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CINEMA DE PERRA GORDA

Bruce A. Evans

MR. BROOKS (2007, Bruce A. Evans) Mr. Brooks

MR. BROOKS (2007, Bruce A. Evans) Mr. Brooks

No me oculto en reconocerlo; siento bastante simpatía hacia el actor y director Kevin Costner. Algunos errores de elección en su carrera, parece que no se le han perdonado a alguien que, con todo derecho, puede ser considerado uno de los últimos representantes del estrellato clásico emanado por el cine norteamericano. Es decir, que pese a resultar una figura considerablemente más valiosa que las “estrellonas” que ocupan los primeros lugares en el ranking hollywoodiense –Brad Pitt, George Clooney, Leonardo Di Caprio, Matt Damon-, uno no quisiera pensar mal, pero quizá el hecho de que Costner sea republicano, o tenga especial cariño a la hora de dar vida westerns, han sido elementos que lo han relegado de un lugar que merece ocupar, en especial debido a la madurez que va adquiriendo su personalidad cinematográfica. Pero más allá de percibir en ese carisma que muchos le niegan, las huellas de un modo de entender la figura de un intérprete clásico ya abocado a la desaparición, lo cierto es que hay que reconocer que nuestro protagonista sabe embarcarse en proyectos que quizá en alguna ocasión le fallen en sus expectativas, aunque en otras intuyó el triunfo comercial, aunado con el rechazo de la crítica –la simpática THE BODYGUARD (El guardaespaldas, 1992. Mike Jackson)-. Si de algo no se puede calificar a Kevin Costner es de conformista, intentando a través de las películas que interpreta y, en buena medida, produce, marcarse nuevos retos a la hora de ampliar los perfiles del icono que su personalidad ha ido marcando en sus roles elegidos.

Lógicamente, para cualquier actor que se precie, uno de los retos más buscados reside en la posibilidad de incorporar un personaje maléfico o de personalidad ambivalente que permita desarrollar un lado inquietante. Es previsible que Costner intuyera las posibilidades que le brindaba el guión de Bruce A. Evans –también realizador- y Raynold Gideon, decidiendo encomendarse a un proyecto que, justo es reconocerlo, se brinda como una propuesta interesante aunque algo irregular, que no apura hasta sus últimas sugerencias el núcleo central de su base dramática. En cualquier caso, hay que reconocer que desde el momento de su estreno, MR. BROOKS (2007, Bruce A. Evans), ha logrado una cierta vitola de culto. No es de extrañar dicha dascripción, aunque no se encuentre justificada en todo momento. Earl Brooks (Costner) es un ejemplar empresario de Portland. Casado y con una hija, en los primeros compases del film recibe un galardón con ciudadano ejemplar. Su aspecto es tan impecable como la serenidad que emana de su comportamiento. Lo que no conocen aquellos que le rodean, es que tras su impecable fachada se esconde un asesino. Pero un asesino que no actúa por dinero, sino por adicción, envolviendo ese lado oscuro y oculto de su personalidad en la constante comunicación que mantiene con Marshall (William Hurt), esa prolongación de su personalidad con la que se comunica en todo momento, expresando las contradicciones de su pensamiento. Brooks efectuará el último de sus dobles crímenes, describiéndonos esa enfermiza delectación que le asiste en unos asesinatos que comete como un ritual. Por momentos, parece que nos encontremos con una actualización light del universo de Paul Schrader, representado en ese protagonista atormentado por una asumida dominación ante el mundo del pecado.

Es cierto señalar que esa vertiente se manifiesta en algunos momentos de la película –especialmente en reflexiones expresadas por el protagonista-, sabiendo expresar ese contexto sórdido de Brooks en instantes concretos. Sin embargo, la película decide inscribirse por una pendiente mixta, en la que no se aprieta el acelerador ni en esa opción ni, por el contrario, en una mirada disolvente sobre las apariencias del progreso que apunta en algunos momentos de su metraje –la capacidad consumista y de defensa de las apariencias que defiende su esposa, esa visión crítica sobre la imagen idílica de la familia que representa el personaje de su hija-. En su lugar. MR. BROOKS apuesta en algunos momentos por algunas de esas dos posibilidades pero en ningún momento sus intenciones se despegan de la posibilidad de ofrecer un relato inclinado al thriller, centrado en la interacción expresada por sus dos personajes protagonistas –magníficamente encarnados por Costner y Hurt. Es significativa a este respecto la generosidad que el primero brinda en el veterano Hurt, dejando que en no pocas ocasiones la fuerza e ironía malsana de su rol impregne por completo no pocas de sus secuencias. Dentro de dicho contexto, su metraje crece hasta notables niveles cuando sus imágenes se centran en el tratamiento de ambos roles, dejando entrever un producto confeccionado con cierta convicción. Es algo que se extiende, hasta cierto punto, cuando al argumento se incorpora la figura del joven voyeur que interpreta con extraña pertinencia el habitual cómico Dane Cook –Mr. Smith, un hombre que ha alcanzado el triunfo profesional en la vida-, intentando buscar un mefistofélico placar compartido al descubrir el lado oculto de Brooks. Sin embargo, la película desmerece en diversos aspectos, siendo quizá el más importante de ellos la poca garra que alcanza todo lo que envuelve al rol de la agente de policía encarnado por la pétrea e insalvable Demi Moore, o la torpeza e innecesaria resolución de las secuencias de acción, -además aderezadas con una pésima banda sonora-. Unamos a ello esa apuesta declarada por giros en la acción quizá percutantes y necesarios para un público poco exigente, pero que desmerecen de esos momentos o de esa capacidad de observación y la mirada disolvente que manifiestan aspectos tan divertidos como la actitud de Smith cuando junto a Brooks están a punto de vivir juntos su primer asesinato –este se orina, dejando sin pretenderlo una huella de su ADN en el crimen-, o las deducciones que el asesino protagonista describirá a este cuando, de un momento a otro, modificará las circunstancias en las que había configurado su propia inmolación. En definitiva, oscilando en su –siempre distraído y en ocasiones atrayente- metraje, entre esos apuntes que dirigen su epicentro hacia una retrato malsano, o en su defecto dilapidando esa capacidad psicológica -muy bien administrada por su protagonista- en una serie de subtramas. Será algo que nos llevará a alternar instantes magníficos con otros formularios o prescindibles –la irregular sensación que brinda su doble final- pero que, a fin de cuentas, me deja personalmente la sensación de la necesidad de que el eternamente menospreciado Kevin Costner encuentre, de una vez por todas, ese rol que de una vez por todas permita demostrar que en su figura se encuentra un actor de considerable talla. Así lo creemos algunos, y en MR. BROOKS hay instantes que lo rebelan de forma contundente.

Calificación: 2