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GRAN TORINO (2008, Clint Eastwood) Gran Torino

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Más allá de valorar sus cualidades –no me cabe duda que nos encontramos ante una excelente película, digna del mejor cine de su autor-, lo que más se vislumbra en GRAN TORINO (2008) es el hecho de suponer –aún que ya haya estrenado otro film con posterioridad – INVICTUS (2009)-, tenga a punto de estreno HEREAFTER (2010), o incluso pueda filmar algunos otros títulos; esperemos que los máximos posibles-, en sus imágenes se atisba la condición de auténtico testamento, sino cinematográfico, si existencial, de este lejano actor de series televisivas, convertido de la noche a la mañana en estrella del western de la mano de Sergio Leone, transformado años después en un agente de tintes poco ortodoxos –en su momento calificados como fascistas-, mientras que ya en aquellos primeros años setenta, inició de forma tímida su andadura como realizador, sin llamar la atención, sin ser tampoco muy atendido, hasta que a mediados de los ochenta su cine –a partir de BIRD (1988)- comenzó a ser atendido y respetado. Desde entonces, su obra no siempre ha alcanzado los niveles que se pretenden –como cualquier otro cineasta que se precie-, pero lo cierto es que en los últimos quince años ha dejado la estela de una serie de obras que emergen en bastantes casos entre lo mejor legado por el cine norteamericano de este periodo.

 

Pero más allá de citar títulos que se encuentran en la memoria de todos –y del que nunca me cansaré de citar el poco recordado MIDNIGHT IN THE GARDEN OF GOOD AND EVIL (Medianoche en el jardín del bien y del mal, 1997) como mi preferido-, lo cierto es que quizá nunca como en este GRAN TORINO, marca la inexorable sombra de la cercanía de su desaparición. Un punto y final no solo de su cine, sino del propio personaje cinematográfico que ha ido configurando con el paso del tiempo, reforzando esa aseveración con una mirada provista de ese escepticismo que el cineasta ha insuflado a sus obras más personales. Profundo conocedor de los recovecos del alma humana y, sobre todo, admirablemente dotado para trasladar cinematográficamente todas esta enorme gama de matices, el ya veteranísimo intérprete de Harry Callahan anunció que esta sería su última aparición cinematográfica como actor –un detalle que estimo tienen un notable calado a la hora de destacar el aspecto personal que GRAN TORINO supone en su trayectoria-.

 

Una interpretación por cierto magnífica que, más que en el propio registro del actor, se basa en su rostro gastado y rugoso, en ese semblante revestido de escepticismo –e incluso mal genio-, encarnando al ya anciano Walt Kowalski, un inmigrante polaco por completo integrado en la vida norteamericana, que acaba de perder a su esposa. La película se iniciará en la celebración de sus funerales, describiendo con agudos y mordaces apuntes el contraste de la mirada de nuestro protagonista, con el de los familiares que asisten a la ceremonia, e incluso la visiones del sacerdote –el Padre Janovich (Christopher Carley)-. Todos ellos son contemplados con abierta hostilidad por un hombre cerrado en un mundo interior, del que quizá solo su esposa le pudo permitir momentos de felicidad, aunque sea tras el momento de su ausencia cuando ante su mente se acumulen una serie de recuerdos –que en la pantalla aparecen solo intuidos- y que se centran en su pasado luchando en la Guerra de Corea. Sumemos a ello la abierta hostilidad que le produce convivir con vecinos chinos, la persuasiva intención del joven sacerdote para que este se confiese –era una petición que su difunta esposa le formuló al joven pastor- o la intención de sus hijos de internarlo en una lujosa residencia de ancianos. Todos ellos serán elementos que acentuarán su sensación de ser el representante de un mundo que ya pertenece al pasado, por lo que en realidad nada le liga a la vida, aunque tampoco ofrezca señales abiertas de renunciar a la misma.  Es más, no podrá evitar que se detecten señales que indiquen que su final se encuentra próximo –esas toses acompañadas por manchas de sangre, los análisis médicos que se realiza- y, en medio de dicho contexto vital, de tan corto alcance como casi nulos alicientes –el único, quizá, la presencia de su fiel perro-, un suceso servirá para introducir un nuevo aliento a una vida que está ya casi a punto de extinguirse en medio de la inmensidad de una sociedad urbana, alejada por completo de sensibilidad con aquellos que forjaron su pasado más o menos reciente –en algunos momentos, GRAN TORINO me trajo ecos del excelente MAKE WAY FOR TOMORROW (1937) de Leo McCarey-. Este será el intento de robo de un Gran Torino, un auto de inicios de los setenta que salvaguarda Kowalski desde inicios de los setenta, y que se encontrará a punto de ser sustraído por el chino Thao Vang Lor (estupendo Bee Vang). Se trata de un joven componente de la familia vecina de nuestro protagonista, que ha sido sometido a prueba por una banda de delincuentes con los que mantiene incluso contactos familiares, pero que el azar acercará a este viejo huraño, quien sin sospecharlo se acercará a esa cultura diferente que poseen esos vecinos que siempre ha despreciado.

