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ROOM AT THE TOP (1958, Jack Clayton) Un lugar en la cumbre

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Aunque en su momento el debut en el largometraje de Jack Clayton supuso un auténtico revulsivo para el cine y la cultura británica, entiendo que ese elemento de transgresión ha quedado superado con el paso del tiempo. Es más, esa condición de preludio a la aparición del Free Cinema resulta sinceramente un tanto artificiosa, aunque su argumento provenga de una novela de John Braine, y que en buena medida anuncie esos “jóvenes airados” que protagonizarán las películas más emblemáticas de este movimiento a finales de los años cincuenta y primeros años de la década de los sesenta.

Sin embargo, pienso que el choque de clases sociales se mostró en el cine británico de forma más certera en precedentes tan magníficos como THE MAN IN THE WHITE SUIT (El hombre del traje blanco, 1951) o ese aparente melodrama sensiblero que es MANDY (1952) –ambas del gran Alexander Mackendrick-. En esa vertiente, ROOM AT THE TOP (Un lugar en la cumbre, 1958. Jack Clayton) ciertamente no aporta más que una actualización en las posibilidades de mostrar en la pantalla unas relaciones amorosas extramatrimoniales –si tenemos como referente, por ejemplo, la sobrevalorada BRIEF ENCOUNTER (Breve encuentro, 1945. David Lean)-, plasmadas en una mayor franqueza sexual. También en ese sentido, el film de Clayton sería muy pronto superado. En cualquier caso, y con las limitaciones que impone ese relativo lastre entre el prestigio atesorado y sus reales cualidades, nos encontramos con un melodrama al que ciertos excesos retóricos han hecho envejecer en determinados aspectos, pero que permanece como un producto bastante atractivo. Una película que brinda el retrato de un personaje que oscila en nuestra apreciación entre el desprecio inicial y una progresiva valoración más positiva. Se trata de Joe Lampton (Laurence Harvey), un joven atractivo y arrogante que se traslada a una localidad inglesa para integrarse como funcionario municipal. Lampton es un arribista sin escrúpulos, que desea un ascenso y renuncia de sus orígenes obreros, y la cámara de Clayton lo describe a la perfección en los planos iniciales viajando en tren, en una panorámica que muestra su gesto desafiante describiendo círculos con el humo de su cigarrillo, y mostrándose seguro de su encanto mirando los zapatos que se acaba de comprar para estrenar en su nuevo destino.

Tras insertar los títulos de crédito sobre la propia imagen real de la película, muy pronto comprobamos los intereses de Lampton –en ese sentido, la película resulta bastante poco sutil-, que se centrarán en Susan Brown (Heather Sears), la joven hija del mayor hombre de negocios de la localidad. Se trata de algo que incomoda a los padres de la muchacha, a la que incluso mandan de viaje para intentar separarla de nuestro protagonista. En este terreno concreto, lo cierto es que ROOM AT THE TOP avanza en ese contraste clasista propio de los años cincuenta en la sociedad británica. Ese deseo de Joe de ascender socialmente, las humillaciones que recibe por aquellos que se encuentran en estratos superiores –el arrogante novio formal de Susan o la propia y altiva madre de la muchacha-. De todos modos, y pese a la magnífica aportación que supone la excelente fotografía en blanco y negro de Freddie Francis, creo que el film de Clayton “ilustra” –de forma más o menos inspirada- un conflicto de clases pero en modo alguno se muestra y se “siente” desde dicha perspectiva, como si lo pueden hacer, por ejemplo, SATURDAY NIGHT AND SUNDAY MORNING (Sábado noche, domingo mañana, 1960. Karel Reisz), con la que comparte tantas semejanzas argumentales. Paralelamente, algunos de sus instantes más aparentemente tensos y dramáticos adolecen de esa ya señalada retórica e incluso tosquedad cinematográfica –la secuencia en la que Lampton se entera de la muerte del personaje que encarna Simone Signoret, la paliza que recibe por unos individuos de baja catadura, etc-.

Personalmente –y creo que es una apreciación bastante compartida-, creo que lo que mejor perdura de ROOM AT THE TOP, estriba fundamentalmente en su condición de melodrama pasional, y en la confluencia que se detecta de las muestras del género en Italia. Y estas cualidades tienen su más claro exponente en el personaje de Alice, que interpreta maravillosamente Simona Signoret, y por la que lograría aquel año el Oscar a la mejor actriz. En una película dominada por encuadres cerrados, exteriores fríos y neblinosos, personajes que luchan por medrar socialmente a cualquier precio y que pelean por mantener sus privilegios de clase o aquellos que los han obtenido traicionando u olvidando sus orígenes obreros –el padre de Susan-, sin duda brilla la sinceridad e intensidad de la relación entre Joe y Alice. Integrada en una vertiente noblemente melodramática y una planificación intensa, centrada en las reacciones de los dos actores y realzada por la extraordinaria presencia de la Signoret, la película gana en interés y atemporalidad, con momentos tan memorables como la emotiva despedida de los dos amantes –Alice regresa en tren-, tras dos semanas de total exteriorización de sus sentimientos –bajo mi punto de vista se trata del momento más hermoso del film-.

Hay un elemento que sorprende, para bien, en este debut como realizador de largometrajes de Jack Clayton –que un par de años después lograría su obra maestra en la pantalla con THE INNOCENTS (¡Suspense!, 1961)-. Y este no es otro que la presencia y labor de Laurence Harvey como protagonista. Pocos podrán estar en desacuerdo en considerarlo al calificarlo como uno de los peores actores ingleses de su tiempo, chirriando incluso en títulos tan atractivos como THE MANCHURIAN CANDIDATE (El mensajero del miedo, 1962. John Frankenheimer). Sin embargo, y pese a los limitados recursos expresivos que ofrece en los instantes más intensos, Harvey compone el que quizá sea el único trabajo perdurable de su trayectoria cinematográfica. No se puede decir que se situara a la altura de Albert Finney, Alan Bates, Tom Courtenay, Richard Burton o Richard Harris en roles de similares características, pero su retrato de Joe Lampton reviste fuerza, arrogancia y, finalmente, conmiseración.

Calificación: 3

03/08/2006 02:17 thecinema #. Jack Clayton

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