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MY GEISHA (1962, Jack Cardiff) Mi dulce geisha

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Junto a la aportación de los grandes exponentes del género en aquellos pródigos años sesenta para la comedia norteamericana –Donen, Lewis, Tashlin, Lewis, Quine, Edwards, Minnelli-, se destilaron otras propuestas quizá no rotundas en sus logros, pero a las que el hecho de estar firmadas por realizadores menos conocidos –o prestigiados, táchese lo que no proceda-, perjudicó en su valoración final. A partir de ese grado de prejuicio es más que probable que se escoraran ejemplos quizá no rotundos, pero en no pocas ocasiones provistos de un cierto grado de interés. Serían muchos los ejemplos a señalar, pero a la mente me vienen casos como el de SUNDAY IN NEW YORK (Un domingo en Nueva York, 1963. Peter Tewksbury) o ANY WEDNESDAY (Cualquier miércoles, 1966. Robert Ellis Miller). Pequeñas delicias –o bibelots, como en su momento se bautizaron-, que con probabilidad resultan bastante más interesantes que la mayor parte de los grandes éxitos del género en nuestros días. Y precisamente al citar el primero de los dos ejemplos señalados, lo hago a propósito para traer a colación el nombre de Norman Krasna (1909 – 1984), uno de los más grandes comediógrafos surgidos en USA en el siglo XX, varias de cuyas obras fueron trasladadas a la pantalla, e incluso a cuyo formato cinematográfico ofreció no pocos guiones creados expresamente para el formato cinematográfico.

 

Como pudo suceder en Inglaterra con el ejemplo de Terence Rattigan, la obra de Krasna fue muy pronto despreciada al considerar en ella una sumisión a ciertos modos burgueses y conservadores, obviando en esa despreciativa consideración la capacidad para plantear conflictos y la pintura de personajes y matices que logró plantear en sus creaciones. El propio autor se quejaba con cierta amargura de esa escasa valoración, en la entrevista que concedió a Pat McGuilligan e inserta en el primer volumen de la extraordinaria Backstory. Era muy fácil orillar el alcance de la obra de un autor que siempre versó en sus creaciones teatrales y cinematográficas el conflicto de los equívocos en la identidad, describiendo sus argumentos generalmente en ambientes burgueses o acomodados. Con estos referentes, y teniendo en cuenta que esos elementos en teoría acomodaticios, no podían resultar de fácil asimilación ante una crítica incómoda ¿Cómo podemos siquiera intuir que una película como MY GEISHA (Mi dulce geisha, 1962), realizada además por un hombre prestigioso en su condición de operador de fotografía, pero poco apreciado como mettre en scène, podía siquiera gozar de la más mínima atención?

 

Eso sucedería para los que optaran por el camino de la comodidad, ya que nos encontramos ante una estupenda comedia dramática, que sabe orillar por los meandros de ambas vertientes cinematográficas, y en la que además se detecta la comprensión que Cardiff supo extraer del complejo material dramático que –bajo sus apariencias festivas y cercanas al vodevil- le planteó Krasna. Y es que pese a no resultar nunca un realizador mínimamente reconocido, Jack Cardiff se responsabilizaba de MY GEISHA tras haber filmado la que a mi modo de ver resulta una de las obras maestras del cine británico –SONS AND LOVERS (1960), extraordinaria adaptación de la obra de D. W. Lawrence-, y estoy convencido que en su filmografía –compuesta por catorce películas- se encuentran algunos otros exponentes de interés. No se trata ahora de realizar un panegírico de la aportación de Cardiff como director, pero sí para intentar situar en su justo lugar una extraña comedia que unida a las características antes señaladas, se erige como una curiosa y nada desdeñable aportación del conocido subgénero de “cine dentro del cine”, por otra parte tan recurrente en aquellos primeros años sesenta.

 

Paul Robaix (Yves Montad) es un entusiasta director cinematográfico que hasta el momento se ha inclinado por la comedia, en una serie de títulos siempre protagonizados por su esposa, la conocida estrella del género Lucy Dell (Shirley MacLaine). Pero en esta ocasión Robaix desea modificar su registro habitual, rodando en Japón una adaptación de Madame Butterfly, para lo cual desea desplazarse hasta el país nipón, y al mismo tiempo renunciar a la presencia de su mujer en el reparto, prefiriendo contar con actrices del propio país. La idea provocará el escepticismo del productor Sam Lewis (un estupendo Edward G. Robinson, salido del rodado de TWO WEEKS IN ANOTHER TOWN (Dos semanas en otra ciudad, 1962. Vincente Minnelli), pero más aún la ira del jefe del estudio, quien no está dispuesto a financiar la película sin contar en ella con su estrella más popular, por lo que reduce drásticamente los dos millones de dólares solicitados por Robaix.