 

En realidad, GRAN TORINO marca la historia de una redención. La búsqueda de un hombre anciano y atormentado por acontecimientos que vivió hace décadas en el conflicto bélico antes señalado, y que pese a la vivencia de una vida conyugal que se presumió apacible –y en la que igualmente se intuye que el papel de su difunta esposa fue determinante para hacer más llevadera la existencia de su esposo-, a la muerte de esta sus infiernos personales han vuelto a emerger, encontrando una oportunidad para ofrecer la última vuelta de tuerca a una existencia que ya intuye próxima a extinguirse, ofreciendo su sacrificio a una colectividad que le ha ofrecido su cariño, y que sin su mediación, estaría condenada a una muerte segura. A partir de esos parámetros, ayudado por una fotografía en esta ocasión de tonos más tenues y ásperos que en otros de sus títulos, Eastwood logra un relato sencillo en su aparato externo, pero dominado por una notable densidad en el trazado interior, tanto de sus personajes como los hechos que en ella se describen. Además de todo ello, -y es algo que muchos comentaristas han detectado-, lo cierto es que la película permite una visión reversible de ese personaje que durante tanto tiempo encarnó Eastwood en diferentes películas, en esta ocasión sustituyendo el disparo de las pistolas por un simple chasquido de sus ya ancianos dedos.

 

GRAN TORINO adquiere tintes de tragedia, pero al mismo tiempo ofrece motivos para la esperanza –expresados incluso en ese plano de grúa que se eleva sobre el cuerpo inerte de su protagonista-. Hay en sus imágenes un aroma elegíaco ante un modo de concebir la vida que ya pertenece al pasado, aunque con ello no se orille una mirada cómplice hacia una esperanzada visión de una existencia auténtica, desprovista de sofisticaciones, y en la que quizá esa visión de una convivencia con representantes de otras etnias que son ya parte activa de la Norteamérica de nuestros días, supone sin duda una apuesta clara del cineasta –retomada de la idea de Dave Johansson y Nick Schenk, llevada como guión por parte de este último-, a una nueva visión de la convivencia entre pueblos. Algo que podría resultar impensable en periodos anteriores de su cine, aunque ya se manifestaba en propuestas anteriores. Sin embargo, lo importante, lo que cabe resaltar de nuevo, es que Clint Eastwood sigue siendo uno de los cineastas mayores de nuestro tiempo. En un año en el que rodó la también excelente CHANGELING (El intercambio, 2008), demuestra por un lado versatilidad y unidad de estilo con respecto a este otro título. Cierto es que la película que comentamos aparece con perfiles más ásperos, menos complacientes, pero no es menos evidente que en sus instantes finales, la emoción –y en mi caso, las lágrimas-, aparecen en esos minutos finales de la película. Siempre de manera noble, una vez más apelando a la lógica de un relato que sabe delimitar con justeza, dotándolo de una capacidad para el detalle y al mismo tiempo la sencillez, que han convertido este magnífico GRAN TORINO, en una de las mejores propuestas rodadas en 2008.

 

Calificación: 4

27/07/2010 21:13 thecinema #. Clint Eastwood

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gravatar.comAutor: santi

me gusta mucho gran torino , clint eastwood el ultimo director con reminiscencias clasicas , reunio un poquito de aqui y alla , y en su madurez se revelo como uno de los mas brillantes cineastas de las ultimas decadas
encasi todo su cine hay momentos gratos , pero a raiz del jinete palido a mi entender su cine se hace maduro y pese a tener altos y bajos , mas altos que bajos la calidad de sus peliculas no hace mas que crecer
en gran torino el hace una esplendida interpretacion , la peli no deja de ser extraordinaria en ningun momento , la relacion de cobalski con los inmigrantes chinos tambien esta muy bien metida en la historia, y gracias a dios despues de iwo jima y demas que todavia no me moleste en ver , eastwood tenia fuelle para the changeling o gran torino extraordinarios filmes de un cineasta enamorado del cine , de un clasico en vida , de un hombre que jamas nos defrauda.

Fecha: 29/04/2012 23:51.


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