la vida y sociedad USA-. De cualquier manera, resulta gratificante comprobar como en esta curiosa película se ofrece una nada solapada sátira de las evidentes torpezas y escaso calado político de candidatos políticos en la línea del indescriptible George W. Bush, la manipulación de los medios informativos, la falta de respeto y consideración al medio ambiente, la corrupción, la explotación de la inmigración mexicana... Toda una gama de rasgos, características y problemáticas bastante reconocibles para cualquier mente sensata, que además en su vertiente satírica alcanzan un grado notable de complicidad con el espectador. Unas disgresiones que en este caso son apoyadas por un considerable número de estrellas de Hollywood que se han sumado gustosas al proyecto, dotando al mismo de mayor entidad de cara a la industria, y del cual hay que destacar la impecable labor que realizan tanto Chris Cooper en su involuntaria recreación de Bush, como Richard Dreyfuss al encarnar a su jefe de campaña.

Ambos son los ejes sobre los que se desarrolla la andadura de SILVER CITY, donde el primero, caracterizado por su torpeza y ser el hijo de un conocido senador republicano, aspira al cargo de gobernador de un estado. A partir de la filmación de un estúpido spot ecologista del candidato, aparecerá el cadáver de un inmigrante latino, que dará pie a toda la investigación a cargo de Danny (Danny Huston, el hijo del desparecido John, y también ocasional realizador). Desde estas premisas, se describirán una serie de personajes y situaciones, reveladoras de corrupciones, falsedades y abusos al margen de la normalidad democrática.

Resulta fácilmente constatable que una película de las características de la que comentamos, puede resultar muy complaciente dentro de una mentalidad progresista, rasgo este especialmente acusado por la vertiente de comedia satírica que se ofrece especialmente en su primera mitad. Sin embargo, creo que ello no deviene suficiente para elevar el interés de una película que finalmente se revela muy desigual, e incluso insuficiente en esa vertiente irónica –es muy superior en ese contexto, e incluso puede resultar bastante más inquietante en su alcance, el poco recordado y brillante debut como director de Tim Robbins con BOB ROBERTS (Ciudadano Bob Roberts, 1992)-. Cierto es que Sayles denota en todo momento no caer en trazos gruesos y elevar el tono hasta unos niveles estridentes, pero no se puede negar que nos encontramos con una propuesta que se ahoga en su propia coralidad, caracterizada por una notable ausencia de ritmo, y que se resiente de desequilibrios, resultar demasiado discursiva y tener una duración, a mi juicio, demasiado extensa.

Es cierto que en su última media hora la película levanta bastante el vuelo y adquiere una cierta consistencia dramática –a pesar de tener que asistir a una pobrísima representación del día de los muertos mexicano-. Al mismo tiempo, en su discurrir se intenta buscar esa línea de integración de índole westerniana de los personajes en exteriores y localizaciones naturales bellamente elegidas y fotografiadas por el veterano Haxkell Wexler. Pese a todo ello, el resultado final se inclina por la pendiente de lo discursivo y una sátira bastante previsible, y para la que cabe retomar ejemplos más valiosos en el pasado, como la ya citada película de Robbins, o esa espléndida visión de los métodos electorales, que se expresaba en la olvidada THE CANDIDATE (El candidato, 1972. Michael Ritchie).

Calificación: 2


15/10/2006 22:52 thecinema #. MIS CRITICAS

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