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REKOPIS ZNALEZIONY W SARAGOSSIE (1965, Wojciech Has) El manuscrito encontrado en Zaragoza

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Resulta pertinente en este caso un rotundo ejercicio de humildad. Ni he frecuentado un acercamiento al cine de los países del este –especialmente en esas décadas de los cincuenta y sesenta, que favorecieron un periodo de esplendor de la misma, como por otra parte tuvo su equivalencia en el conjunto del continente europeo-, ni tampoco, dentro de –lo reitero una vez más- escaso apego a la literatura, he podido leer la novela de la que surge REKOPIS ZNALEZIONY W SARAGOSSIE (El manuscrito encontrado en Zaragoza, 1965. Wojciech Has) la película, debida a quien está considerado uno de los más singulares escritores europeos del siglo XIX; Jan Potocki. Por tanto, en ambas vertientes prefiero dejar de lado todo aparente alarde de erudición, en la medida que solo supondría trasladar otras fuentes mucho más cualificadas que la mía.

 

Por ello, mis impresiones sobre el film de Has –que sobrelleva con bastante pertinencia su condición de clásico del cine fantástico europeo-, se ciñen con humildad a su propio resultado cinematográfico, intentando trasladar una impresiones basadas en mi percepción como espectáculo cinematográfico. Es muy probable, por otra parte, que estas poco puedan aportar sobre un título sobre el que tanto y tanto se ha vertido, pero lo cierto es que, algo poco frecuente, contemplar un título de la singularidad del que comentamos, al menos me ha permitido unirme al consenso que sobre el mismo existe. Mas allá de conservar ese sentido del tempo tan propio del cine de los países del Este, e incluso que su look visual se entronque de forma clara con estos perfiles, lo cierto es que REKOPIS… posee una personalidad propia, única, subyugante, por momentos desprejuiciada, y en otros, profundamente ligada con los elementos de puesta en escena que han definido la traslación de la novela gótica al cine.

 

El film de Has, que nunca llega a hacerse moroso en una duración de casi tres horas, que siempre ha ido oscilando en función del metraje marcado en las diversas ediciones de la misma –la que comentamos procede de la restauración producida por Scorsese y Coppola, al parecer la más fidedigna con las intenciones de su realizador-, y lo primero que llama la atención en su elemento visual, es la tan extraña como logradísima ambientación española de inicios del siglo XIX que se logra –coincidiendo con la invasión de las tropas napoleónicas-. En base a una magnífica dirección artística y vestuario, se nos describe toda una sociedad en la que el regusto a la España de “charanga y pandereta” está siempre presente, pero lo hace además con un determinado sentido de la estilización, quizá en buena medida basado en el estudio y aplicación de grabados de la época –aquel fue el periodo de oro para que numerosos dibujantes se recorrieran nuestro país-, trasladando a sus dibujos la imagen de un país tan ancestral en su personalidad, como urbano en sus ciudades más destacadas. Todo ello está admirablemente reflejado en los fotogramas de esta película, sabiendo además diferenciar los marcos geográficos elegidos –por ejemplo, es sintomática la descripción que se ofrece de un Madrid, al que se define con una escenografía más depurada que otras ciudades. Este esfuerzo –uno de los elementos que imprimen una mayor personalidad al conjunto-, tiene su importante complemento en las secuencias descritas en los exteriores rocosos de Andalucía, en muchos momentos ligadas a la tradición westerniana. Rasgos que se dan de la mano con el alcance surrealista, tenebroso y decidídamente fantastique. Dentro de esta vertiente, las composiciones de sus planos en pantalla ancha se expresan con la disposición de calaveras, ahorcados, miembros de la inquisición, y toda una gama de exponentes, por momentos bizarros, en otras realmente sorprendentes y lindantes con lo maravilloso, en donde esa oportuna mezcolanza, unida a la estructura de historias a modo de cajas chinas, permite que el conjunto revista en todo momento un alcance singular, en el que la fantasía se aúne con lo siniestro con sorprendente facilidad.

 

Las secuencias de aventuras, tendrán en la película su contrapunto con momentos intimistas, y otros desarrollados en estancias llenas de libros, y cuyo alcance gótico es el acertado marco en el que se desarrollan conversaciones teñidas de reflexión, en el que una mirada racionalista es contrapuesta con la presencia de símbolos y vestiduras relacionados con la cábala; esa túnica que luce el protagonista –Alfonse Van Worden (Zbigniew Cybulski, en su último gran papel cinematográfico antes de su prematuro fallecimiento en un accidente)-. Todo un auténtico compendio de ambientaciones, temáticas y elementos visuales, que indudablemente se prestaban al exceso o el desequilibrio. Afortunadamente, esta circunstancia no tiene acto de presencia en el film. La complejidad de su estructura cinematográfica, finalmente se convierte en un elemento de base que beneficia la libertad formal de su conjunto –mas allá del grado de fidelidad con la novela, lo cierto es que esta fórmula narrativa permitía un número variable de disgresiones a través de sus historias-. No voy a negar que el interés de las mismas no es siempre homogéneo, pero es tal el grado de compenetración de los diversos elementos que componen el film –su extraordinaria ambientación, el cuidado en las composiciones visuales, la fuerza de su contrastada fotografía en blanco y negro-, que esos pequeños altibajos muy pronto se dejen de lado ante la evidencia de un producto que desde el primer momento juega –con todas las de la ley-, con la baza de su propia singularidad.

 

REKOPIS… es, por tanto, un film que ha logrado traspasar la barrera del tiempo y las fluctuaciones de las modas, logrando además incorporar en su desarrollo un siempre sutil apunte satírico, que a mi modo de ver se entronca con el injustamente olvidado TOM JONES (1963) de Tony Richardson. No hay que dejar de recordar a este respecto las semejanzas existentes entre los personajes protagonistas de las novelas que sirvieron de base a ambos films y, por supuesto, las características que definen a los dos intérpretes que los encarnaron –Albert Finney y el mencionado Cybulski-. En cualquier caso, sí que se detecta esa relativa afinidad como producto cinematográfico –no hay que olvidar la notable influencia que, planteando una ambientación más fiel y realista, ofreció el escarizado y excelente film de Richardson-.

 

Admirado por un Luis Buñuel que sin duda quedaría hechizado por el alcance fantástico de sus propuestas visuales y la vertiente surrealista de su referente literario trasladado a la pantalla, representativa muestra de una cinematografia que se aprestaba a exponentes más ambiciosos y costosos a nivel de producción –de aquel año es también FARAON de Jerzy Kawarelowicz-, lo cierto es que el film de Has conjuga con raro acierto esa vertiente íntima y oscura de sus propuestas, una puesta en escena que es la que finalmente ha hecho perdurar el mensaje del libro de Potocki y la definición que le propone ser uno de las más sorprendentes exponentes del cine fantástico europeo de los sesenta. Pero es que además, desde la mirada de un público español, no podemos más que admirar la sorprendente fidelidad al tiempo que la capacidad de estilización, con la que recrea en la pantalla un tiempo y unos modos de vida, como el de nuestro país en la época de la invasión napoleónica. Toda una lección para tantos y tantos cineastas de nuestro país –desde Juan De Orduña hasta Vicente Aranda-, que film tras film, prolongaron un estereotipo que sublimaba un elemento descriptivo que Has domina con rara perfección.

 

Calificación: 4

 

01/04/2008 06:53 thecinema #. MIS CRITICAS

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