TOUGH ENOUGH (1983, Richard Fleischer) El hombre más duro

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Viendo –y saboreando- los pequeños pero constantes placeres, que brinda la casi desconocida TOUGH ENOUGH (El hombre más duro, 1983. Richard Fleischer), venían a mi mente ciertas consideraciones. Recuerdo cuando la película se estrenó en nuestro país casi de tapadillo. Apenas provocó una mirada condescendiente en la critica del momento, máxime cuando entonces el nombre de Fleischer ya no cotizaba, reconociendo de antemano que en los últimos años había ofrecido algunos de los exponentes más olvidables de su notable filmografía. Sin embargo, no dejaba de suponer otra muestra, entre melancólica y crítica, de la tendencia que tuvieron aquellos cineastas de la denominada “Generación de la violencia”, a la hora de ofrecer películas casi seminales, caracterizadas por un ropaje externo que bien podía parecer una evolución de la ya fagocitada serie B, cercanas a géneros tradicionales, pero ofreciendo en ellas una mirada entre lo evocador y lo crítico. Dentro de dichas coordenadas, aparecieron productos nunca desprovistos de interés, firmados por cineastas como Don Siegel, Robert Aldrich, Richard Brooks o el propio Fleischer, que en esta película quizá buscó reivindicar sus orígenes como cineasta, filmando la película como en los primeros pasos de su carrera –Richard O. Fleischer-. Así puyes, y como tantos títulos enmarcados en aquel contexto de producción, TOUGH ENOUGH aparece como un relato de tintes casi televisivos. Con estrellas apenas conocidas o emergentes –Dennis Quaid-, otros en sus últimas apariciones –el veterano Warrren Oates, en su última película antes de fallecer-, y tomando como base un guión de John Leone, Fleischer asume un relato sencillo, siempre en voz baja, que por fortuna se aparta del tono épico del a mi juicio olvidable ROCKY (Rocky, 1976. John G. Avildsen), insertándose por el contrario en la otra cara del sueño americano, y haciéndolo además insertando en todo momento una huída por elementos distanciadores, que obvian las convenciones que se rozan, pero por fortuna, soslayan sus apariencias.

TOUGH ENOUGH narra la dura situación que vive el joven Art Long (Quaid), casado y padre pese a su juventud, y condenado a tener que subsistir en un trabajo que no le llena, dejando su pasión por la música country como una simple afición. Long es la viva imagen de la frustración personal, teniendo que asumir un destino que, como en tantas otras personas, no es el que ha buscado, representando quizá en esa música, su huída de las convenciones que marca una sociedad consumista, en la que se siente como un auténtico extraño. Fleischer describe con presteza ese marco existencial, en el que se dinamitando las convenciónes del American Way of Life en muy pocos minutos. No se trata de la búsqueda de estabilidad lo que intenta Art –sí su mujer, Caroline, empeñada en la seguridad que permite el abrazo de lo convencional-. En esa desesperación, el protagonista encontrará una inusual salida, en su participación en el concurso denominado Tough Enough, por el que podrá poner a prueba su facilidad peleando –algo que ya hemos percibido en la secuencia inicial de la película, noqueando a unos molestos espectadores que han querido sabotear su actuación en una taberna-, obteniendo cinco mil dólares de premio. Lo logrará, no sin antes tener que superar varias peleas a tres asaltos con diferentes contendientes, alcanzando el título de “Hombre más duro” de Fort Worth, en Texas. Logrará el premio y, de la noche a la mañana, aparecerá para él la oportunidad de encontrar un sentido a su vida, aunque ello sea prolongando de modo más profesional ese triunfo, que en un grado superior le permitiría alcanzar su sueño; consolidarse como cantante.

