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YELLOW SKY (1948, William A. Wellman) Cielo amarillo

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Si algo no se puede negar a un realizador aún insuficientemente conocido y reconocido como William A. Wellman es, por un lado, la impronta física de su cine, su fuerza como narrador y, por otro lado, la capacidad de riesgo que asumió a la hora de realizar varias de sus películas. Probablemente en ese último rasgo se cite expresamente la estupenda THE OX-BOW INCIDENT (1943), aunque quizá esa capacidad de atrevimiento cinematográfico tuviera su exponente más rotundo con la extrañísima y excelente TRACK OF THE CAT (1955). En cualquier caso, creo que pocos títulos en su filmografía pueden atestiguar y definir los mejores rasgos de sus capacidades narrativas y expresivas como este magnífico YELLOW SKY (Cielo amarillo, 1948), que puede definirse sin lugar a duda como uno de los grandes exponentes del western cinematográfico de finales de los años cuarenta, muy representativo de las corrientes que definían el género  en aquellos tiempos, pero que al mismo tiempo emerge como una propuesta original, atrevida y totalmente personal, al tiempo que un título apasionante y, por momentos, deslumbrante en su propia y agreste definición visual. En efecto, aunque totalmente conectada con la impronta que el cine del Oeste definía en aquellos años, el film de Wellman emerge con singularidad dentro de un contexto en el que no podemos dejar de encontrar semejanzas con una producción de género de caracteres psicológicos, que quizá tuviera en aquellos años su máxime exponente en la producción realizada por Raoul Walsh –PURSUED (1947), COLORADO TERRITORY (Juntos hasta la muerte, 1949)- y que muy pronto adoptarían otros directores como Anthony Mann o Henry Hathaway. Por supuesto, me estoy refiriendo a títulos caracterizados por su aire sombrío y rasgos visuales en ocasiones casi expresionistas, y la narración de historias cercanas en su plasmación a la herencia del cine noir, definidas en una fotografía en blanco y negro poderosamente contrastada, y unas historias en la que se trasladan unos tintes generalmente representativos en el estado de ánimo de la Norteamérica de aquellos años, por más que su ámbito temático y temporal aparentemente aparezca muy alejado.

En cualquier caso, y aún conservando esos rasgos, prácticamente desde el primer momento podemos detectar en el film de Wellman una austeridad y sequedad física y de acción que la dotan de singularidad propia, proporcionando a sus imágenes un laconismo insólito al que ayudan indudablemente el desarrollo de numerosas secuencias en las que los diálogos son prácticamente inexistentes, o la ausencia de banda sonora –tan solo se interpreta una sintonía militar al inicio y cierre de la película, y en su momento romántico más álgido se escucha una melodía con armónica-. Pero, por encima de estas cualidades, cabe resaltar de forma muy especial el excepcional trabajo fotográfico de Joe Macdonald, que contribuye con la fuerza, expresividad y fisicidad de su iluminación, a acentuar las intenciones de Wellman, ayudado por el magnífico trabajo de localización elección de exteriores y también en la opacidad y tensión de sus secuencias en nocturnos exteriores y interiores llenos de aires inquietantes. Lo cierto es que aún con esa señalada ausencia de fondo musical, se puede decir sin temor a equivocarnos que el verdadero leiv motiv sonoro de YELLOW SKY es el sonido del viento, el retumbar de los disparos o toda una gama de sonidos que inciden en esa sensación de desamparo, de fatalismo, que impregnam los fotogramas de esta película, y a la que solo ausenta en esa sensación los fotogramas finales –antes de vivir una insólita secuencia de anti-atraco, caracterizada de un notable sentido humorístico-.

Ha finalizado recientemente la guerra de secesión norteamericana, y un grupo de combatiente del ejército de la Unión forma una banda dedicada a atracar bancos. Tras realizar un nuevo golpe en un pueblo del Oeste, tienen que huir perseguidos y se internan en una llanura de sal que logran sobrepasar milagrosamente. Llegarán hasta un poblado totalmente abandonada en donde caerán exhaustos, siendo recibidos sorprendentemente por una joven que los apunta con un rifle. Una vez llegan a saciar su sed a un manantial cercano a la fantasmagórica localidad, percatándose de que la muchacha vive con su abuelo y, por los indicios apuntados, se trata de unos buscadores de oro. A partir de este indicio, se desarrollará entre los componentes de la banda la posibilidad de apoderarse de ese oro, y es cuando se acentuarán los enfrentamientos especialmente entre el jefe del grupo –Dawson (Gregory Peck)- y Dude (Richard Widmark), ambos magníficos-. A la presencia creciente de la ambición entre los componentes del grupo, se unirá la explosión de la sexualidad reprimida al tener a su vista a la joven Mike (Anne Baxter), con la que Dawson mantendrá inicialmente una relación de hostilidad, hasta que entre ellos se manifieste una compartida atracción. Basado en una novela de W. R. Burnett –partícipe de otros célebres westerns de este periodo-, trasladado en forma de guión de la mano del experto profesional de la 20th Century Fox, Lamar Trotti, la película destaca desde el primer momento por la perfecta descripción y definición psicológica de sus personajes, y la gradación en la presencia entre ellos de esos sentimientos ya señalados –la ambición y la sexualidad reprimida-. Unos rasgos que se dan cita en esta especie de cuento moral que adquiere un cierto carácter o tono moralista o primitivo –ese protagonismo y respeto al respeto por la Biblia y el sentimiento religioso-, y en el que no se omite la repercusión que la traumática guerra de secesión norteamericana tuvo en buena parte de sus partícipes.

