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CAPTAIN FROM CASTILE (1947, Henry King) [El capitán de Castilla]

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La retrospectiva dedicada en el Festival de Cine de San Sebastián de 2007, sin duda debería ser una valiosa piedra de toque de cara a la definitiva revalorización de la figura de Henry King. Realizador elegante, introspectivo, que inició su andadura como tal en pleno cine mudo, prolongando una larga filmografía que finalizó a inicios de la década de los sesenta, destacó en ella un elemento que es evidente que ha significado siempre un inconveniente de cara al reconocimiento de la valía de King. Me estoy refiriendo a su prolongada adscripción a la 20th Century Fox, encomendándose a una larga relación de proyectos auspiciados por el todopoderoso Darryl F. Zanuck, con los que prácticamente recorrió todos los géneros cinematográficos –el fantástico fue su única excepción-, trabajando en numerosas ocasiones con estrellas como Tyrone Power –que tuvo en King prácticamente a su mentor- o Gregory Peck. Lamentable excusa que resulta un cómodo escaparate para entender, apreciar y, me atrevería a señalar que gozar, la perfección que pueden emanar de unos modos de producción controlados por productores como el mencionado Zanuck –que personalmente siempre he considerado el más valioso tycoon surgido en Hollywood-, o profesionales tan minuciosos como pudiera ser el citado King, Lamar Troti……, todos ellos fieles exponentes del estudio, que alcanzaron con sus películas amenas y al mismo tiempo llenas de rigor, inteligencia y compromiso, alegrar las sesiones cinematográficas de los espectadores de su tiempo, y que han logrado conservar esas cualidades con el paso del tiempo.

 

En estas coordenadas, todos hemos de admitir que no siempre estos empeños lograban unos resultados plenamente satisfactorios, aunque por fortuna en bastantes de estas apuestas, la inteligencia y sensibilidad puesta a prueba, daban los frutos apetecidos. Puede decirse que CAPTAIN FROM CASTILE (1947) es, bajo mi punto de vista, uno de esos exponentes en los que el placer de disfrutar de una ejemplar propuesta del cine de aventuras, pueda llevar aparejado el marchamo de una enorme densidad y complejidad. Ciertamente era previsible que con el equipo existente, se alcanzara un resultado brillante –y en ello tenía el recuerdo de otros exponentes del género filmados por King y protagonizados por Power, como son THE BLACK SWAN (El cisne negro, 1942) o la posterior PRINCE OF FOXES (1949)-. Sin embargo, las excelencias del título que nos ocupa estimo que sobrepasan estas ilustres referencias, erigiéndose como uno de los cinco mejores títulos, de entre la veintena firmados por King que he tenido oportunidad de contemplar hasta la fecha –una cifra no muy elevada, teniendo en cuenta la copiosa filmografía del director-. Puede que en unos tiempos como los presentes en materia cinematográfica –que estoy convencido podría extenderse a cualquier expresión que comportara sensibilidad artística-, pueda resultar difícil paladear el tempo, el sentido de la lógica, la progresión dramática, la densidad, y la capacidad de combinar casi a la perfección la aventura exterior como reflejo de la evolución de unos personajes que desarrollan su andadura vital, en medio de unos conflictos y emplazamientos marcados por la historia. En este sentido, lamentablemente creo que hay que poner a prueba una determinada sensibilidad para poder apreciar la enorme gama de matices que se desprende de una propuesta tan bien trabada inicialmente, desarrollada con una modulación casi perfecta, logrando enriquecer con ello un punto de partida de partida ya de por sí lleno de interés.

 

