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MATCH POINT (2005, Woody Allen) Match Point

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En pocas ocasiones dentro del cine de los últimos años, es posible contemplar como una película es recibida desde el momento de su estreno de manera casi aclamatoria –la unanimidad nunca existe-. Ejemplos de ellos lo podrían proporcionar las ya un tanto lejanas MAGNOLIA (1999, Paul Thomas Anderson), MILLON DOLAR BABY (2004), CHANGELING (El intercambio) y GRAN TORINO, ambas rodadas por Clint Eastwood en 2008. Pero pese a tener un considerable séquito de admiradores que quieren ratificar en cada película suya una nueva obra maestra, y se vuelven locos por verlo tocar el clarinete –y España es uno de los países que más fans del cineasta atesora-, no es menos cierto que la consideración general de su cine es muy variable, no faltando quienes apelan a la –por otro lado lógica- irregularidad de su obra, el hecho de ser un realizador mucho más limitado de lo que se le suele reconocer. A depender demasiado de ideas ingeniosas en unos guiones que se suelen deshinchar o, a recurrir a demasiados lugares comunes, tics y estereotipos de intelectual newyorkino. Nunca he negado que me encuentro en ese segundo apartado, sin dejar de reconocer en Allen a un interesante hombre de cine cuyas películas albergan siempre un mínimo de personalidad, por más que sus resultados fílmicos no resulten siempre especialmente significativos –algo que su propio artífice suele reconocer por otra parte en sus declaraciones, realizadas presumo que con bastante sinceridad-.

Es por todo ello, por lo que quizá tenga más valor mi apreciación de las excelencias de MATCH POINT (2005), que no solo me parece una de las mejores películas de los últimos años –una apreciación bastante extendida-, sino quizá una de las tres grandes obras de de su artífice. Tan solo la situaría por debajo de MANHATTAN (1979) –para mi gusto la cumbre de su obra, y a la altura de CRIMES AND MISDEMEANORS (Delitos y faltas, 1989), con la que es de sobra conocido comparte importantes elementos temáticos.  Pese a resultar un título aún relativamente reciente, no se puede negar que de MATCH POINT se han escrito ríos de tinta. Es lógico y estimulante que así suceda, ya que su desarrollo y resultados predisponen a ello, aunque bien es cierto que en dichas disertaciones se tiendan más a valorar sus elementos extra cinematográficos –su background cultural, uno de los puntos fuertes generados por la mitomanía alleniana-, que en sus estrictas virtudes como sorprendente expresión de la trayectoria de su realizador. A todo ello, resulta obligado señalar un aspecto consolidado desde que firmara esta película; la presencia de rodajes en diferentes ciudades europeas, que en esta ocasión iniciara una trilogía en Londres, prolongándose en Barcelona, París o Roma. A esta alternancia de rincones más o menos míticos del continente europeo, puede hablarse de una mayor homogeneidad en el devenir de sus rodajes anuales –tan solo me sorprendió desagradablemente la inocua SCOOP (2006) y la superficialidad de VICKY CRISTINA BARCELONA (2008)- ¿Señales de una madurez estilística? Quien sabe. En cualquier caso, bienvenida fuera en su momento esta excelente película, en la que Woody Allen se muestra dramático como en pocas ocasiones de su obra, pero sin duda adoptando ese tono grave con mayor coherencia, densidad, un nihilismo revestido de subversiva ironía sobre la condición humana, y un profundo conocimiento y sensibilidad impuesto como manto en torno a sus personajes.

Vaya por delante la única elección de Allen que no me interesa especialmente de MATCH POINT. Esta es su excesiva y a mi juicio redundante selección de arias de ópera envolviendo sus imágenes. Cierto es que las mismas determinan con maestría el progreso de la acción criminal del protagonista, y en algunos otros llegan a resultar pertinentes. Sin embargo, considero que en su mayor parte no enriquecen nada el conjunto –admito que es una opinión muy personal, procedente de un no seguidor de esta vertiente musical-. Sin embargo, más allá de este anecdótico detalle, creo que las virtudes que emanan de la película de Allen, provienen de la base de un guión espléndido y sin fisuras, la combinación de un equipo artístico y técnico magnífico, y el aplastante rigor de la puesta en escena de un director que sin renegar de las obsesiones e inquietudes de su trayectoria precedente –sería ilógico que así fuera-, ha sabido sedimentarlas en una labor de realización en la que cada plano, cada movimiento de cámara y cada inflexión en su argumento, tienen una lógica en un conjunto que sin duda se ofrece como el de mayor lucidez de cuantos ha conformado el cine de su autor.

En esta ocasión, las referencias culturales –“Crimen y castigo” y Dostovieswki- resultan inapelables, las inquietudes existenciales devienen adecuadas en el pensamiento del protagonista –esa creencia en el azar que define nuestra propia existencia-, la presencia de diálogos siempre resulta interesantísima y nunca parecen parrafadas de intelectual pedante. Con rara perfección, la cámara del ya veterano director alcanza una sensación de veracidad en las confesiones y diálogos de Chris (Jonathan Rhys Meyers) con Nora, con el viejo compañero de correrías tenísticas… Como en pocas ocasiones en la trayectoria del director newyorkino –al menos en la globalidad de un producto-, alcanza tal grado de precisión en la descripción de unos personajes, de los que sin alzar la voz logra una sinceridad incluso de la propia hipocresía de sus comportamientos.

