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CINEMA DE PERRA GORDA

IL MAGISTRATO (1959, Luigi Zampa) El magistrado

IL MAGISTRATO (1959, Luigi Zampa) El magistrado

No cabe duda que la figura de Luigi Zampa (1905 – 1991), esconde una de las personalidades cinematográficas más atractivas y al mismo tiempo menos valoradas dentro del mejor cine italiano –el desarrollado entre las décadas de los cincuenta y sesenta-. Integrado dentro del contexto de un cine popular siempre unido a su afán crítico en torno a la sociedad italiana surgida a partir del fín de la II Guerra Mundial, lo peor que le sucede al cine de Zampa –como al de tantos otros exponentes de su época, entroncados dentro de una producción dirigida al gran público, generalmente ligada al cine de géneros, es que sus películas no son nada accesibles para el aficionado previsiblemente interesado. Se trata de una limitación que vengo sintiendo en carne propia, ya que hasta el momento solo he podido contemplar dos de sus títulos –los estupendos L’ARTE DI ARRANGIARSI (1954) y la posterior GLI ANNI RUGENTI (1962)-. Ambos ofrecen bajo sus aparentes tintes humorísticos, una mirada crítica y analítica de una sociedad que conocía muy de cerca, un cierto alcance fatalista combinado con un matiz irónico muy cercano a la comedia italiana, y un agudo y siempre penetrante apunte de tintes políticos. Puede decirse que son todos ellos elementos que definen –por lo menos a partir del exiguo porcentaje de su obra que he tenido oportunidad de contemplar-, las constantes temáticas y visuales de un director que además, sabía trasladar todas estas constantes en unas puestas en escena de notable rigor.

 

A este respecto, puede decirse que IL MAGISTRATO (El magistrado, 1959), se excluye parcialmente de dichas características, especialmente de ese elemento de integración con la sociedad italiana, que tomaba como marco de sus historias. Y es que en esta ocasión nos encontramos ante una coproducción hispano italiana, que de entrada se caracteriza por un extraño rasgo de abstracción en su relato central, ya que sus personajes residen en una localidad urbana indeterminada… que por momentos parece española –incluso en una secuencia se encuadra como fondo el edificio de comunicaciones de Madrid; en otras aparece el mar- y en otros detectamos referencias más o menos en segundo término, que permiten pensar que nos encontramos en territorio italiano. En cualquier caso, ese forzado grado de abstracción no puede decirse que beneficie y proporcione la debida coherencia a la historia narrada. Un relato este –elaborado por el propio Zampa, unido a Pasquale Festa Campanille y Massimo Franciosa, dominado por el espectro del fracaso personal en el contexto de una sociedad en la que parece solo contar el triunfo y los comportamientos de las clases más elevadas –algo que, por otra parte, aparece corregido y aumentado, en los tiempos que vivimos-.

 

Las primeras imágenes del film de Zampa, muestran la llegada del juez Andrea Morandi (José Suárez) al despacho del presidente de los juzgados para entregarle su dimisión irrevocable. Como quiera que el mandatario no acepta que este lleve a cabo su deseo, se interesa por saber que motivos le han llevado a tomar tal decisión, cuando hasta entonces su carrera judicial estaba definida por su gran vocación. Será el instante que introducirá en la película un largo relato en flash-back, comentando en off su acercamiento a la familia Bonelli. Un contexto representativo de clase media que ha logrado mantener un precario progreso en su seno, y cuyas relativas dificultades cotidianas le llevan a tener que admitir un huésped en su casa. IL MAGISTRATO logra recrear con cierta agudeza esas sensaciones contrapuestas que se establecen en un marco familiar sostenido con sentimientos artificiales, en donde convive una esposa autoritaria –Ana Mariscal-, con un esposo bondadoso y de débil carácter –Luigi (François Périer)- que responde al vivo retrato del fracasado. Dentro de dicha oposición de caracteres, se establece el conflicto de un marco de relaciones en el que el juez protagonista –ayudado en este sentido por las reflexiones en off que puntean el relato-, vive y de algún modo reflexiona ante las experiencias sentidas, entre las que en un momento se estableció una muy efímera atracción sentimental hacia la hija adolescente del matrimonio Bonelli –Carla (Jacqueline Sassard)-. Todo ello en un ambiente cerrado donde se encuentra bien presente la incidencia de un homicidio involuntario en un contexto de clase trabajadora, intentado con ello un retrato coral en el que conviven el provincianismo, la hipocresía, la facilidad del delito y un cierto alcance fatalista. La confluencia de esta tensa situación psicológica alcanza en la película su máxima expresión en la resolución del drama de una familia que, pese a todos los esfuerzos de sus componentes por intentar buscar la cuadratura del círculo en su propia existencia como tal, en realidad no pueden albergar la más mínima esperanza. Una resolución, terrible, que es mostrada por Zampa con una gran sobriedad y fuerza expresiva.