La película se inicia en la España de inicios del siglo XVI. Pocos años atrás se produjo la conquista de América por parte de la tripulación capitaneada por Cristóbal Colón y patrocinada por los Reyes Católicos. En ese contexto conoceremos al joven Pedro De Vargas (Tyrone Power), joven vástago de la noble familia de Vargas. Este se encuentra comprometido con una joven de familia noble igualmente, pero pronto se encontrará con él una hermosa campesina –Catana (Jean Peters)- que, sin él intuirlo, quedará ligada al posterior devenir de su vida. El compromiso sentimental de Pedro, provocará muy pronto los recelos de Diego De Silva (John Sutton), que utilizará su vinculación con el tribunal de la Inquisición para acusar a los componentes de la familia De Vargas de herejes, torturando a su pequeña hija –hermana de Pedro- hasta matarla. Gracias a la ayuda brindada por un singular aventurero –Juan García (Lee J. Coob)-, que acompañará a nuestro protagonista en su posterior andadura vital-, la familia injustamente detenida logrará ser liberada, no sin lograr su hijo enfrentarse a De Silva, a quien asestará una puñalada, pensando que ha llegado a matarlo. Perseguido por las tropas españolas, De Vargas se separará de sus padres y viajará con destino al nuevo mundo representado en la recién descubierta América, acompañado por García y Catana, que no deja de sentir su creciente amor hacia él, aunque su condición de campesina le impida exteriorizarlo, más aún cuando comprueba que este aún añora a su prometida. Llegados hasta Cuba, un encuentro con el conquistador Hernán Cortés llevará a nuestro protagonista a un lugar de cierto privilegio –este recordaba la buenas referencias que su padre le había manifestado de Pedro-, pudiendo todos ellos vivir la aventura de los preliminares de la conquista de México. En ese contexto, se expresará tanto la creciente y cada vez más intensa pasión evidente entre De Vargas y Catana, su progresión en el contexto militar capitaneado por Cortés, las aventuras que le llevarán a contrarrestar una rebelión entre los soldados del conquistador –descubierta tras ser objeto de un robo cuando se encargaba de vigilar el botín que almacenaba, y que a punto está de costarle la vida-, intuir la injusticia que guía el afán conquistador de los españoles, y ser acusado del estrangulamiento de su eterno rival –De Silva-, que no solo no murió en el intento que mantuvo con él en España, sino que incluso ha llegado hasta México como agregado del emperador Carlos, de forma paralela a su vivencia del rango de Capitán el servicio de ese conquistador que llegará a sobrepasar el olvido de la historia.

 

Lo primero que sorprende tras la contemplación de CAPTAIN… es sin duda la modélica progresión de su guión. Generado a partir de la pericia de Lamar Trotti –también productor del film, y basado en la novela de Samuel Shellabarger, del que también se extrajo la base dramática de la posterior y antes mencionada PRINCE OF FOXES-, las más de dos horas de metraje del film se siguen con permanente interés, pudiendo comprobar como cualquier giro de la narración, elemento suplementario, incidencia o hecho en apariencia desprovisto de interés, va a contribuir al desarrollo del relato, demostrando en todo momento la importancia de cada una de estas incidencias. La modélica base argumental ofrece un puente de hierro a la hora de configurar un título que oscila en su configuración genérica entre la propuesta del cine de aventuras, escorándose en no pocos instantes con el melodrama más noble. Es en ese contexto donde se muestran los principales rasgos donde se configurará la película, que encontrará otro elemento de especial interés en el reflejo de la realidad histórica que sirve de contrapunto al devenir de sus personajes protagonistas. En este elemento concreto, lo cierto es que el film de King resulta prácticamente ejemplar, en la medida que muestra un notable rigor histórico –siendo enormemente preciso en la localización física de los marcos en donde se desarrollará la acción-, al que acompaña un notable alcance reflexivo, que no duda en incorporar una mirada crítica en torno al papel de la Inquisición –lo que no impide una apuesta ligada a una religiosidad primitiva y desprovista de prejuicios-, y un matiz ambivalente a la hora de describir el alcance de la conquista española de territorios americanos –aspecto este sin duda que evitó que la película fuera estrenada en su momento, al considerar la censura franquista que formulaba una visión muy crítica de uno de los elementos que conformaban la leyenda “patriótica” del régimen-, como pocas veces pudo mostrarlo el cine norteamericano.

