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CINEMA DE PERRA GORDA

INCANTESIMO TRAGICO (1951, Mario Sequi) Hechizo trágico

INCANTESIMO TRAGICO (1951, Mario Sequi) Hechizo trágico

Que la denominada “escuela del terror” italiana tuvo una determinada prehistoria, antes de tomar cartas de naturaleza, de la mano de Mario Bava, Riccardo Freda o Antonio Margheriti –que aportó no pocos exponentes de interés a dicha corriente-, es algo hoy por hoy bastante asumido. Esa continuidad en torno a una producción de género, que iría evolucionando desde el melodrama desaforado, la aventura, lo telúrico y lo fantastique, se señala tuvo un referente en MALOMBRA (1942, Mario Soldati). En cualquier caso, aparecen el cine italiano exponentes tan singulares y atractivos como THE GLASS MOUNTAIN (La montaña de cristal, 1949), una singular coproducción dirigida por el británico Henry Cass. Estoy convencido, que permanecen ocultos numerosos exponentes de dicha vertiente, que irían redescubriendo un sendero tan personal como representativo de dicho país.

Es por ello que INCANTESIMO TRAGICO (Hechizo trágico, 1951), aparece como uno de esos referentes, que además de definirse como un bello melodrama gótico de inquietantes reminiscencias fantastiques, podría establecerse como un puente en torno a esa posterior aparición de la producción ligada al cine de terror. Dirigida por el apenas revisado Mario Sequi –del que se podría recordar una coproducción policiaca italo-española IL COBRA (El cobra, 1967)-, y protagonizada por la pareja formada por los atractivos María Félix y Rossano Brazzi –que acababan de salir del rodaje de la no menos telúrica e insólita LA CORONA NEGRA (1951, Luis Saslasky)-. La película se desarrolla en la Toscana italiana de la segunda mitad del siglo XIX. Sus primeros pasajes nos mostrarán el interés de Pietro (Brazzi), un joven agricultor que desde tiempo atrás ha mantenido su fascinación por la joven y bella Oliva (Félix). Pese a que la madre de esta ha intentado ligarlo a un muy maduro pretendiente, la propia interesada optará por ligarse a ese atractivo agricultor, quizá intuyendo encontrar en él una relación ardiente. Nada de ello se producirá cuando se traslade con él a la masía de su familia, plenamente dedicada al cultivo de unas tierras agrestes y de difícil cultivo. Allí conocerá a los padres de Pedro, al tiempo que al hermano de este –Berto (Massimo Serato)-, que desde el primer momento mostrará hacia la recién legada, quizá la pasión que su propio esposo le vendrá negando. Será el patriarca de la familia, el que de manera inesperada y en medio de una tormenta, descubra unas joyas ocultas durante mucho tiempo, sobre las que al parecer recae una extraña maldición. Dicho encuentro supondrá el inicio de una creciente espiral de incierto perfil, que poco a poco se irá adueñando de la estructura familiar en la que convive Oliva y su esposo, hasta llegar a  unos límites paroxísticos.

Si algo deviene especialmente remarcable en INCANTESIMO TRAGICO es la importancia que se ofrece a la fuerza de la orografía descrita, sobre la cual se narrará en flashback, a modo de leyenda que permitierA un siglo atrás el reverdecer de aquellas tierras, hasta entonces caracterizadas por su abrasadora configuración. Muy pronto, el film de Segui acierta al plantear un drama pasional, en donde se plasma por un lado esa querencia tan intrínsecamente ligada al cine italiano. Esa atmósfera y la ambientación del siglo XIX, se encontrará expresada con especial vivacidad, sin dejar de introducir en el relato incluso matices humorísticos –especialmente presentes en el personaje de la madre de Oliva-. Lo cierto es que nos encontramos con una película que desprende una extraña sensualidad, y en la que a grandes rasgos se dirime la lucha existente entre una hermosa joven de ardiente personalidad, casada casi por intuición con un joven que tiene como único objetivo existencial la reconversión de sus tierras, e incapaz de apreciar el deseo en su esposa.

Mezcla de melodrama rural y producción de época, hay un elemento que limita el alcance de su enunciado, y lo molesta que deviene la banda sonora de Roman Vlad, precursora de esas horripilantes sintonías que poblaron no pocas de las producciones de terror generadas en Italia a partir de la década de los sesenta. Y es en ese propio elemento, donde se encuentra a mi juicio el aspecto más perdurable de esta película irregular pero en no pocos momentos fascinante. La capacidad que alberga de hacer transcurrir el conflicto central del relato por un tamiz fantastique, que aparecerá de manera inesperada, en el que sin duda resulta el fragmento más memorable de su conjunto. Me refiero, indudablemente, al admirable episodio en el que Bastiano (Charles Vanel), padre de Pedro y Berto, descubra en la nocturnidad de una atroz tormenta, un pasadizo que les lleve a una oscura cripta, donde encuentre inesperadamente ese tesoro que marcará la tragedia de la familia. La oscuridad reinante en la cripta, la asfixiante presencia de telarañas, ese esqueleto, los grabados en las paredes, las ratas, estoy por pensar que pudieron ser un referente para que casi una década después, fuera tomado como base por el Mario Bava de la maravillosa LA MASCHERA DEL DEMONIO (La máscara del demonio, 1960). A partir de ese fragmento determinante, lo amenazador, la exteriorización de la maldición irá haciéndose presente de manera paulatina. Lo vislumbrará con elementos dramáticos, presentes en la familia de Pietro, pero también en pasajes fantastique como las secuencias descritas en las ruinas del templo, en las que se harán presente incluso apariciones –en ellas, por momentos uno imagina la presencia de Barbara Steele acompañada por unos mastines-. Junto a ello, esa querencia tendrá como exponente el enigmático personaje de Golia (Giulio Donnini), el orfebre, cuyas actitudes, caracterización y actitud, profundizan en esa inclinación por la fantasía de creciente alcance sombrío.

Mezcla de parábola sobre la ambición, relato costumbrista y ecos de tragedia griega, INCANTESIMO TRAGICO permite que percibamos la traslación literaria de un periodo concreto, transmitiéndonos la dura fisicidad de un marco espacio temporal, en el que se dirimirá el drama de un matrimonio que lo tiene todo para consolidarse, pero que en todo momento opondrá como principal elemento en discordia la propia geografía, que es mostrada dentro de la espesura de su conjunto. Hay una secuencia especialmente reveladora a este respecto, cuando Oliva llegue a discutir con su esposo, mirando como la ignora, mientras se dedica con febrilidad a cavar en las tierras. Ella se mirará en las aguas de un pequeño riachuelo, disipando el reflejo en una actitud de rebeldía.

Calificación: 3

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