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TRES METROS SOBRE EL CIELO (2010, Fernando González Molina)

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Adaptando una novela del italiano Fernando Moccia –que ya fue llevada al cine en 2004-, rompiendo la taquilla del cine patrio en 2010, y consagrando a Mario Casas como ídolo de quinceañeras y voyeurs de torsos serranos, lo cierto es que TRES METROS SOBRE EL CIELO (2010, Fernando González Molina) ya ha generado secuela y todo –que dudo mucho pierda el tiempo en contemplarla-, lo que de entrada nos delata el enorme éxito comercial que logró en el momento de su estreno. La película tiene un inicio en cierto modo prometedor, mostrando el protagonista del remato –Hugo (Mario Casas)-, dispuesto en un juicio que está a punto de llevarle a la cárcel. Sin embargo, contra todo pronóstico, una fianza le salvará de la misma, saliendo tan pimpante del palacio de justicia y cambiándose su chaqueta por su chupa de cuero, huyendo con su moto a todo meter, cual James Dean hispano del siglo XXI. Lástima de esa voz en off propia que nos ha intentado adentrar la psicología de un joven rebelde, al que el pasado con una madre de turbio pasado quizá ha configurado como alguien al margen del sistema. Sin embargo ¿Qué es estar al margen del mismo? ¿Vivir juergas sin límite? ¿Vacilar de pectorales a la menor ocasión? ¿Deambular con la moto casi como único asidero existencial? Esas son las opciones que parece proponer esta mediocre producción española, dominada en sus secuencias corales –las carreras de motos y juergas juveniles- por un montaje atropellado y molestísimo, en el que el diseño de sus personajes juveniles aparece poco menos que lamentable –incluso un actor tan estupendo como Álvaro Cervantes deviene sobreactuado en su rol de Pollo, el mejor amigo del protagonista- y en donde se introduce un elemento melodramático en el progresivo romance que se producirá entre nuestro musculoso protagonista y la joven Babi (María Valverde), una muchacha de buena familia, con un padre y hermana comprensiva pero, por el contrario, una madre autoritaria que domina el conjunto de la familia. Pese al rechazo de la muchacha, poco a poco se establecerá una química entre ella y Hugo, que cristalizará en una intensa relación amorosa entre ambos, aunque para la muchacha le cueste romper con un círculo habitual dominado por las comodidades. En definitiva, será la introducción de un lado muy cercano al del inefable WILLIAMS SHAKESPEARE’S ROMEO AND JULIET (Romeo + Julieta de William Shakespeare, 1996) perpetrado en su momento por Baz Luhrrman, en el que no faltarán ralentis, aunque también se introduzcan aspectos visuales dotados de un cierto lirismo, como el vuelo de esa cometa roja surcando el cielo azul mientras los dos amantes se encuentran junto a la playa disfrutando de su amor.

Sin embargo, lo que algunos han denominado un GREASE a la española –lo cual en realidad no es tampoco mucho decir-, poco a poco deviene en una desafortunada mezcolanza de subgéneros juveniles carente de armonización, despojado de la menor hondura –cierto es que las reflexiones finales, también en off del protagonista, pese a la mala vocalización de Casas, dan la medida de lo que podría haber ofrecido el film de haberse tomado con un mínimo grado de seriedad-, previsible, e incluso ridículo en algunas de sus escenas más supuestamente intensas. Véase sino, el montaje paralelo de la secuencia de la fiesta a la que acude Hugo como novio formal de Babi –pese a haber tenido con ella uno de sus múltiples encontronazos-, mientras se disoputa una carrera de motos en la que Pollo intentará suplantar a este –que le ha regalado su chupa de cuero, en prueba de amistad y de renuncia a su condición de “chico malo” que hasta entonces ostentaba-. Todo ello, estará aderezado de una constante exhibición de gestitos por parte de un Casas incapaz de mostrar más expresividad que la que describe su musculado cuerpo –en algunas secuencias incluso, aparece el mismo aceitado-. Más entonada encontramos a Maria Valverde, por más que se le hayan reconocido previamente trabajos mejores

En realidad, y antes de ver la película ¿Me esperaba encontrar con algo mejor? Lo cierto es que sí, cuando en el seno de nuestro propio cine, títulos como LO CONTRARIO AL AMOR (2011, Vicente Villanueva) han sabido adentrarse en las entrañas de las nuevas corrientes de relación amorosa, la caducidad que muestra esta mediocre, previsible y, en el fondo, consumista, TRES METROS SOBRE EL CIELO, no es más que la prueba más evidente de que, también en España, hay un determinado tipo de producciones -en las que tienen cabida muchos jóvenes rostros televisivos-, para un público teen. Todo ello es disculpable en la medida de alentar la industria de nuestro país, atrayendo a públicos juveniles, siquiera sea a costa de tener que hacerlo con exponentes como este o, algunos incluso mucho peor.

Calificación: 1

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