 

Sin embargo, no es esa la intención de King a la hora de proyectar su personalidad en esta película de rara perfección. Indudablemente, el ya veterano realizador procuró en CAPTAIN… mostrar una aventura basada en lealtades y traiciones, venganzas y honras, sombras y dudas. Una vez más, combinó su enorme sensibilidad y la delicadeza en la interacción de lances aventureros y evoluciones personales de carácter intimista. En este sentido, resulta admirable la modulación que logra del personaje protagonista, que con tanta convicción encarna el que fuera uno de los mejores intérpretes que legó el cine de aventuras clásico; Tyrone Power. A su alrededor girará una trama que oscila en todo momento en la dualidad evolutiva que combina aventura exterior con un proceso de maduración y, hasta cierto punto, de evolución casi mística, que constituye a mi modo de ver, el mayor acierto de esta extraña, sombría y sorprendente producción de la Fox, erigiéndose como una de las propuestas más adultas del género en un periodo bastante fértil de su desarrollo. Y esa capacidad para la elegancia, el intimismo, la inclusión de destellos de incidencia en sus personajes complementarios, está plasmada como pocas veces en la filmografía de King, que sabía captar esa intensidad del intimismo de sus personajes, hasta configurar complejos retratos psicológicos como los que no solo definen a nuestro protagonista, sino que esta cualidad se extiende a los de Catana y su fiel compañero Juan García, e incluso me atrevería a señalar se extiende al retrato del complejo compartimiento del conquistado Hernán Cortés, que incluso permite al habitualmente mediocre César Romero una interpretación de matices poco habituales en él.

 

En este aspecto concreto, hay que admitir que CAPTAIN… ofrece momentos poco menos que memorables. Sin intención de resultar exhaustivos, podríamos mencionar la conversación que De Vargas mantiene con el sacerdote de la expedición –Bartolomé (Thomas Gomez)-, en donde se manifiesta ese alcance casi místico innato al mejor cine de King, expresado en el sentimiento contradictorio que le invade al haber atentado contra la vida de De Silva, invocando para ello el hecho de que este renunciara a Dios; la intensidad con que se desarrolla la danza entre Pedro y Catana, en la que esta finalmente rechaza la pasión que este le proporciona, pensando que se trata del embrujo del anillo que le ha facilitado el pretendido vidente o la conversación con el indígena al que Pedro protegió en España y con el que se encontrará en México, haciéndole reflexionar ante la injusta presencia de los conquistadores españoles. Sin embargo, y con resultar excelentes estos y otros momentos, es en la parte final del film donde se encuentra el fragmento más intenso de la película, centrado en la condena a muerte que nuestro protagonista recibe de parte de las autoridades, al ser acusado injustamente del asesinato de su viejo rival De Silva. Poco antes de ejecutarse la condena se reunirá con su amada dentro de su celda, mostrándose en la pantalla el momento en el que Cortés y sus acompañantes se dirigen a la misma para liberarlo al descubrirse la verdadera autoría del crimen. El acertado montaje permite adelantar al espectador esta circunstancia, aunque para la pareja les haga suponer que se disponen a ejecutar la sentencia. Ello llevará a Catana a apuñalar a su amado –con el se encuentra embarazada-, con la intención de librarlo de una muerte tan deshonrosa, provocando tal decisión un notable impacto en el espectador. Una oportuna elipsis –de las que la película se encuentra frecuentada, logrando con su recurso una notable ligereza en la narración-, nos llevará hasta la visión de la joven destrozada y arrepentida por una acción en el fondo impregnada de amor –y que acerca los ecos de “Romeo y Julieta”-, hasta que el Padre Bartolomé le anuncia que su amado ha logrado sobrevivir al ataque. La composición del plano, valorando el fondo soleado del encuadre, y la intensidad con la que Jean Peters lo vive, logra un instante verdaderamente conmovedor e impregnado de liberadora felicidad. La película finalizará de forma sorprendente, con el discurrir de nativos y viajeros acompañando a los conquistadores a su llegada el entorno del emperador Moctezuma. Una conclusión extraña y desprovista de todo triunfalismo, que de alguna manera viene a ratificar la apuesta de Henry King a asumir la realización de esta película sensible, completa y llena de matices, en la que apenas tienen acto de presencia momentos definidos en ese optimismo consustancial en el género, en donde las diferencias de clase se hacen palpables, y en la que como en pocas ocasiones se ha logrado un mayor equilibrio entre el respeto a unas convenciones de producción de género, con la singularidad que despiertan, plano tras plano, sus imágenes. Sin lugar a dudas, CAPTAIN FROM CASTILE es una excelente película, y una de las apuestas más singulares del género en la década de los cuarenta.

 

Calificación: 4

01/07/2008 03:52 thecinema #. Henry King

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