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PROCESSO ALLA CITTÀ (1952, Luigi Zampa) Proceso a la ciudad

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Al margen del considerable caudal de sugerencias y virtudes intrínsecamente cinematográficas que atesora su propuesta, la contemplación de PROCESSO ALLA CITTÀ (Proceso a la ciudad, 1952. Luigi Zampa) ofrece al espectador una extraña sensación. La de describir una serie de sucesos y situaciones enmarcadas en un pasado más o menos lejano –el Nápoles de inicios del siglo XX-, pero admitir con auténtico estupor que parece que nos encontremos ante hechos de pertinente actualidad. El estallido en nuestro país, incluso en un contexto democrático, de escándalos bien conocidos por todos, son referencias demasiado cercanas en la memoria de los españoles. Unos ecos estos que imposibilitan no admitir esa cercanía en la capacidad que una sociedad tiene para imbuirse y traspasar los peligrosos límites que marca la Justicia, discurriendo de manera comprometida por terrenos cenagosos en lo ético pero cómodos en lo material, en los que queda abierto traspasar la frontera de la práctica de la corrupción, bajo diferentes vertientes.

 

El film de Zampa –que sin duda podemos considerar como una de sus obras mayores-, se centra en la incorporación del respetado Juez Spicacci (notable Amadeo Nazzari), al asumir la investigación del respetado matrimonio Ruotolo. Una pareja destacada por sus obras de caridad, cuyo violento asesinato –él aparece junto al mar y es encontrado por dos pequeños, ofreciendo por otro lado un inicio de película impactante-, mientras que su esposa será descubierta cadáver por parte de agentes de la policía y vecinos. El doble crimen y la ausencia de pruebas incriminatorias a probables sospechosos, provocarán la responsabilidad del caso a nivel judicial por parte de Spicacci, al cual ayudará en sus pesquisas el subcomisario Perrone (el siempre magnífico Paolo Stoppa). Ya en el primer encuentro de ambos, una situación por completo casual –la petición del joven Luigi Espósito (Franco Interlenghi) de los permisos para poder viajar con su joven esposa a Sudamérica, evitando con ello poder volver a incurrir en actividades delictivas-, supondrá el primer indicio que el jurista y el comisario acogerán para ir iniciando las pesquisas que permitan aclarar las causas del doble crimen y determinar y posteriormente detener a sus autores. Poco a poco, este indicio irá abriendo un casi sobrecogedor recorrido, en el que se situarán no solo gentes de baja catadura –prostitutas, delincuentes...- sino a su alrededor se irán incorporando algunas de las más distinguidas personalidades napolitanas del momento. Todo ello configurará un monumental mosaico social, un conjunto de demoledoras proporciones contra el que tendrá que luchar, casi en solitario, el aguerrido Spicacci, pese a encontrarse en apariencia con el amparo de las leyes y la ayuda puntual de las fuerzas policiales.

 

Pero lo admirable del film de Zampa, estriba en la plena forma cinematográfica con la que el realizador acomete el magnífico guión que elaboraron de manera conjunta personalidades como Suso Cecchi d’Amigo, el propio realizador e incluso Francesco Rosi como coautor de su historia original. Lejos de suponer un reto para el cineasta italiano, resulta indudableque acometió la puesta en marcha de la película con un alto grado de implicación personal e inspiración narrativa. Para ello, destacaremos en primer lugar el espléndido y dinámico juego de cámara, que sabe extraer al máximo potencial de la articulación dramática de la función. A partir de una serie de resquicios aparecidos casi de manera casual –la presencia del joven liberado Espósito cuando el juez y el subcomisario están juntos- y manteniendo una línea narrativa, PROCESSO... va siguiendo un sendero bastante similar a las fronteras del cine noir, aunando esta tendencia con el sesgo neorrealista tardío aún vigente en el cine italiano de aquel momento. Es más, la elección temporal de la historia –que intuyo se desarrolló en un tiempo pretérito para evitar presiones que impidieran la distribución normalizada de la película- en modo alguno impide que la misma adquiera en todo momento esa sensación de inmediatez que, admirablemente, mantiene casi seis décadas después de su rodaje. Unido a ese magnífico juego de cámara, Zanpa logra incorporar al relato episodios casi insólitos, como esa sorprendente recreación de la cena que precedió al asesinato del matrimonio Ruotolo, en la que solo la perseverancia del juez logra en el último momento extraer suficientes indicios razonables, en la que se insertará el único flash-back de la película –de breve duración-, y en donde incluso el canto de una simple canción se transformará de forma repentina en una auténtico aviso de muerte.

 

Pero más allá de sus hallazgos formales –los espectrales planos general nocturnos en picado sobre las calles del viejo Nápoles, mostrándonos la huída a ninguna parte del citado Espósito y su joven esposa Ninziata (Irène Galter) mientras suena la amenazadora canción napolitana-, de la poderosa caracterización de la tipología coral que se extiende en su metraje –atención a la ambivalencia que caracteriza al dueño de la casa de empeños, la forma con la que se muestra el lado oscuro del matrimonio asesinado, hasta entonces considerado por la colectividad como ejemplar-, de la lógica de sus acciones, o de la extensión social que muestra de la corrupción colectiva, unida a la ritualidad mantenida por la Camorra napolitana, lo cierto es que PROCESSO ALLA CITTÀ destaca por su visión demoledora de la condición humana. Un contexto social en el que la corrupción –mostrada en divergente grado de intensidad-, se extiende como una auténtica metástasis. Una maraña opresiva en donde un indicio lleva a otro, hasta extenderse como una sucia mancha de intereses de inciertos y sombríos perfiles. Todo ello hasta llegar al punto de que la propia esposa de Spicacci reniegue de la competencia de su esposo, que este mismo llegue a dudar de la propia operatividad de su ingente tarea, e incluso que la atormentada Ninziata comente con dolorosa lucidez a su joven esposo “No hay justicia para nosotros”. En admirable consonancia con la casi irrespirable atmósfera que muestra su metraje, el film de Zampa culmina con un episodio doloroso de imposible búsqueda de libertad por parte del infeliz Expósito, huyendo de forma infructuosa entre las vías del tren, pero cuya injusta muerte servirá para empujar al hastiado representante de la justicia a acometer ese proceso que, en realidad, engloba a la colectividad de una ciudad. Una aventura casi inabarcable, que proporciona al relato una dimensión épica quizá utópica, pero en cualquier caso sirve colofón a una película no solo excelente, sino en última instancia necesaria, reveladora de las inquietudes de Luigi Zampa, que en los momentos más inspirados de su obra se reveló como un cineasta del máximo nivel, aunando inquietudes políticas y sociales, con unas plenas formas visuales.

 

Calificación: 4

09/01/2010 15:49 thecinema #. Luigi Zampa

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