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THE MAN I MARRIED (1940, Irving Pichel)

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Que duda cabe que en THE MAN I MARRIED (1940, Irving Pichel), podemos encontrar aquí y allá lugares comunes. Estereotipos que, con una perspectiva de casi siete décadas tras su realización, deberían llevarnos a un relativo grado de condescendencia. Y es que conviene situar este atractivo y premonitorio melodrama en su justa perspectiva, ya que supone uno de los primeros títulos con los que Hollywood inició su considerable y valioso ciclo antinazi –probablemente este carácter precursor debería compartirlo con la excelente película de Frank Borzage THE MORTAL STORM (1940)-, aunque esta circunstancia en sí misma no debería llevar aparejada una necesaria valoración positiva del título que nos ocupa. En cualquier caso, creo que sus elementos de interés aparecen bastante nítidos, y es algo que sorprende siendo una película firmada por Irving Pichel –una personalidad de conocidas filiaciones progresistas, años después represaliado en la “Caza de Brujas” de McCarthy-, ya que su cine en líneas generales se caracterizaba por su apelmazamiento y teatralidad. Afortunadamente, no es este el caso, ya que dentro de su alcance más o menos cotidiano, THE MAN… posee una loable ligeraza –acentuada por una ajustada duración de poco más de setenta minutos-, que va aparejada a una capacidad de observación bastante notable, erigiéndose en su conjunto como una mirada aguda y lo suficientemente reveladora del estado de las cosas expresado en su argumento. Una propuesta que muestra el alcance ante una situación atroz de la que los actuales espectadores conocemos su alcance último, pero que deviene una perspectiva indudablemente clarividente en 1940, aunque la película se remonte a 1938. En sus imágenes, se inclina a mostrar los estragos causados contra los checos, al tiempo que analizará la capacidad de alienación y anulación de la voluntad del individuo, que el régimen nazi alentó como elemento base para fortalecer su régimen entre la sociedad alemana de aquellos años. Ojala la película se hubiera equivocado en el diagnóstico.

 

Sin embargo -y es un mérito que cabría atribuir igualmente a la historia breve de Oscar Schisgall que le sirve de base, transformada en guión cinematográfico de la mano de Oliver H. P. Garrett-, lo cierto es que THE MAN… interesa desde sus primeros fotogramas, introduciéndonos en un contexto de comedia elegante que, de manera progresiva –pero siempre sin subrayar o deformar el contexto de la acción-, nos irá introduciendo en un marco de creciente horror cotidiano. Todo ello a través del inicialmente inofensivo viaje que realizarán a la Alemania de 1938, el matrimonio formado por Carol (Joan Bennett) y Eric Hoffman (Francis Lederer). Ella es una conocida crítica de arte que decide acompañar a su marido, alemán de nacimiento que regresa a su país para arreglar unos asuntos familiares de negocios. Carol se tomará tal desplazamiento como una oportunidad para vivir unas vacaciones en compañía del hijo de ambos, aunque muy pronto advertirá los primeros síntomas de que algo marcha mal en territorio alemán. El hermano de un filósofo apresado en un campo de concentración les pedirá ayuda entregándoles un dinero con el que podrían intentar alcanzar su libertad; en el viaje en tren encontrarán a un pasajero que se mostrará crítico a las consignas que Eric va leyendo en los periódicos alemanes; a la llegada a la estación una pequeña huída del hijo de ambos hará visible el dominio de las fuerzas militares allí asentadas. De manera paulatina pero inescrutable, el matrimonio Hoffman irá comprobando el horror de una sociedad que en su vida diaria ha asumido como norma las consignas del régimen. El saludo obligado con el brazo en alto, las referencias al “Partido”, los controles militares nocturnos, la sensación de estar constantemente vigilado, incluso en el interior de tu propia casa, serán elementos que vivirá con creciente inquietud Carol, mientras observa con inquietud como su marido se deja progresivamente dominar por ese panorama de falso sentimiento patriótico –en el que tendrá bastante que ver el adoctrinamiento constante que le brindará una antigua amiga familiar –Frieda (Anna Sten)-. Pronto la esposa de este comprenderá que se encuentra en un círculo dominado por el seguimiento de las consignas del III Reich, y en el que solo encontrará un oportuno aliado en la figura del periodista Kenneth Delane (Lloyd Nolan). Con él descubrirá que el filósofo al que quería ayudar ha muerto en un campo de concentración, debido a una hipotética y poco creíble apendicitis –pocos después sabrán que este se había extirpado el apéndice hacía dos décadas-, al tiempo que vivirá con verdadero asco las vejaciones que en las calles proporcionaban los alemanes contra los checos. Evidentemente, para la sofisticada americana, era ya lo máximo que podía presenciar. Pero llegará el momento de asistir a una de las convenciones hitlerianas, en donde Eric se desvelará como furibundo seguidor de las tesis nazis, planteándose poco después entre los dos las posibilidad del divorcio –Eric se ha convertido en un auténtico pelele de Frieda-, y en ello se plantea la cuestión de la potestad del pequeño, que su madre desea retorne a América con él. El esposo se negará a ello, obligando a intervenir al juicioso padre de este -interpretado por Otto Krugger, en un rol similar al encarnado por Frank Morgan en la ya citada THE MORTAL STORM-, revelando a los presentes el hecho de que la madre de Eric era judía. Este anuncio dejará al furibundo nazi totalmente indefenso, mientras que Frieda lo abandonará repentinamente. En ello, el padre le dirá; “Vas a sufrir mucho, y ello te dará la medida de lo que habéis venido haciendo hasta este momento”, permitiendo que el hijo de ambos retorne a USA de la mano de su madre.

 

Un relato de notable interés, que bajo mi punto de vista alcanza mayor vigencia en su denuncia de las atrocidades nazis, a las que se introduce con una mirada inicialmente conciliadora, aunque pronto provista de perversos detalles que muestran la realidad de un país sometido incluso en la cotidianeidad de su vida privada –ese hijo pequeño que denuncia a su propio padre, ya que porta a su hijo mayor, herido por los nazis-. Pero por encima de todo, uno se queda con las afirmaciones que el periodista Delane manifestará a Clara, al decirle que esta guerra finalmente se perderá, pero que costará mucha sangre. Será el fragmento más revelador del film, en un pasaje de conversación distendida, a través del cual en pocas palabras de carácter premonitorio, la terrible realidad de la inminentemente II Guerra Mundial. Es por ello, que no dudo en valorar las notables cualidades del conjunto, situándola por encima de la apreciable, esquemática y posterior HITLER’S CHILDREN (1943. Edward Dmytryk)

 

Calificación: 3

30/07/2009 03:21 thecinema #. Irving Pichel

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