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THE PRIVATE AFFAIRS OF BEL AMI (1947, Albert Lewin)

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Decir que ya no se hacen películas como THE PRIVATE AFFAIRS OF BEL AMI (1947) puede ser una manifestación tan lógica como discutible, pero resulta más fácil de asimilar al recordar que nos encontramos con una de las contadas realizaciones firmadas por uno de los más singulares y enigmáticos directores que ofreció el Hollywood clásico: Albert Lewin. Habiendo tenido hasta el momento la oportunidad de contemplar cuatro de sus seis únicas películas –THE MOON AND SIXPENCE (Soberbia, 1942), THE PICTURE OF DORIAN GRAY (El retrato de Dorian Gray, 1945), el título que nos ocupa, y PANDORA AND THE FLYING DUTCHMAN (Pandora y el holandés errante, 1951-, además de constatar el alto nivel de cada una de ellas, quizá cabría señalar que la que protagoniza estas líneas es la que más se inclina por el terreno de la adaptación literaria, -en este caso partió de la base de una reconocida novela de Guy de Maupassant- sin por ello abandonar los elementos temáticos y estéticos que permiten hablar de un “estilo” personal puramente cinematográfico. Es lamentable que su obra como realizador no se extendiera en más títulos, y que estos resulten tan difíciles de acceder al aficionado –la mayor parte solo lo hacen a través de esporádicas emisiones televisivas-. En todo caso, los seguidores de su cine se pueden sentir orgullosos de que solo accediera a traspasar la frontera de la cámara –fue habitualmente un productor destacado por sus inquietudes culturales y artísticas-, cuando realmente un proyecto le atraía e interesaba personalmente.

Pese a esa especial inclinación, no es menos cierto que como en los otros títulos suyos que he señalado anteriormente, se inserta en esta producción de la Metro Goldwyn Mayer la evocación por el arte primitivo, la influencia pictórica, una cierta querencia con el fantastique, y la visión de un entorno social ubicado en el siglo XIX, en el que la lucha contra la hipocresía imperante se realiza a partir de una inteligencia bañada en maldad y la huída de estereotipos sociales bienpensantes. THE PRIVATE… relata la andadura de Georges Duroy (esplendido George Sanders), apodado por algunos de sus compañeros como Bel Ami. Se trata de un individuo que no oculta su amoralidad, y al mismo tiempo se sitúa con sus manifestaciones y acciones, muy por encima del entorno en el que se rodea; el de la alta sociedad parisina. En sus encuentros sociales muy pronto hará valer su condición de conquistador de mujeres, que le llevaran con sus influencias a ir subiendo rápidamente los escalones de cara a integrarse en un contexto del que solo aspira a lograr comodidad económica y capacidad de poder. Lo cierto es que sus objetivos se verán cumplidos con precisión casi matemática, ya que Duroy es en el fondo un profundo analista y crítico de la moral más hipócrita del entorno dominante en la vida social que conoce, y si en un momento determinado decide acercarse a ella, lo hará únicamente por ascender en su seno… aunque para ello tenga que pisotear y humillar a componentes de este círculo. Lo hará, y siempre con el aplomo, relajación e ironía necesarios, hasta que poco a poco vaya desengañando a todas sus conquistas, especialmente a Clotilde (Angela Lansbury), quien pese a todas las humillaciones y desprecios que sufre por parte de este, siempre ha sentido un amor incondicional hacia él. Pero esa incansable capacidad como conquistador de Duroy –que ejerce siendo totalmente consciente del daño que provoca con sus acciones-, le llevará a casarse con la viuda de un periodista amigo recientemente fallecido (John Carradine). Se trata de Madeleine (magnífica Ann Dvorac), quien en un principio cree que junto a su nuevo marido van a poder lograr un equipo brillante de colaboración. Sin embargo, de forma rápida se dará cuenta que la está engañando y finalmente se divorciarán, aunque esta separación lleve aparejado el enriquecimiento de ambos.

Ya nuevamente libre, el personaje que encarna Sanders galanteará con la esposa de un acaudalado empresario, pero muy pronto después intentará casarse con su hija. Ese hecho despertará la ira contenida de la madre, quien secretamente irá buscando el posible propietario de un título nobiliario para que esta distinción no revierta finalmente en Duroy, y con ello poder atender a la condición del padre para casarse con su hija. Esa búsqueda dará resultado finalmente, siendo un joven cazador el propietario del título, y retando este a duelo a nuestro protagonista. Y aunque Duroy intente desdramatizar –una vez más- la situación planteada, lo cierto es que muy pronto intuirá la llegada de la muerte en el duelo. Ello le llevará a reunirse por última vez con Clotilde –poco antes habían tenido un cruel intercambio de palabras-, y anunciarle que su fortuna la iba a legar a ella y su hija, las dos únicas personas que ha amado. El duelo se celebrará entre la lluvia, y allí caerá herido de muerte, con la tristeza de los pocos que lo amaron y la mal disimulada satisfacción de aquellos que en vida se vieron perjudicados por sus acciones.

Mas allá de su componente melodramático de buena ley, del alcance de la crítica de unas costumbres y comportamientos definidos en la hipocresía más absoluta y las convenciones más anacrónicas, y del tratamiento de la figura de este amoral que en realidad pone en practica una inteligencia más acusada que la de su entorno por un camino equivocado, lo cierto es que THE PRIVATE… ofrece otras virtudes dignas de ser reseñadas. Por supuesto, una de ellas es la de lograr un lenguaje cinematográfico íntimamente ligado a la adaptación literaria. Se trata de un hallazgo muy difícil de trasladar a la pantalla, y que es casi patrimonio de los grandes maestros  y, especialmente, de aquellos situados en dicha élite, ligados a los códigos del melodrama. En esta ocasión, el desarrollo del film de Lewin se enriquece notablemente por la presencia de unos diálogos absolutamente maravillosos constantemente intercambiados entre sus personajes, y que a pesar se resultar inequívocamente literarios, en modo alguno dejan de tener vigencia en la función. Incidiendo en esta percepción, lo cierto es que parece que los personajes del film de Lewin se encuentran en un estado contemplativo. Es una característica que casi lo inclina a unos derroteros cercanos al fantastique, brindando al conjunto una acusada impronta. Esa traslación de los conflictos a través de largos diálogos, en donde todos los personajes se comportan con serenidad, e incluso son planificados en algunos primeros planos incidiendo en esta vertiente casi de fantasmagoría, unido a la iluminación proporcionada, y la incorporación de elementos más o menos hipnóticos –como ese cuadro que es filmado, una vez más en el cine de Lewin, en color-, o figuras exóticas ubicadas en lugares estratégicos de los decorados, conforman un conjunto magnífico, fascinante en algunos momentos, misterioso en otros, pero en todo momento revelador de una sensibilidad y una coherencia a la hora de llevar a cabo un producto cinematográfico repleto de sugerencias, y moralista en la medida que podía manifestarse tan insólito representante del mundo cinematográfico hollywoodiense.

Además de esa enorme riqueza en sus diálogos, de la audacia de sus planteamientos, y del singular y casi hipnótico tempo que propicia a lo largo de su metraje, THE PRIVATE… ofrece momentos concretos de especial refinamiento. La película está llena de ellos, pero solo cabría revisar con atención sus minutos finales para poder calibrar la capacidad de sugerencia del realizador, el dominio del suspense en la pantalla, la utilización dramática de la iluminación, o el alcance moralista del relato, que es expresado en el plano de cierre, que para el moribundo expresará un postrero un epitafio personal para su andadura vital.

Calificación: 4

21/10/2007 10:34 thecinema #. Albert Lewin

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