Pero con resultar magnífica su definición dramática, YELLOW SKY destaca prácticamente desde el primer momento por la poderosa impronta expresiva de sus imágenes. Desde su secuencia inicial, con la originalidad de la visita al saloon –imbuida de cierto matiz humorístico-, y el atraco al banco, muy pronto la película nos envuelve en una atmósfera pesadillesca con el largo y apasionante traslado por la inmensa llanura de sal –que me trae la referencia de la extraordinaria GREED (Avaricia, 1924. Erich Von Stroheim), también filmada en sus momentos cumbre en el Valle de la Muerte, y en la que se expresan detalles definitorios de los personajes, como el que sucede con la presencia repentina de un lagarto- o la llegada a esa ciudad abandonada y convertida en un auténtico paisaje fantasmal. En muchas ocasiones se ha comentado la relación de westerns como MAN OF THE WEST (El hombre del Oeste, 1958. Anthony Mann) o THE STALKING MOON (La noche de los gigantes, 1968. Robert Mulligan) con el cine fantástico. Ciertamente, creo que en pocas propuestas como la que nos ocupa se han acercado más ambas vertientes, especialmente en secuencias como las mencionadas, en todos aquellos exteriores en los que la presencia de esos parajes minerales y rocosos tiene una presencia imponente, o en ese duelo final entre los dos protagonistas y otro de los componentes de la banda en el saloon abandonado, que solo adivinaremos desde la imagen en el exterior y el ruido de los disparos. Un tenebroso marco en el que Mike se adentrará aterrada, comprobando el macabro descubrimiento de los cadáveres –uno de ellos con los ojos en blanco-, hasta descubrir que Dawson se encuentra con vida.

Western sobrio, austero, que en ocasiones parece desarrollarse en un entorno casi lunar, YELLOW SKY es uno de los títulos más valiosos del género en un periodo especialmente fértil para el mismo, y cuyas influencias incluso cabría marcar en el posterior e igualmente excelente FORTY GUNS (1957, Sam Fuller), que retoma en uno de sus planos más atrevidos y singulares –esa mirilla del rifle de Dude que encuadra a Dawson-, adelantando ambas referencias la célebre iconografía de los títulos de crédito de las películas de James Bond. Como se puede comprobar, muchas veces en el cine resulta difícil detectar donde proviene la originalidad de algunos de sus iconos visuales.

Calificación. 4

02/02/2007 02:46 thecinema #. William A. Wellman

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.comAutor: Pablo

Puedo saber, ¿porqué me has quitado el comentario?. Saludos.

Fecha: 27/02/2007 14:07.


gravatar.comAutor: Pablo

Un fenomenal western dirigido por William A. Wellman, que para mí, se adelantó en el tiempo y abrió nuevos caminos al género. Con unas interpretaciones extraordinarias, destacando a un primerizo Richard Widmark ("joer", que papel de malo hace el tio), está uno deseando de que se lo carguen de una vez, y un fenomenal Gregory Peck (que también hace de malo), pero luego se hace el "bueno", para ligarse a la bellísima Anne Baxter. Así pués, William, cuenta una historia llena de egoísmo y de codicia, con secuencias sumamente sensacionales, sobre todo el antológico duelo final (de sombrerazo). En fín, una extraordinaria película, quizá un poco olvidada, pero que señaló sín duda la cima del western moderno. Saludos.

Fecha: 21/03/2007 17:28.


gravatar.comAutor: Yanduy Cabrera

Cielo Amarillo fue la primera pelicula que fui a ver con mi padre a finales de los 50. Quisiera saber dónde podria conseguirla si fuera posible para verla con mis hijos. Mi padre opinaba que era una excelente pelicula. Salud!

Fecha: 11/01/2009 14:52.


gravatar.comAutor: santi

magnifico western , bien interpretado y mejor dirigido, lo mejor widmark haciendo de malo

Fecha: 20/01/2013 14:15.


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