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BEWARE MY LOVELY (1952, Harry Horner)

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No cabe duda que –tras haber visto recientemente la decepcionante VICKI (1953)-, que en Harry Horner había un hombre tras la cámara que se preocupaba por dotar de prestancia visual a su cine. Ello, por supuesto, no equivale a reconocer a un gran director, sino simplemente apreciar una intención, por más que esta pueda ser más o menos valiosa, que con su presencia logre incardinar los elementos dramáticos de una película o, lo que es más posible, intente superar determinados lastres que estas propuestas de serie B pudieran plantear inicialmente. Ese es, a mi juicio, el dilema que plantea el conjunto de BEWARE MY LOVELY (1952), un pequeño thriller producido por la R.K.O. bajo la pequeña compañía The Filmakers –propiedad de la actriz Ida Lupino, protagonista del film y en aquellos años también interesante directora de cine-, que supuso la segunda película dirigida por Horner –al parecer, tras una olvidable aportación a la S/F cinematográfica-. Y hablo de dilema en la medida que, bajo mi punto de vista, su resultado evidencia el interés de su realizador por intentar –y en ocasiones conseguir- dotar de atractivo visual a su propuesta –en el que tiene una gran importancia la labor de su pareja protagonista-, aunque muy pronto nos damos cuenta del la realidad de asistir a un relato que, pese a su escueta duración de poco más de setenta minutos, muy pronto advierte sus enormes fisuras, la escasa complejidad de sus personajes y, lo que es peor, se llega a asumir una extraña sensación de hastío y desinterés ante lo que se está relatando. Un lastre este de creciente importancia, basado fundamentalmente en lo arbitrario de las situaciones vividas, que en todo momento detectan las carencias de su material de base.

 

BEWARE… se inicia de manera muy atractiva. Con casi ausencia de diálogos contemplaremos por vez primera la labor cotidiana del limpiador Howard Wilton (Robert Ryan). Un hombre aparentemente apacible que descubrirá el cadáver brutalmente asesinado de su propietaria. La secuencia está excelentemente rodada, con una presumiblemente apacible pero inquietante atmósfera y con una notable agilidad tras la cámara. Tras descubrir el cadáver, Wilton huirá aterrado en tren, hasta que la acción se describirá en el interior de la casa de la joven maestra Helen Gordon (Ida Lupino). En la misma se está a punto de vivir la navidad, mientras que nuestra protagonista lleva dos años viuda de un militar que fue asesinado en pleno combate en la II Guerra Mundial. Hasta aquella tranquila y rural población ha llegado Wilton, siendo contratado como ayudante de la limpieza por Helen, quien muy pronto comprobará su eficacia, mientras que paulatinamente tendrá ocasión de detectar los desequilibrios mentales del aparentemente apacible recién llegado –por cierto ¿de qué manera ha contactado con esta y donde estaba antes de llegar a su casa para empezar su labor? ¿no es lógico que cuando llega a un nuevo lugar, previamente haya algún tipo de contacto?-. Son preguntas que me hago, y que a mi juicio delatan las inconsistencias que, en todo momento, plantea un relato que, cierto es reconocerlo, sostiene su efectividad en el brillante duelo interpretativo que mantienen unos Robert Ryan e Ida Lupino que muy poco antes habían asumido unos roles similares en ON DANGEROUS GROUND (La casa en la sombra, 1952. Nicholas Ray). A ello, obvio es señalarlo, se une el empeño visual ofrecido por el realizador, a la hora de aplicar una planificación quizá no suficientemente sutil –el espectador casi puede anticipar lo que la imagen va a ofrecer en cada momento-, pero si efectiva y efectista a partes iguales. Horner no dudará en recurrir a amenazadores picados y contrapicados, a utilizar con habilidad y ocasional inspiración el prácticamente único escenario interior de la película, a tener presente la utilización de los objetos –la importancia de los espejos-, y a saber administrar el tempo de una película que, gracias a estas circunstancias, mantiene su moderada eficacia tantos años después aunque, una vez más, se detecte la influencia en Horner a imitar referentes de valía previamente ofrecidos en la pantalla –en esta ocasión creo que habría que evocar el eco de la estupenda SHADOW OF A DOUBT (La sombra de una duda, 1943. Alfred Hitchcock)-.

 

Pero junto a este atractivo aunque nunca memorable desarrollo visual, lo cierto es que BEWARE… en todo momento deja ver sus limitaciones, que muy pronto se detectan en la descripción del personaje del psicópata –del que nunca sabremos si realmente era un asesino o no, aunque se desaproveche la ambigüedad de tal circunstancia-, en el que pese a los esfuerzos de Robert Ryan, finalmente tendremos una versión –maniquea y esquemática- del Jeckyll y Hyde plasmado por Robert Louis Stevenson. Obviando cualquier implicación de matices, Wilton será en un momento amenazador y en otro afable casi sin solución de continuidad. Más consistencia demostrará el rol que encarna con su acostumbrada personalidad Ida Lupino, aunque en el desarrollo de la función se deje de lado cualquier implicación sociológica, en detrimento de incidencias progresivamente más arbitrarias y previsibles, que finalmente ahogan cualquier posibilidad de profundización del relato. Es tal, en este sentido, la sucesión de trucos de guión, que finalmente, el espectador apenas se implica en la evolución de la pareja protagonista, y pese a los ocasionales instantes de inspiración, estos quedan sepultados entre un cúmulo de obviedades introducidas para alargar un metraje en sí mismo escueto, pero que finalmente deviene cansino.

 

En definitiva, BEWARE MY LOVELY resume su alcance como un producto que se deja ver, pero al mismo tiempo se olvida con presteza, sirviendo personalmente para reconocer los límites como realizador del estupendo director artístico que fue Harry Horner, presumiblemente un realizador no solo carente de personalidad propia, sino incluso de una auténtica eficacia, y quizá siempre más pendiente del fuego de artificio, que de lograr la debida solidez en cada título que acometiera.

 

Calificación: 2

16/07/2009 22:30 thecinema #. Harry Horner

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