De todos es conocido el recorrido argumental de MATCH POINT, como antes señalaba abierto por vez primera a los exteriores del Londres contemporáneo –y del que demuestra una enorme precisión en sus comportamientos sociales-, en cuyo seno se describe la trayectoria de un joven irlandés caracterizado por su atractivo y sensibilidad, que en poco tiempo ascenderá de monitor de tenis a emprendedor ejecutivo, gracias a la relación que mantendrá con Chloe (Emily Mortimer), con la que muy pronto se casará. Pero en esta perfecta ecuación de materialismo solo existirá un inconveniente; la irrefrenable pasión que unirá a Chris con Nola (Scarlet Johansson). Una pasión que podrá con su propia voluntad, pero que en un momento dado tendrá que interrumpir violentamente, al comprobar que esta se puede convertir en un inconveniente para el estatus que ha adquirido.

Con un planteamiento desarrollado con el tiralíneas de la inspiración, Allen despliega el retrato de un arribista –retomado de los ejemplos cinematográficos y previamente literarios de A PLACE IN THE SUN (Un lugar en el sol, 1951. George Stevens) y ROOM AT THE TOP (Un lugar en la cumbre, 1959. Jack Clayton), a los que supera sobradamente en sus resultados cinematográficos-, que no solo por su encanto personal y físico logra introducirse en un entorno social que le es ajeno. Al mismo tiempo logra mantener las simpatías del espectador, incluso en las evoluciones más censurables de su comportamiento, trasladándonos en su tercio final una sensación de incomodidad al identificarnos con alguien caracterizado por un comportamiento detestable. Ni que decir tiene que en el logro de esa difícil dualidad, tiene su base en la elección y la performance de un eminente Jonathan Rhys Meyers, ratificando sus cualidades como uno de los mejores actores británicos de su generación, y en el que sigue siendo el mejor rol de una carrera nada desdeñable. El recorrido propuesto de su Chris está perfectamente definido a partir de esa sensibilidad inicial, trasladándolo a la pesadumbre final que acompañará el paradójico triunfo de sus calculadas intenciones.

Como quiera que de MATCH POINT se ha dicho ya casi todo, valgan algunas impresiones personales entorno a sus múltiples sugerencias, una de las cuales es la sugerente continuidad que plantea con la inmediata obra de su autor, la magnífica aunque ligeramente inferior CASSANDRA’S DREAM (El sueño de Casandra, 2007)

* La capacidad de observación que se plasma de la sociedad inglesa, y se extiende a elementos tan definitorios como la importancia en la dicción como referente de clases –espléndido el acento del americano Brian Cox-, o fenómenos recientes como la inmigración: el interés del vecino negro por querer aparecer como ejemplar y colaborador, y que solo recibe indiferencia por parte de los agentes del orden.

* El acierto en la utilización de Scarlett Johansson que, partiendo del falso talento, la falsa belleza y la artificial sofisticación de este bluff cinematográfico, convierte un personaje convencionalmente “atractivo” en el prototipo de la vulgaridad. Cierto es que en algunas escenas “a dos” con Rhys Meyers, Allen extrae de ella destellos de buen actriz.

* El sorprendente giro final que, por un lado demuestra y recoge el plano inicial del film –esa pelota de tenis que choca con la parrilla- y descoloca a un espectador que confía en el descubrimiento de la verdad. Tal conclusión en absoluto resulta gratuita. Por un lado, su desarrollo dramático adquiere una suprema carga subversiva, apela a la ironía al introducir la teoría del azar y la ausencia del destino del ser humano –el inspector de policía que en el momento preciso en que Chris apela a un sentido de la justicia, descubre entre sueños las motivaciones del doble crimen- y finalmente, su conclusión absolutamente demoledora; el joven en teoría ha triunfado en la vida, pero en el interior de su existencia siempre estará presente el tormento de errónea conducta.

En definitiva, todo un prodigio de sutilezas que podríamos extender a fragmentos de gran intensidad, como las secuencias que rodean el doble crimen cometido por el protagonista, o la sutil variación visual al filmar de modo “nervioso” los instantes que describen las primeras pesquisas policiales relativas a dichos asesinatos.

¿Es posible que la personalidad sugerida por Londres condicionara de modo positivo el devenir cualitativo del cine de Allen? CASSANDRA’S DREAM –una clara continuación de la esencia del título que nos ocupa, podría aseverar tal enunciado, pero la discreta SCOOP lo desmentiría. Puede, eso si, que esa tendencia iniciada con MATCH POINT –que debemos definitivamente considerar uno de los grandes títulos de la primera década del siglo XXI-, haya permitido en sus obras digamos “turísticas”, aflorar unas mayores cotas de homogeneidad, al margen de mostrar en ellas su fascinación y, para que negarlo, lograr en dichas elecciones geográficas, sustanciosas subvenciones oficiales. Nada de ello se puede objetar, cuando los resultados provienen en títulos de la envergadura del que comentamos, una obra tan desasosegadora como fascinante, que se adentrará con bisturí en los recovecos de esa maldad consustancial al ser humano.

Calificación: 4

08/07/2013 01:53 thecinema #. Woody Allen

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gravatar.comAutor: westerner

Sin duda la obra maestra de Woody Allen.Junto a CASSANDRA DREAM conforma un díptico de gran calidad que se aleja para bien de las constantes del autor. Allen se dedica a contar historias en la tradición del cine clásico americano y no a divagar sobre los problemas de pareja de sus personajes o sobre sus fobias y dilemas existenciales aderezándolo con pedantes referencias culturales fuera de lugar.

Fecha: 27/07/2013 00:30.


gravatar.comAutor: pepe

Sin duda , la mejor pelicula de W.Allen en lo que llevamos de siglo. Absolutamente magistral.

Fecha: 12/07/2016 20:38.


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