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SHOWDOWN AT ABILENE (1956, Charles F. Haas)

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Autor de apenas ocho títulos en la década de los cincuenta, y desarrollando la mayor parte de su andadura como realizador en el medio televisivo, se puede decir que Charles H. Haas fue uno de los directores más extraños de su tiempo, artífice de algunas de las películas más inclasificables, e incluso extravagantes, del cine norteamericano de la década de los cincuenta. Como si se diera en la mano en sus extrañas películas la indigencia de Ed Wood, con la notable inventiva de Edgar G. Ulmer, contemplar SHOWDOWN AT ABILENE (1956), quizá nos incline a pensar que nos encontramos ante su título más notable, aunque en su corta obra aparezca algún western más, que las crónicas señalan mantiene semejanzas con el que centra estas líneas. Y que al mismo tiempo cabe insertar, dentro de la curiosa implicación que el ex especialista Jock Mahoney brindó al género, hasta el punto que son varias las aportaciones llenas de singularidad que protagonizó –dirigidas por el reivindicable Richard Bartlett, o el más conocido George Sherman-. Serían todas ellas, suficiente motivo para proporcionarle un pequeño lugar en la andadura del cine del Oeste durante la segunda mitad de los cincuenta, encarnando en todas sus películas el modelo de un jinete de lacónica y enérgica presencia, en cuya personalidad anida el eco de un pasado en ocasiones tormentoso.

Punto por punto es lo que sucede en el film de Haas, que se inicia contemplando la llegada entre una pradera. Se trata de Jim Trask (Mahoney), que retorna hasta Abilene, en Kansas, tras haber concluido la guerra civil norteamericana, en la que combatió con los rebeldes. Han pasado cuatro años, y muy pronto descubriremos que encubre un ámbito tormentoso en su interior. En el camino se encontrará con el joven Chip Tomlin (Grant Williams, en uno de sus primeros roles cinematográficos, un año antes de encarnar al “hombre menguante” por el que pasará a la historia del cine). Tomlin también retorna a su granja, vistiendo el uniforme de la Unión. Muy pronto, en el cambio de impresiones entre ambos, descubriremos que Jim fue el sheriff de la población, y que en la misma se le ha dado por muerto, algo que se produjo con el amigo que le acompañaba. Desde el primer momento percibiremos la capacidad de concisión que alberga esta atractiva serie B, que se eleva del amplio conjunto de producción en el género producida por la Universal en aquellos años. Si algo destaca en SHOWDOWN AT ABILENE, es la capacidad de Haas para imbricarse en la entraña dramática del relato, proporcionando a su conjunto una extraña densidad, y un considerable sentido del ritmo, unido a la capacidad de descripción de sus personajes, hasta el punto de permitir ligar la estructura dramática de la misma como una nada desdeñable fábula sociopolítica, en la que no resultaría complejo extraer concomitancia en torno a la incidencia del maccarthysmo, tal y como por otra parte aparecería en otros valiosos exponentes del género.

Lo cierto es que el retorno de Jet supondrá un revulsivo para una población que creía se encontraba muerto. Y lo será de manera especial para Dave Mosely (el siempre ambivalente Lyle Bettger), a quien muy pronto veremos esconder el retrato de una mujer cuando se le anuncia la llagada del antiguo sheriff. Haas acierta al trasmitir esa soterrada tensión que permanece latente en el primer contacto entre ambos amigos, aunque en apariencia este aparezca amable. Pronto sabremos que el amigo fallecido en la guerra era el hermano de Dave, y aparecerá la amputación de la mano derecha de este, que se ha convertido en próspero negociante en el ámbito de la ganadería. La población aparece descrita desde el primer momento con unas crecientes tensiones, actuando como marshall el matón Dan Claudius (magnifico Ted de Corsia), perfecta definición de una mentalidad violenta de primitivo fascismo, inserta en el ámbito del Oeste americano. Los enfrentamientos entre ganaderos y agricultores serán moneda corriente, descubriendo el espectador que el mando de la situación lo asume Dave –la secuencia en la que sutilmente con un gesto conmina a Dan a que no responsa a Jim, cuando este ha defendido al joven Chip de un ataque en la población.

