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CINEMA DE PERRA GORDA

HANOVER STREET (1979, Peter Hyams) La calle del adios

HANOVER STREET (1979, Peter Hyams) La calle del adios

Tras el inesperado éxito popular que su personaje de Han Solo le proporcionó en STAR WARS –LA GUERRA DE LAS GALAXIAS- (1977, George Lucas), y hasta la llegada de su definitiva consagración como estrella de los 80 con el personaje de Indiana Jones en RAIDERS OF THE LOST ARK (1981) –EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA-, Harrison Ford protagonizó algunos vehículos estelares de cortos vuelos hoy justamente olvidados. Uno de ellos es HANOVER STREET (1979, Peter Hyams) –LA CALLE DEL ADIOS en España-, que se ofrece como una pulcra y gélida producción británica que intenta recuperar el espíritu de melodramas bélicos tan populares en los años 40 como EL PUENTE DE WATERLOO (Waterloo Bridge, 1940. Mervyn Le Roy).

Lamentablemente, ni Hyams se encontraba en un buen momento ni el equipo de producción de esta película fue consciente que un producto de esas características resultaba completamente anacrónico a finales de los 70. Al parecer no entendieron que el modelo que le servía de base fue formulado en plena contienda bélica y de alguna manera tenía clara su razón de ser como elemento de sublimación de las masas dentro de una referencia cinematográfica tan necesaria en aquellos difíciles años. Es por ello que este HANOVER STREET queda como un producto realmente poco distinguido, formulario y pobrísimo como pretendido melodrama ambientado en el Londres de la II Guerra Mundial.

En dicho entorno bélico, un día el piloto norteamericano David Halloran (Harrison Ford) se encuentra con una enfermera –Margaret Sellinger (Lesley-Ann Down)-. Sucede de forma accidental y teniendo como fondo dramático un bombardeo que permite que el piloto salve a la joven de su incidencia. Ella es la esposa de Paul (Christopher Plummer) un agente británico encargado de tareas de espionaje, hombre afable, culto y refinado. Sin pretenderlo, Margaret se deja llevar por el apasionamiento que le ofrece una aventura amorosa con David y que contrasta poderosamente con la cómoda pero anodina existencia que lleva con su esposo y su hija.

Al tiempo que esta relación amorosa, Halloran sobrelleva su carácter difícil en su condición de piloto que se eleva carismáticamente sobre sus compañeros, pero de igual modo se mantiene irónico con sus superiores. Esta circunstancia le llevará a detectar una avería en su avión que posibilitará que se salve de una emboscada y posteriormente comandar una misión muy arriesgada a territorio francés. La misma le llevará casualmente a convivir con el esposo de Margaret, estableciéndose entre ellos una sincera amistad y viviendo una peligrosa aventura en un territorio francés ocupado por las nazis para lograr incautar una lista de agentes que se encontraba custodiada.

Tal y como se configura la película su primera hora de metraje se extiende de forma típica y tópica en un convencional romance entre Halloran y Margaret en el que cabe destacar la escasa sensualidad demostrada por la actriz y –por si alguien lo dudaba-, la inexpresividad y nula capacitación de Harrison Ford con galán romántico (resultan patéticos sus “gestitos” como comediante). Si a ello le unimos una realización de lo más convencional y el servilismo a una molesta partitura del escarizado John Barry, el resultado obtenido se acercará a cualquier cosa menos lo estimulante.

Este panorama tan negativo tiene un relativo contrapunto en el último tercio del metraje, en la que se desarrollan las andanzas de David y Paul una vez ambos quedan como únicos supervivientes del vuelo y se unen en el logro de la misión que tenía encomendado el segundo. Afortunadamente HANOVER STREET oscila en su tono escorado hacia el género de aventuras, estableciéndose otro ritmo incluso en ocasiones cercano a la comedia. Es en esos instantes donde se llega a introducir una oportuna digresión sobre la relatividad del héroe –se trata de la única idea realmente valiosa del film-, y el espectador detecta una cierta “química” entre los dos actores –se demuestra que Ford se adecua más al tono aventurero (afortunadamente la cámara no se detiene en primeros planos sobre su figura), mientras que Plummer deja entrever su indudable clase como actor-. Esta giro en la película da pie a una salvación final in extremis del esposo de Margaret –en una secuencia que roza lo emotivo- que culmina con un diálogo irónico por parte de Halloran: “Como te mueras ahora, te mato”. Inevitablemente, LA CALLE DEL ADIOS finalizará con una secuencia de reencuentro / despedida entre un piloto renacido en su personalidad y Margaret. Una conclusión convencional para un título que no excede dicha característica, por más que en su parte final apunte un cierto interés que no es suficiente para elevar el interés final de la función.

Calificación: 1’5

1 comentario

josecb -

hola amigo mio, me llamo josé y te escribo desde torrelavega. lo primero he de felicitarte por tu espacio, he estado buceando en el y la considero de interes por lo que te voy a poner de enlace en mi blog.
el motivo de este comentario es el de mostrarte un pequeño desacuerdo "sentimental" referente a este film de hyams (por cierto me encanto atmosfera cero)
veras te explico, vi esta pelicula cuando tenia 16 años y sali maravillado. reconozco que tienes muchisima razon, la pelicula hubiera sido fabulosa interpretada por clarck gable y cualquiera de las maravillosas aztrices del universo magico del hollywood de los 40.
esta pelicula hace aguas en muchos de sus tramos, pero pertenece a mis sueños. adoro esta pelicula pero porque la considero un filme "de escenas" reconoce que el bombardeo del principio mientras busca a la chica es epico, a partir de alli hay que darle al avance del dvd hasta llegar al cuarto de hora final (he visto que eso lo aclaras) el final a ritmo de la genial y hermosa banda sonora de barry a mi en aquella epoca me condujo al extasis.
bueno, no te aburro mas, como veras en lo basico estoy totalmente de acuerdo contigo pero cristopher plumer hace una gran interpretacion, solo por el y la musica ya merece la pena verla.
te vuelvo a felicitar y te mando un fuerte abrazo.