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OCULTO (2005, Antonio Hernández)

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Nadie puede negar que un título como OCULTO (2005, Antonio Hernández) se integra dentro de ese conjunto de realizaciones de nuestro cine, caracterizadas por un acabado más elaborado, con las miras puestas a una explotación internacional. Nada de malo hay en ello, y en buena medida se agradece poder contemplar un film muy bien resuelto en esta vertiente, lo que no necesariamente se tiene que corresponder con un resultado artístico del mismo nivel. A ese respecto, me viene a la mente otro ejemplo de esas mismas características, muy valorado por la crítica, pero que a mi personalmente me dejó bastante frío. Me estoy refiriendo a INTACTO (2001) –también protagonizada por Leonardo Sbaraglia-, que en buena medida supuso un escaparte para que pocos años después Juan Carlos Fresnedillo haya realizado su incursión –al parecer con cierto éxito- en el cine norteamericano.

 

Pese a los vaivenes que pueda ofrecer su filmografía, es indudable que cabe definir a Antonio Hernández como un realizador competente, que no busca –como sucede con tantos otros en nuestro cine-, esconder su ineptitud bajo coartadas sociológicas. Ya en su interesante EN LA CIUDAD SIN LÍMTES (2002), supo explorar en los confines del thriller psicológico, ofreciendo un resultado digno de ser resaltado aplicando una serie de cualidades que en esta ocasión se han intentado trasladar de nuevo. El buceo en los recovecos de la memoria, el retrato de unos personajes aparentemente inconexos pero unidos entre sí en sus trayectorias del pasado, o el intimismo de sus principales personajes, son elementos que ha transportado de nuevo en su cine, a través de esta extraña OCULTO, en la que un aparente encuentro –envuelto además dentro de una extraña atmósfera relacionada con el mundo de los sueños-, desemboca en un relato en el que dos mujeres aparentemente contrapuestas –Beatríz (Laia Marull) y Natalia (Angie Cepeda)-, se unirán en torno a la figura del joven, atractivo y exitoso Alex (Leonardo Sbaraglia), editor de una publicación en la red. Una relación que aparecerá unida entre lo misterioso y lo metafísico, pero que en realidad obedecerá a unas razones bien concretas de las que se aprovechará con ventaja uno de los vértices de este triángulo.

 

A partir de la certera definición de sus personajes, lo cierto es que en todo momento la cámara de Hernández logra urdir los mimbres de un extraño suspense dominado por una inquietante aura. Un marco vital aparentemente dominado por un entorno pudiente, moderno y lujoso, pero que es retratado de manera que parezca incluso en ocasiones producto de una pesadilla onírica. En dicho contexto pronto advertiremos la plasmación de una serie de sueños con mensajes que sufre en diversas ocasiones Natalia, una joven colombiana que pronto traba una relación con el seductor Alex. Pero en este encuentro se introduce la tímida y recatada Beatriz, externamente unida a Natalia en la presencia de un tatuaje con signos que esta había expresado y que se le formulaban en sus sueños. Muy pronto, OCULTO va mostrando la realidad de la situación, al comprobar que Beatriz no juega limpio en su comportamiento, y en el fondo desea llegar hasta Alex, quizá para exhibir con ello el grado de venganza que mantiene latente en su personalidad, ya que en el pasado Natalia le quitó a ella el hombre que amaba –esta última desconoce que Beatriz estuvo previamente unida con el que posteriormente sería su esposo-.

 

Pero con ser importante este elemento, lo cierto que las mejores virtudes de la función, provienen del perfecto acabado con que está resuelta la película, en la que destaca el dominio de una planificación siempre elegante en formato panorámico, y la aplicación de un aura de misterio, dosificada con acierto a lo largo de sus secuencias, y en las que, personalmente, creo que algunas escenificaciones de pesadillas, están expresadas de forma demasiado facilona, lindando en ocasiones con el thriller más ramplón. Del mismo modo, hay que señalar que el guión de base no tiene ni de lejos la solidez del que presidió el resultado en LA CIUDAD SIN LÍMITES. Con sinceridad, pienso que con unos veinte minutos menos, dejando de lado algunos elementos de conjunto que no aportan nada a la historia, su conjunto hubiera logrado un interés francamente notable. En su actual configuración, su resultado deviene correcto, pero en pocos instantes realmente apasionante. Y justo es reconocer, en este sentido, la intensa labor desarrollada tanto por Leonardo Sbaraglia como Angie Cepeda, mientras que por otra parte Laia Marull se me antoja demasiado encorsetada dentro del perfil que le han adjudicado.

 

En la conjunción de una acertada atmósfera durante casi todo su metraje, la compenetración de sus intérpretes, y un planteamiento en definitiva no demasiado original pero en ciertos momentos atractivo, se desarrolla una cinta que en líneas generales suele mantener su interés, pero que finalmente decepciona por la introducción de un flash-back que, entre otras cosas, logra romper el aura hasta entonces lograda con mayor o menor acierto. En cualquier caso, y pese a esas limitaciones puntuales –aunque de incidencia más profunda de lo deseable-, lo cierto es que nos encontramos con un producto todo lo insuficiente que se quiera, pero que al menos demuestra una capacidad técnica y una serie de valores artísticos fuera de toda duda.

 

Calificación: 2

12/04/2008 17:04 thecinema #. MIS CRITICAS

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