Con una enorme capacidad para la síntesis, Haas sabe articular por medio de los elementos más simples, la evolución de la creciente tensión marcada en la población, en la que finalmente Mosely recurrirá a Trask. Un detalle para entender la agudeza de la puesta en escena del realizador; la repentina mostración del brazo derecho amputado de este, que al margen de aparecer como un extraño revulsivo, servirá para justificar la aceptación final de este en el cargo; diez años atrás, cuando ambos eran jóvenes, Jim fue el responsable del accidente que le costó a este el brazo –nunca se relatará como sucedió este en realidad-. Sin embargo, y pese a la aparente normalidad que supondrá el retorno al mando de la ley, dos serán los elementos que centrarán la tensión acumulada en el relato. Por un lado, descubrir que Peggy (Martha Hyer), su antigua prometida, se encuentra a punto de casarse con Dave, tras largo tiempo asumiendo que este había muerto. De otro, la renuencia hacia quien se consideró el pistolero más rápido de los contornos, a empuñar un arma. Y precisamente en ese primer ámbito se insertará la mejor secuencia de la película, cuando Jim conozca la realidad de esa cercana boda, e incluso se encuentre con Peggy, mientras se estaba probando un traje. El pasaje revela el instinto visual del realizador –algo que no se le ha reconocido en las escasas críticas que he leído de la película-, al insertar entre los antiguos amantes, un espejo que reflejará la mirada inquieta y reveladora de Dave, captando el fuego que se refleja entre esos dos seres que años atrás estaban destinados a unirse en sus vidas.

Pero no será esa, la única ocasión en la que podremos percibir la implicación de Haas a la hora de elevar su relato, por encima de la sólida evolución marcada en su creciente densidad. Son pasajes como el fundido que se sobrepone a la afirmación de Dave ante su prometida, señalando que nada los separaría, y en el que contemplaremos a Jim durmiendo y sufriendo una de las pesadillas que le atormentan. O al sadismo que presidirá el episodio en el que los esbirros de Claudius, aprovechando una situación accidental de Chip, lo que permitirá a este azotarlo con saña hasta dejarlo desfallecido –planificando la violenta acción de manera concisa y percutante-. O, por supuesto, el climax del relato, cuando Jim se juegue prácticamente su existencia, exorcizando ese hecho que marcaría su vivencia en la guerra, por medio de una planificación cortante y precisa, al describir como contra todo pronóstico pueda imponerse al matón que le precediera en el cargo.

Capaz durante todo su metraje no solo de mantener, sino ante todo de lograr una creciente temperatura dramática, dotada de jugosos roles secundarios como el irónico ayudante que interpretará un joven David Jansen, y capaz de instantes intimistas tan dolorosos, como la confesión del joven Chip, traspasado de dolor y cicatrices en la cama, transmitiendo a Jim la necesidad de la violencia para mantener la paz, lo cierto es que SHOWDOWN AT ABILENE es una más de las muchas delicatessen que la producción de bajo presupuesto del western en la segunda mitad de los cincuenta, legaron a la posteridad para aficionados y estudiosos del género.

Calificación: 3

10/11/2016 14:35 thecinema #. Charles F. Haas

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gravatar.comAutor: Enrique

La única película que he visto de este director ha sido "Star in the Dust", que también es del año 1956 y se trata de un título muy recomendable. Intentaré ahora conseguir este "Showdown at Abilene".

Fecha: 13/11/2016 10:18.


gravatar.comAutor: Juan Carlos Vizcaíno

Hola Enrique. También he visto el western que citas, que coincido contigo en que está muy bien. Va a ser la siguiente película elegida para ser insertada en el blog. Un saludo y gracias por seguir este espacio.

Fecha: 18/11/2016 01:54.


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