TOUGH ENOUGH describirá ese proceso, pero lo hará con tanta humildad como alcance subversivo. Lo que podía haber desembocado en un relato moralista, dominado por el alcance propio de las apologías a la era Reagan” entonces totalmente en vigencia, en manos de Fleischer aparece como una visión aguda y distanciada, que sabe evadirse con facilidad de dichos corsés, para establecerse casi como una dinamización de los tópicos inherentes a este tipo de cine. Por momentos, parece que estemos asistiendo a una actualización de aquellos títulos que la Warner produjo en la segunda mitad de los años treinta, insertos en el mundo del boxeo, donde jóvenes deseaban aquilatar un futuro estable. Sin embargo, en buena medida Fleischer acierta al dar la vuelta a dichos parámetros, sobre todo insertando en sus imágenes una mirada irónica y disolvente. Es algo que apreciaremos en secuencias tan ingeniosas, como la que plasma la llegada de Art con los cinco mil dólares del premio, tirando los biletes por las distintas habitaciones de la casa, casi como irónica venganza a la desconfianza que hasta entonces le ha ofrecido su mujer. Aparece también en el divertido montaje que se establece entre los diferentes combates que vivirá esa fase eliminatoria, con una divertida mezcolanza de participantes, estableciendo todo ello una mirada distanciada en torno a la sociedad americana de su tiempo, a la que no será ajena esa alusión al mundo gay de San Francisco, en el largo episodio desarrollado en las finales de Detroit, aunque a primera instancia aparezca como un pasaje revestido de alcance caricaturesco –esos amanerados seguidores del contrincante homosexual-. Todo ello, irá acompañado por oportunos golpes humorísticos –el impagable gag de la encendida del televisor por parte del hijo de Long, acostado derrotado tras ganar el premio, que le hará asustarse hasta caerse de la cama, o el sobresalto que recibirá su esposa cuando los amigos de este, que han dormido en la furgoneta, la asusten pensando que se trata de él que ha vuelto al auto.

Al mismo tiempo, y pese al uso de la elipsis y el montaje, para hacer más asequible el bloque de combates, cada vez de mayor intensidad, el film de Fleischer no eludirá mostrar la crueldad de los mismos, como tampoco dejará de lado insertar ese contrapunto dramático, que se plasmará en secuencias como la improvisada actuación de Art en televisión –provocando las lágrimas de emoción de su esposa, presente en la emisión-, o en la secuencia casi final, en la que el promotor James Neese (Oates), decide sincerarse con el protagonista antes de acometer el combate final, revelándose su auténtica condición de empresario, e incluso señalándole que fue él quien favoreció el contrato como cantante, que firmó recientemente. Por ello le pedirá que no ofrezca resistencia ante el temible oponente, favoreciendo pese a todo que Art intente por todos los medios demostrar su personalidad en la lona. Ello será el inicio de un combate duro, desprovisto de todo glamour, en el que Long demostrará su entrega y sus debilidades, y en el que contra todo pronóstico resultará vendedor. Y como prueba del escaso servilismo ofrecido por Fleischer en su relato, este acabará con la rápida huída del vencedor con su mujer, sin épica alguna, en una película al mismo tiempo seca, divertida, irónica y cortante. Una producción que, desde los primeros instantes lo vislumbramos, no podría ser como es, ni transmitir la nostalgia y frescura que ofrece, sin la aportación de un pletórico Dennis Quaid, en la película que hizo llamar la atención de la industria sobre él, brindando un retrato rotundo de ese joven que busca realizarse en una sociedad opresiva en sus convenciones, y comiéndose literalmente la película a dentelladas. En sus canciones, en su mirada, en su entrega física, se adivina la madera de una estrella que no siempre brilló al mismo nivel, proporcionando la definitiva personalidad a este TOUGH ENOUGH, quizá la última obra perdurable de un gran realizador, por más que uno no deje de apreciar moderadamente  AMYTIVILLE 3-D (El pozo del infierno, 1983).

Calificación: 3

17/02/2017 07:02 thecinema #. Richard Fleischer

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