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THE INSIDE STORY (1948, Allan Dwan)

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Dentro de la extensísima obra de Allan Dwan, en la que intuyo que nos quedan numerosas sorpresas por redescubrir, según se vayan revisando títulos que durante décadas han permanecido en el olvido. Se sabe que en la década de los cuarenta, Dwan practicó la comedia con cierta asiduidad. En todo caso, nunca podía imaginar que uno de los grandes pioneros del cine, nos iba a sorprender con un relato que bien podía aparecer como un extraño precedente, mixtura de los muy posteriores L’ARGENT (El dinero, 1984. Robert Bresson) y THE BIG SHORT (La gran apuesta, 2016. Adam McKay). No fueron muy habituales en el cine americano clásico, películas que abordaran planteamientos ligados a la economía del país, aunque justo es reconocer que aparecieron no pocos exponentes –entre ellos, el memorable THE GRAPES OF WRATH (Las uvas de la ira, 1940), de Ford-, describiendo las consecuencias de la Gran depresión, y los intentos de la política de Rooswelt por plasmar políticas que diluyeran sus dramáticas consecuencias. Todo ello es lo que muestra Allan Dwan en THE INSIDE STORY (1948), una entrañable producción de la Republic, en la que con el aura de un apólogo moral, se planteaba al mismo tiempo de manera didáctica, los elementos que posibilitaron la llegada de dicha hecatombe económica y social, como la manera con la que el ciudadano podía combatir para que su ejemplo pudiera reiterarse.

THE INSIDE STORY aparece en sus inicios –punteados por el rótulo inicial-, como una producción de Americana, que bien podría haber dirigido Henry King en la 20th Century Fox –comparte incluso la presencia de William Lundigan en el reparto, poco después presente en algunos de los títulos de King-. Esa ligazón se prolonga en los primeros compases del relato, que aparece provisto de esa serenidad en la presentación de un anciano Ed (el siempre esplendido Charles Winninger), quien se encontrará con un amigo en la cámara de seguridad de un banco, donde le reprocha que el dinero que tiene en su caja particular, lo mantenga salvaguardado y a prueba de posibles fluctuaciones sociales y económicas. Ello le dará pie a explicar lo erróneo de su actuación, rememorándose –mediante flashback- a su experiencia personal en el verano de 1933, en la pequeña localidad de Silver Creek, en Vermont. La población está colapsada por las incidencias de la crisis, trabajando Ed como recepcionista de un pequeño hotel que dirige Horace Taylor (Gene Lockhart), un hombre acuciado por unas deudas que no puede asumir, previendo un futuro poco menos que aterrador. La gama coral de la película se extenderá a la propia hija de Taylor –Francine (Marsha Hunt)-, novia de Waldo Williams (William Lundigan), un joven y esperanzado pintor sin fortuna. La gama coral del conjunto, se verá acompañada por ese agente de cobros que llegará al viejo hotel, dispuesto a entregar mil dólares a uno de los vecinos, e iniciando sin pretenderlo el drama que atenazará sobre todo a Horace, provocando la desaparición de esta cantidad, que se salvaguardaba en la caja fuerte del establecimiento, y ejerciendo de manera indirecta, como detonante del alcance discursivo de la película. La misma se extenderá a un joven matrimonio que vive el dramatismo de sus consecuencias con la crisis económica, y que llevará al marido al borde del suicidio. También un avaricioso tendero que sufre de carencia de medios, una pareja de gangsters de poca monta, que sin embargo exteriorizarán un extraño sentido del honor, o esa ya madura ciudadana destacada de la población –maravillosa la veterana Florence Bates-, que finalmente revelará una entrañable relación con el atribulado Horace.

Entre la crónica de costumbre, la ascendencia con el vodevil, y una cierta herencia ligada al cine de Capra, lo cierto es que nos encontramos con una modesta pero efectiva película, que personalmente entroncaría con algunos exponentes del género, filmados por Edgar G. Ulmer en aquellos años, y tan desconocidos como el título que comentamos. Pienso en MY SON, THE HERO (1943) y la más cercana en el tiempo ST. BENNY THE DIP (1951). Con ambas comparte ese alcance de apólogo moral, y esa mirada comprensiva en torno a sus personajes. Una circunstancia que en el film de Dwan se transmite en una perfecta descripción de los diferentes ámbitos en donde se desarrollan las angustias y dramas particulares de toda su peculiar fauna humana. Es algo que quizá tenga su alcance más tenso en el intento frustrado en el último momento, y por casualidad, del suicidio de ese abogado totalmente superado por sentirse mantenido por su esposa, o en percibir el drama que igualmente sufre ese tendero a quien inicialmente hemos definido como usurero y sin sentimientos. O en la desigual opinión que para Horace le merecerá Waldo, el novio de su hija, en función de cómo su presencia en la azarosa historia que vivirá con esos mil dólares que recorrerán y unirán a los diferentes personajes, lo impliquen, sin que el propio muchacho sea consciente de ello. La relatividad de las situaciones vividas. La cara oculta de los seres que contemplamos en la coralidad de su base argumental –la lucidez de la veterana ciudadana referencial, al dilucidar con lucidez al tendero, las causas que provocaron la depresión; la inesperada honradez que aparecerá en uno de los gangsters; el papel de azar en todos ellos; la inesperada alegría que para el esposo letrado, proporcionará esa recepción de los mil dólares-, serán elementos que, en su conjunto, insuflan la necesaria densidad a una historia que discurre siempre en voz baja, con un asumido y entrañable tono de comedia, pero que jamás olvida el necesario equilibrio entre su insólito alcance didáctico, y el cariño y la humanidad que desprenden sus personajes.

Siempre dosificando la alternancia en el protagonismo compartido de todos ellos, y centrando la mayor parte de su argumento en las habitaciones del avejentado y ruinoso hotel. Se percibirá tanto en el hall de entrada, el comedor donde se reunirán los escasos clientes, y la habitación donde se encuentra el estudio de Waldo, encuadrada generalmente en contrapicado, y en donde se centrará buena parte de su alcance vodevilesco, con la entrada y salida de su propia novia, así como el de Audrey (Gail Patrick), la joven que desea que el artista le culmine su retrato, para poder sorprender a su esposo, teniéndola presente en sus frecuentes desplazamientos profesionales.

Es evidente que en THE INSIDE STORY no se encuentran los virtuosismos narrativos habituales en el cine de Dwan. Por el contrario, el cineasta prefiere servirse a fondo en el tratamiento de una base argumental claramente delimitada, y el preciso estudio de personajes. Ello no debe inclinarnos a pensar en una narración más alimenticia. Por el contrario, describe la versatilidad de un cineasta, que entre su amplia producción, y junto a la inclinación en torno a géneros que denotaban acción –bélico, aventuras, western-, también alternó en su obra con relatos intimistas y en apariencia insustanciales, demostrando su interés por registros complementarios, y también por ofrecer miradas contrapuestas en torno a la vida de su país.

Calificación: 3

10/04/2017 10:40 thecinema #. Allan Dwan

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gravatar.comAutor: Hildy Johnson

Qué bueno indagar en la filmografía de Allan Dwan gracias a tu blog. Apenas he visto películas de Dwan pero las descubiertas me dejaron buen sabor de boca (Robin Hood, Filón de plata, Ligeramente escarlata y El jugador) por cómo cuenta esas historias y cómo muestra su dominio del lenguaje cinematográfico. Así que apunto The inside story... para seguir descubriendo su obra.

Beso
Hildy

Fecha: 14/04/2017 12:05.


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