Facebook Twitter Google +1     Admin

PURSUIT TO ALGIERS (1945, Roy William Neill) Persecución en Argel

20100216170554-pursuit-to-algiers.jpg

Que el ciclo de títulos sobre el personaje de Sherlock Holmes, auspiciado por la Universal y en casi todos sus exponentes realizado por Roy William Neill se encontraba en 1945 ya desgastado y casi a punto de culminar, es una realidad. Pero aún reconociendo esa circunstancia negativa de desgaste dentro de un ciclo en su conjunto bastante estimulante, creo que conviene ser objetivos y valorar en su justa medida las cualidades –insertas de manera más intermitente, eso sí, que en otros títulos previos de este amplio ciclo- que ofrece este tan discreto como simpático PURSUIT TO ALGIERS (Persecución en Argel, 1945. Roy William Neill), que supone una de las ocasiones en las que los personajes surgidos de la pluma de Sir Arthur Conan Doyle asumieron aventuras en un contexto contemporáneo –para ello contarían con la tarea como guionista de Leornard Lee-. Ello no impedirá, por fortuna, que la película tenga un atractivo inicio destacado por la espesura de una atmósfera nocturna londinense, donde una serie de personajes que pululan en el entorno de la pareja protagonista aparecen como un cúmulo de extraños augurios. En medio de esa situación, Holmes descubrirá que una representante de la aristocracia inglesa ha sufrido el robo de sus esmeraldas, aunque ello no suponga un motivo suficiente como para desterrar la intención de ambos de vivir unas merecidas vacaciones en Escocia. Sin embargo, si lo será la extraña cita que ambos recibirán para acudir a una reunión convocada por un grupo de autoridades, encargándoles la protección de un joven heredero al trono cuyo padre ha sido asesinado, aunque exteriormente hayan comunicado la noticia de su muerte argumentando accidente. La situación se torna de gran tensión en un país en el que facciones disidentes desean derrocar el régimen hasta ahora vigente, aspecto por el cual el hecho de la presencia del heredero y su acceso al poder se antoja poco menos que indispensable. Holmes aceptará la petición –no sin ciertas reticencias por parte de Watson-, diseñando un plan que logre esquivar las intenciones del grupo opositor que desea el asesinato del heredero, simulando un vuelo con el joven al tiempo que designando a su fiel ayudante a un crucero para encontrarse ambos en Argelia. Todo supone, una vez más, una estrategia del detective para lograr despistar a los perseguidores, dejando entrever un accidente de la avioneta, aunque posteriormente encontrándose junto al joven monarca en el buque junto a Watson. Allí –un poco a la manera de las ficciones creadas por Ágata Christie-, se describirá una sospechosa galería de pasajeros, entre los cuales nuestros protagonistas tendrán que deambular hasta ir cerrando el círculo de sospechosos.

 

Ante lo señalaba, lo mejor de PURSUIT... estriba en su fragmento inicial. Combinando esa magnífica destreza de Neill para la creación atmósferas de misterio ambientadas en un contexto nocturno y neblinoso, logra introducir al espectador en un contexto de intriga que, justo es reconocerlo, se disipa en sus proporciones según la intriga va haciéndose más formal, también más rutinaria y previsible y, lo que es más importante, esta adquiere unos tintes más contemporáneos. Será algo que se percibirá una vez la acción se traslada al crucero –marco que ya no abandonará la función-, aunque tampoco sería justo decir que el moderado atractivo de la película se pierda por completo. El realizador sabe articular los mimbres de la intriga, bien sea a través de su dominio del espacio escénico, con el sincretismo que predomina en un relato de poco más de una hora de duración, bien sea mostrando una elegancia en el encuadre o, por último, introduciendo elementos de puesta en escena que enriquecen y potencian el desarrollo de la función. Entre ellos, no se puede omitir el impacto que tiene la manera con la que Neill describe el impacto emocional que Watson recibe al leer en la prensa la noticia del accidente aéreo que anunciaba la muerte de Holmes –lo encuadra con un “ojo de buey” con fondo del mar, abriendo una puerta en la que se vislumbra la grandiosidad del mar, una metáfora sobre la eternidad, por la que se introduce el abatido ayudante-, o ese otro posterior que describirá –también utilizando otro “ojo de buey”, la destreza de ese extraño Mirko (Martín Koslech) con el manejo del duchillo. Son instantes y matices –como aquel que marca una amenaza nocturna contra el heredero en un nocturno encuentro con una joven con la que traba relación, cuando se dispone a recuperar un objeto que se le ha caído a esta-, que en realidad obedecen al abanico de pistas falsas que se desgranan en una función que, cada vez más, se aleja del auténtico espíritu de Conan Doyle, y por el contrario se acercan a un contexto de giros más o menos artificiosos y eficaces, pero en realidad lejanos de lo que hasta entonces había comportado su expresión cinematográfica.

 

De alguna manera, estas situaciones se solventan con cierto sentido del humor –algo que se manifiesta especialmente en esos pasajeros sospechosos de los que posteriormente conoceremos su extravagante profesión-, pero preciso es reconocer que el trazado de personajes y lo arbitrario de sus comportamientos en más de una ocasión dejan un poco que desear, máxime cuando el espectador va advirtiendo la facilidad con la que los conspiradores comparten el crucero con sus supuestas víctimas, sin que estas hagan nada por evitarlo. Se trata de un reproche que podríamos extender hacia la joven cantante que porta en todo momento un maletín y que, de forma casi incomprensible, quedará relacionada con el robo de esmeraldas citado al inicio del film o, en fin, el abandono de presunto sobrino de Watson –Nicholas Watson (Leslie Vincent)-, una vez queda inutilizada su condición de presunto heredero, y tras contemplarse en la pantalla una posible relación con la joven cantante antes citada. Son, sin duda, limitaciones u omisiones, que parten de la cortedad de miras de una película realizada con claridad como complemento de programas dobles aunque, por supuesto, no nos prive de pasar un rato entretenido. Cierto es que las traslaciones cinematográficas de Holmes y Watson daban ciertas señales de agotamiento pero, dentro de sus discreción, todavía demostraban ser eficaces e incluso, en algunos momentos, impregnadas del talento y la inventiva de su notable realizador.

 

Calificación: 2

16/02/2010 17:05 thecinema #. Roy William Neill

Comentarios » Ir a formulario

thecinema

No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.





Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris