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CINEMA DE PERRA GORDA

SPIDER (2002, David Cronenberg) Spider

SPIDER (2002, David Cronenberg) Spider

Es evidente que contemplando las imágenes de SPIDER (2002) se puede detectar el poso de un referente literario de notable fuerza. En muchas ocasiones la propia intuición cinematográfica permite intuir ese origen, en este caso procedente de la novela de Patrick McGrath, autor asimismo del guión del film. De cualquier manera no es menos cierto que la película entronca directamente con el mundo temático –la alienación de la sociedad a través de diferentes parcelas- y visual –esa recurrencia a detalles malsanos- reiterado por David Cronenberg en su ya dilatada trayectoria. Es por ello que cabe decir –aún cuando como en mi caso no he sido un ferviente seguidor de su filmografía-, que con SPIDER Cronenberg logró uno de sus más interesantes al tiempo que personales y arriesgados títulos de su trayectoria.

Ya desde sus imágenes iniciales nos adentramos en la extraña textura visual de la película. Tras unos títulos de crédito que toman como fondo las muestras de tests psiquiátricos, vemos la llegada de un tren y la arribada de los pasajeros. El último de ellos en un largo plano de aplastante normalidad es nuestro protagonista: Spider, un hombre aún joven de aspecto pero completamente minado en una personalidad totalmente introvertida y que acaba de abandonar el manicomio para vivir en una lúgubre residencia de enfermos mentales de menor entidad. Desde su propio traslado de la estación a dicho pensionado Cronenberg procura en todos los planos de exteriores dar una formulación visual caracterizada por su extrañeza, cual si se tratara de un mundo paralelo a partir del cual las imágenes del film se nos ofrecen en esos pasajes como la expresión visual del tormentoso mundo interior del protagonista.

Exteriores casi ausentes de personas y caracterizados por un aire en ocasiones fantasmagórico. En cualquier caso SPIDER es una obra “de cámara”, puesto que su principal elemento es una sobria e incluso fría en ocasiones narrativa dispuesta al servicio de unos personajes, una acción exterior mínima y a un estudio psicológico dominado por la intersección del pasado y el presente de su protagonista. Es así como vemos a un pequeño Spider junto a sus padres trasladándonos las aparentes infidelidades de su padre (Gabriel Byrne), mientras su propia presencia como adulto se hace presente en dichas secuencias. Esa recurrencia pasado - presente permite que el discurrir del film adquiera una especie de “tiempo condicional” en el que nunca sabemos realmente si lo que vemos es veraz, procede de la imaginación de su protagonista –que tiene como especial tesoro rellenar las páginas de su diario- o es una mezcla de ambas vertientes.

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Pese a que la resolución final de su –digámoslo así- intriga no deja de ser un poco previsible para cualquier espectador avezado, en SPIDER interesa mucho más la tribulación interna del protagonista, el rechazo que nos produce lo turbador de sus imágenes y la conjunción de puntos de vista que provoca esa sensación de no saber en algunos momentos bajo que prisma encontrarnos. En medio de una sociedad para la que no parece avanzar el tiempo –es igual de mezquina la plasmada cuando Spider es pequeño que la más cercana a nuestros días-, ciertamente hay algo de malsano en el devenir de un protagonista que encarna en su vertiente adulta un Ralph Fiennes cuyo trabajo va más allá de todo elogio. Muy al contrario de otros tantos ejemplos de transformaciones físicas en el fondo carentes de honduras y destinadas a acaparar premios –y cada uno que ponga los ejemplos que desee-, Fiennes resulta admirable en una composición exigente, sobria y por momentos espeluznante. Destacaría una mirada dirigida a ese depósito de gas que está ubicado frente a la residencia en la que está hospedado, digna de la mayor ambivalencia y que minutos después sabremos por que tiene su importancia.

Creo que es innegable la valía cinematográfica ofrecida por David Cronenberg en este SPIDER que ya debe ser integrado entre los estudios más interesantes legados sobre la locura en los últimos años. Sin embargo, dentro de ese notable nivel no voy a ocultar que encuentro que a la película le falta –por así decirlo y nunca de forma más oportuna- ese “gramo de locura” que traspasara la puerta de una determinada frialdad y arrojarse en las aguas del delirio, manteniendo su lógica cinematográfica. Se trata una objeción muy personal, pero lo cierto es que esta producción se queda en la frontera de un film de notable interés, pero quizá discurriendo por otros meandros hubiera permitido que la misma quedara como uno de los más valiosos ejercicios que sobre las fronteras de la locura en nuestra vida cotidiana hubiera legado jamás el cine.

Calificación: 3

2 comentarios

astrape -

Saludos, excelente crítica. Paula, por favor, este hay personas que no la han visto, dejémosle que ellos descrubran la respuesta, o se pierdan al encontrarla.

paula -

es un pregunta: ¿Spider mata a su mamà o es asesinada por el padre quien le hece creer al niño que la prostituta es su madre?