 

Una vez este se desplaza a Japón realizará las localizaciones pertinentes, familiarizándose con el conglomerado humano de dicho país y también su cultura y tradiciones. Al mismo tiempo, Lucy viajará de incógnito hasta el lugar donde su marido está preparando la película, llegándose a ataviar y maquillar de forma perfecta, pareciendo una más de las múltiples geishas existentes en la ciudad. Desde el primer momento, Lucy aparecerá ante Paul como la geisha perfecta para encarnar al personaje protagonista, siendo seleccionada finalmente para dicho cometido. Ello supondrá un doble motivo de satisfacción para Sam, quien con la presencia de Lucy asegura la inversión necesaria para el proyecto, mientras que para la actriz le permitirá ser admirada por la incorporación de otros registros más dramáticos. Será tanta la capacidad de convicción que pone en práctica Lucy al encarnar a su alter ego llamado Yoko Mori, que incluso llegará a fascinar a la estrella protagonista de la función, Robert Moore (Bob Cummings), que en un momento de especial euforia deseará abiertamente casarse con la muchacha. Por fortuna, Paul siempre tratará a su estrella con cariñosa distancia, hasta que un día –prácticamente a punto de culminar el rodaje-, un problema puntual sobre los negativos de unas tomas, le revelarán que la tan eficaz Yoko Mori, en realidad es su esposa. Solo comentará esta circunstancia con su fiel amigo Lewis -que estaba al tanto de todo-, planteándose en el hasta entonces primordial tono de comedia, un alcance dramático que no abandonará la película hasta su conclusión. Es en este fragmento, donde Robaix ruega a Sam que no le comente a ella el apercibimiento que ha tenido, intentando vengarse con su esposa al propasarse en una visita a su alter ego japonés. De alguna manera, intentará que Lucy rompa la imagen idílica que mantiene sobre su esposo, ya que este se siente absolutamente humillado, al no haber comprendido su esposa que con esta película él se tenía que realizar como director de cine. En definitiva, la impresión que saca de la actitud de su esposa, es que para ella tiene una mayor importancia su carrera, antes que el mantenimiento de un matrimonio envidiado por todos.

 

Podría entenderse tal disquisición como un alegato más o menos reaccionario o conformista, pero creo que la película sabe ir más allá de esa simpleza inicial, plasmando el dolor que sienten dos personas que necesitan del arte cinematográfico como catalizador de sus inquietudes artísticas –uno como director y otra como actriz-, e intentando que estas no sirvan como elemento distanciador. Se trata de un tema que, en esta ocasión basado en el mundo teatral, tuvo su equivalente cinematográfico con la casi desconocida CRITIC’S CHOICE (1963, Don Weiss). Y será en esos fragmentos finales, donde MY GEISHA alcanza su más alta cota de emotividad. Algo acentuado por la elegancia con la que Cardiff planifica las secuencias utilizando con presteza el formato panorámico, y teniendo como refuerzo dramático la filmación de la secuencia final, rodada en sí misma con una fuerza dramática admirable, que al mismo tiempo deja entrever el drama que se siente entre el esposo director y la mujer estrella. Con certeza, en pocas ocasiones esa trasposición del “cine dentro del cine”, ha llegado al alcanzar tal grado de sentimiento compartido.

 

Es el mismo sentimiento que albergaremos al contemplar la reacción del público en el estreno de Japón de la película, en donde previsiblemente Lucy iba a aparecer vestida de geisha, y en teoría en aquel momento su esposo advertiría el equivoco. Tras la proyección de la película, los asistentes a la premiére brindarán una ovación de gala a su director, quien acogerá los aplausos con amable frialdad, esperando contemplar el “numerito” de su esposa. Sin embargo, esta finalmente aparecerá con su auténtica personalidad, anunciando a todos que Yoko Mori ha ingresado en un convento. El gesto devolverá la esperanza a Paul en la continuidad de su vida en común con su esposa... al tiempo que imposibilitará al inefable Moore que se case con ese personaje que ya quedó para siempre encerrado entre las pantallas de la ficción cinematográfica.

 

Otro elemento a mi modo de ver de notable interés en la película, lo supone asistir a la filmación de un tipo de cine tan popular en Hollywood pocos años antes; el que atañe a problemáticas interraciales existentes en zonas asiáticas y que tuvo su esplendor a finales de la década precedente. Como buen director de fotografía que fue Cardiff, y aunque no se hizo responsable de tal tarea en esta película, lo cierto es que se nota en la misma la fascinación que le proporciona el Japón tradicional. Es algo que  quedará bastante claro en no pocos momentos, y que tendrá una visión entre distanciada y admirativa, al plasmar todas estas secuencias que supuestamente servirán para la película planteada por los protagonistas, con un grado de exquisitez  y sensibilidad, que en modo alguno podrían desdecir de cualquier de este tipo filmada por un director como Henry King, y en el que la aportación del compositor Frank Waxman ofrece un elemento en modo alguno prescindible.

 

En definitiva, MY GEISHA tiene a priori la definición de suponer una simple comedia al servicio de la entonces emergente Shirley MacLaine. Aunque así fuera su punto de partida, finalmente su resultado nos permitió asistir a una de las más extrañas comedias melodramáticas de aquel tiempo, uniendo en su propuesta una visión nada complaciente del propio engranaje cinematográfico y una mirada revestida de respeto, sobre todos aquellos tópicos que forjaron la abundancia de producción USA en tierra japonesas en aquellos años. Como se puede comprobar, la aparente banalidad de la propuesta esconde en sus vértices una de las más insólitas propuestas del género filmadas a inicios de los sesenta, y a la cual quizá solo determinados pasajes dominados por cierta ausencia de ritmo, le impiden alcanzar cuotas mayores de interés.

 

Calificación: 3

07/12/2009 19:53 thecinema #. Jack Cardiff

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