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CINEMA DE PERRA GORDA

UN NOMMÉ LA ROCCA (1961, Jean Becker) Un tal La Rocca

UN NOMMÉ LA ROCCA (1961, Jean Becker) Un tal La Rocca

Resulta hasta cierto punto lógico que a la hora de abordar el más mínimo análisis sobre UN NOMMÉ LA ROCCA (Un tal La Rocca, 1961), se encuentre bien presente el referente de la magistral LE TROU (La evasión, 1960. Jacques Becker). Un tono fotográfico más o menos similar, la recurrencia a una ambientación carcelaria –aunque aquí limitada a un fragmento del relato-, la fuerza de la amistad… Elementos todos ellos procedentes igualmente de la novela de José Giovanni, que no dudo alberga no pocos admiradores, y al mismo tiempo nos encontramos ante el film que supuso el debut de Jean Becker, hijo del gran Jacques –en mi opinión uno de los tres mejores realizadores que propuso el cine galo, junto a Robert Bresson y Sacha Guitry; no cito en dicha selección a Jacques Tourneur, en la medida que no se puede hablar prácticamente de una obra realmente francesa del realizador de CAT PEOPLE (La mujer pantera, 1942)-. Estaba cercano el eco del citado LE TROU, que se estrenó ya inesperadamente difunto su artífice, y en el que su hijo tuvo un papel especial a la hora de configurar elementos finales, al producirse la muerte de su progenitor. En cualquier caso, nos encontramos ante circunstancias que quizá pudieran desfigurar el verdadero atractivo de una película que, es innegable reconocerlo, desprende un aura de simpatía considerable, e incluso en determinados momentos revela las posibilidades que emanan de su planteamiento, pero del que finalmente se desprende la incapacidad de traspasar a través de su puesta en escena las sugerencias que propone su referente literario y, sobre todo, el calado del planteamiento moral de su propuesta.

 

Ante la condena de su amigo Xavier Adé (Pierre Vaneck) por un crimen que no ha cometido, su fiel amigo intentará liberarlo de la condena a la que ha sido sometido –finalmente se le aplicarán diez años de trabajos forzados-. Es por ello que Roberto La Rocca (Jean-Paul Belmondo) se enfrentará contra quien en apariencia había premeditado la caída de Adé, liquidándolo de manera tan contundente como violenta, y haciéndose cargo del negocio de este –un salón de juego de cortos vuelos-. Sin embargo, y dentro de un sendero de manifiesta crueldad, La Rocca protagonizará una agresiva refriega contra unos gangsters, lo que paradójicamente le acercará a su viejo amigo Adé al ser igualmente condenado a trabajos forzados. Una vez cerca de este , lo orientará en su deseo de evitarle sufrimientos, protegiéndolo de carceleros crueles y declarándose ambos voluntarios para colaborar en la búsqueda de minas de guerra. Así pues, Adé y La Rocca se situarán en un terreno tan agreste como peligroso en sus actividades, que provocarán en el primero de ellos una creciente sensación de opresión, mientras que La Rocca sobrellevará con su habitual estoicismo. En uno de esos arrebatos emocionales, Adé se verá afectado por el estallido de una mina, quedando manco de un brazo, aunque ello les permita –una elipsis omite el proceso por el que ambos fueron finalmente excarcelados- intentar la compra de unas tierra y comenzar una vida más relajada, siempre con la compañía de la hermana de Adé –Geneviève (Christine Kaufman)-. No bostante, el destino, una vez más, mostrará sus últimas cartas, revelándose ante la posibilidad de una estabilidad por parte de sus personajes. Adé intentará pedir prestado de un viejo amigo –se ocultan los elementos que los unieron en el pasado, pero presumiblemente estuvieron ligados con la delincuencia-, forzándolo a recoger de su caja fuerte una considerable cantidad de dinero. El dueño del mismo mandará a sus hombres a casa de este, localizando a su hermana para retenerla a cambio del montante que este se había llevado. En la refriega esta se niega y La Rocca intentará evitar el secuestro de la muchacha, con tan mala fortuna que esta interferirá los disparos de dichos esbirros, provocándole su muerte. Ya no queda ningún grado de esperanza, y al regreso de Adé con la escritura de la casa de campo que deseaba adquirir, este será consciente de la situación que ha planteado con su irresponsabilidad. Será por tanto, el fin de una amistad que llegará a su absoluta conclusión ante las honras fúnebres de la muchacha, en un cementerio y prácticamente sin más asistencia que el oficiante y los dos viejos amigos.

 

Lo cierto es que UN NOMMÉ… funciona mucho más cuando su progresión va desprovista del seguimiento de los resortes de la narración. Es en sus miradas, en esos planos aparentemente planteados como de conjunto, donde se entreve el verdadero sentimiento emanado por el referente de Giovanni. Se trata sin duda de la mayor virtud de un film que no duda en describir secuencias de enorme dureza, planteadas además con notable sequedad, y al mismo tiempo acude a la ya implantada mitología encarnada por el excelente Jean-Paul Belmondo, que en esta película mitiga en cierto modo la ambivalencia de sus personajes, para completar el retrato de un hombre duro pero al mismo tiempo revestido de un cierto vestigio de honestidad. Sinceramente, UN NOMMÉ LA ROCCA está lejos de seguir el sendero de las colaboraciones del actor con Jean-Pierre Melville y, sobre todo, de poder considerar esta película como un título especialmente destacable dentro del polar francés. Tanto lo abrupto de algunas situaciones, la escasa credibilidad del desarrollo de otras, y la patente irregularidad que manifiesta su progresión argumental, son motivos que inciden en el hecho de considerar limitadas las posibilidades cinematográficas que por aquel entonces podía poseer el joven hijo de un maestro del cine, por más que su relato, pese al confusionismo o desequilibrio que manifiesta, no pueda dejar de ser valorado con tanta simpatía como la honestidad que reviste su discurso. En definitiva, un título quizá excesivamente valorado por todos aquellos que han demostrado un especial interés en este marco genérico del cine francés, pero que pese a sus irregularidades no deja de mostrar un marchamo de sinceridad y ligazón con el referente literario del que surgió.

 

Calificación: 2’5

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