 

A tenor de lo comentado, nadie puede dudar que Zampa se enfrenta con temáticas que llegan a abordar un matiz crítico, que por otra parte nos acerca en sus características a ese tipo de melodrama de denuncia que de manera muy personal practicara Antonioni en Italia, y en España fue trasladado por Juan Antonio Bardem –y a este respecto, la presencia en el reparto de Luís Suárez creo que no obedece a la casualidad-. Sin embargo, y aún considerando que se trata de un título de cierto interés, e incluso contando en su conjunto con fragmentos magníficos, no puedo considerarlo dentro a la altura que las pocas películas de la filmografía de su director que he podido contemplar hasta la fecha ¿Qué sucede para esta relativa insatisfacción? Serían varias las razones, pero una de ellas es el grado de forzada abstracción que la propia consideración de la película –su carácter de coproducción-, que incluso en no pocos momentos resulta equívoca en la precedencia de su localización geográfica, y que impide profundizar en el contexto sociológico de sus personajes, permitiendo con ello invalidar en parte el carácter de denuncia siempre planteado en el cine de su director, para el cual era necesario mantener un marco concreto que incluso podía subvertir con aportes satíricos. En su defecto, en esta ocasión nos encontramos con un relato en el que los servilismos de la mencionada coproducción, influyen bastante negativamente en su resultado. Y lo hace manteniendo la presencia de actrices de tan corto talento como la Sassard, pero también en líneas generales conformando en su reparto una extraña conjunción de intérpretes que no logran convencer como tal conjunto, por más el retrato que Francois Pèrier adquiera un convincente aura de patetismo

 

En cualquier caso, es cierto que en el film de Zampa podemos encontrar muy buenos momentos puramente cinematográficos, en los que además encontraremos una notable capacidad de análisis y denuncia de carácter sociológico. Dentro de dichos parámetros, cabría citar la secuencia de la fiesta organizada por los padres de Pierino Lucchi (Jeronimo Meynier), en donde con una breve conversación con el padre de Carla definirán de modo claro las intenciones de la clase burguesía de una ciudad de provincias. En la charla, la madre no duda en señalar el hecho del casi obligatorio compromiso que los hijos de las clases altas vayan forjándose entre ellos mismos. Pero no convendría olvidar ese instante decisivo que supone la advertencia por parte del juez, del riesgo que por su parte correría afianzar su atracción por Carla –un momento en el que la pertinencia de la voz en off es indudable- y, por encima de todo, esos minutos finales que proporcionan al relato su vertiente fatalista y esperanzadora al mismo tiempo. Será con la recuperación del tiempo presente, cuando la inicialmente arbitraria decisión de dimisión del letrado, quedará expuesta en toda su lógica y dramatismo. Todo ello, expuesto en una secuencia en la que la aparente imposibilidad de considerar un entorno de justicia para una condición y existencia humana carente de ella, irá aparejada finalmente a una apuesta a la esperanza, centrada en esa lucha incesante que, en ocasiones, permite hacernos asumir a los mortales la creencia de poder aspirar a un mundo mejor y más justo.

 

Calificación: 2’5

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