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SCOOP (2006, Woody Allen) Scoop

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Después de haber podido presenciar la casi totalidad de sus películas, y sin dejar de reconocer la singularidad y personalidad de su cine, lo cierto es que si tuviera que elegir un rasgo que predominara en la obra de Woody Allen sería el de la irregularidad. El propio director / guionista / actor ha sido siempre consciente de ello –no se si afirmando esta circunstancia con auténtica sinceridad-, pero lo cierto es que en una copiosa filmografía que se desarrolla prácticamente  a un título por año, se han alternado títulos brillantes con otros menos afortunados en su obra con bastante mayor asiduidad de lo que afirman sus incondicionales. Y a la hora de señalar dichas carencias, creo que estas se centran en dos rasgos muy concretos, que por otro lado no resultan en exceso novedosos; las debilidades cinematográficas que generalmente se adueñan de su cine, y junto a ello el confiar demasiados de sus títulos en función de una presunta “idea brillante”, a partir de la cual se han exteriorizado propuestas claramente hinchadas en sus reales posibilidades.

 

Pues bien, cuando parecía que Allen había mostrado en su traslado cinematográfico a Londres, iniciando un periodo en el que numerosos tics de su cine desaparecían, dando paso a un planteamiento más sombrío y, sobre todo, a un mayor vigor específicamente cinematográfico, manifestado en la magnífica MATCH POINT (2005) -probablemente la película mejor rodada de toda su obra-, el sempiterno fantasma de la irregularidad apareció en su filmografía. De nuevo el fácil recurso a presuntos diálogos ingeniosos, a “ideas ingeniosas de partida”, a la propia, estereotipada y ya cansada presencia del propio Allen como actor o a las gastadas representaciones de la muerte, son conocidos elementos que retornan a la obra alleniana, en este caso mostrando el desgaste de su presencia y, sobre todo, dotando a SCOOP (2006) de una molesta sensación déjà vu, que muy pronto me provocó el desinterés como espectador, hasta considerarla como uno de los títulos más prescindibles de su filmografía.

 

En esta ocasión, Allen –acabado como intérprete cómico- es un mago llamado Sid que se encuentra en pleno show con una estudiante de periodismo –Sondra (Scarlett Johansson)-, quien al ofrecerse voluntaria para participar en uno de de sus números, acusará el inesperado encuentro con el fantasma de un conocido periodista británico que acaba de fallecer. Este le brindará una serie de datos que permiten situar la identidad del denominado “asesino del tarot”, en la persona del joven y atractivo Peter Lyman (Hugh Jackman). Será una inquietud que Sondra avivará, intentando para ello apelar a la ayuda del veterano mago, y acercándose paulatinamente al entorno del irresistible Lyman, con quien poco a poco se verá ligada emocionalmente. Sin embargo, muchas veces las cosas no son como parece, y aunque el acaudalado sospechoso poco a poco se vea alejado de los indicios que le ligan a dichos crímenes, quizá albergue un oscuro resquicio en su aparentemente intachable apariencia existencial.

 

Nadie puede dudar que SCOOP marca una clara ligazón con el título que antecede y al que precede en la filmografía de su realizador, insertando ambos reflexiones llenas de lucidez en torno a la amoralidad inherente a la condición humana o a la lucha de sensaciones planteadas en cualquier individuo, contraponiendo el seguimiento de unos determinados senderos de ética en una lucha constante en torno al irresistible sendero de la ambición en cualquiera de sus vertientes. Son facetas estas, que caracterizan tanto la mencionada MATCH POINT y la posterior e incomprendida CASSANDRA’S DREAM (El sueño de Casandra, 2007), y que se pueden detectar asimismo en esta aparentemente festiva y presumiblemente divertida producción que Allen plantea con un sentido casi alimenticio. Entre ambos títulos existen no obstante sustanciales diferencias, centradas de manera muy especial en la desventaja que el título que nos ocupa ofrece en función de los dos referentes señalados. Si MATCH POINT sorprendió incluso a los fervorosos de Allen en función del rigor de su puesta en escena, y CASSANDRA’S… planteaba un desarrollo narrativo impecable, en esta ocasión nos encontramos con una comedia dramática que parece recuperar los peores rasgos del cine de su autor, ofreciendo un discurrir sorprendentemente plano, un montaje cansino y recurrente, una dosificación de secuencias caracterizadas por una sorprendente ineficacia como elementos de tensión –ejemplo de ello lo tenemos en los momentos en los que Sondra y Sid buscan algún indicio de culpabilidad en el recinto de seguridad en el que Lyman guarda valiosos objetos artísticos-. En algunos instantes la película se inclina por esa sensación de desaliño que nos retrotrae a los títulos a mi juicio menos atractivos del realizador –MIGHTY APHRODITE (Poderosa Afrodita, 1995), MANHATTHAN MURDER MISTERY (Misterioso asesinato en Manhattan, 1993)…-, y llega a hacerse molesta en la medida que Allen parece no sentirse en ningún momento ligado a la historia que narra, auspiciando una sucesión de secuencias sin progresión dramática, y quedando absolutamente periclitada como comedia, uno de cuyos elementos más irritantes suponen precisamente los diálogos pronunciados por el mago interpretado por el propio Allen, dominados por su estéril ingenio. No dudo que siguen existiendo legiones de seguidores de estas pretendidas muestras de agudeza argumental, ante lo que para mi deviene una historia solo muy ocasionalmente efectiva, y que cierto es que en sus veinte minutos finales alcanza ese tinte de eficacia hasta entonces ausente en la función. Será en ese fragmento de clausura donde de alguna manera observamos como la película logra trasladar a la pantalla una cierta efectividad en su planteamiento. Lo hará tanto a nivel puramente de escritura cinematográfica –ese giro que logra transformar la base argumental hasta entonces existente, acertando en el modo de mostrar el alcance tragicómico del relato-, como en el de su propia plasmación visual –el divertido off que preside el fatal accidente que sufre el veterano mago, cuando viaja para salvar a la joven reportera-. Sin embargo, incluso en ese episodio final en el que la película logra levantar el vuelo, se plantean situaciones absolutamente previsibles y de escaso fuerza dramática –la “inesperada” aparición final de Sondra ante el atribulado Peter-.

 

Hay un elemento que a mi modo de ver, subraya notablemente las limitaciones en el alcance de la eficacia de SCOOP. Me refiero con ello a la triste interacción de uno de los peores casts de la obra alleniana. Un reparto en el que el propio director demuestra no estar ya con condiciones para aparecer delante de la pantalla, pero en el que compiten en su escasa fortuna la bochornosa Scarlett Johansson y un pétreo Hugh Jackman, mostrando su escasísima fortuna para la comedia. Todo ello completa un título pequeño en ambición y –por que no decirlo- efectividad, sorprendente no dentro de una mirada conjunta en la andadura de su director, pero sí al estar ubicada en un pequeño contexto carcterizado por una sorprendente riqueza.

 

Calificación: 2

13/09/2009 17:46 thecinema #. Woody Allen

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