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CINEMA DE PERRA GORDA

CHINA DOLL (1958, Frank Borzage)

CHINA DOLL (1958, Frank Borzage)

El paso del tiempo y mi propia experiencia como aficionado, me ha permitido percibir un subgénero que gozó de una notable popularidad en el cine norteamericano de la segunda mitad de los cincuenta y primeros sesenta; los dramas interraciales desarrollados en tierras orientales. Esa misma efímera popularidad se fue transformando, con el paso de pocos años, en una considerable desafección, condenándose casi en grupo obras procedentes de cineastas tan dispares –y valiosos- como Henry King, Richard Quine, Joshua Logan o incluso Frank Tashlin –que rodaría su obra cumbre al amparo de una comedia con dicho trasfondo-, y que se extendería a otros menos regulares como Jack Cardiff. Quizá algo que no se ha valorado con el paso del tiempo, es reconocer que ese contexto temático, más allá de permitir la reiteración de una fórmula de éxito comercial, permitió el caldo de cultivo a una serie de films en los que a través de la enésima adaptación de Madame Butterfly, se articularon algunas de las muestras más valiosas de una nueva concepción del melodrama cinematográfico, que prácticamente sucumbiría como tal género en la segunda mitad de los sesenta.

 

Hacía una década que Frank Borzage no había acometido la realización de ningún film –inmerso en la comodidad de su práctica del golf y con creciente desapego por los modos que se imponían en el cine de su país-. Tan solo había probado fortuna televisiva y había aparecido en un pequeño papel interpretándose a sí mismo en JEANNE EAGELS (1957, George Sidney), hasta que encontró un guión que encontraba cercano a su mundo expresivo y temático, logrando el apoyo a nivel de producción de la firma que comandaba John Wayne –Batjat Productions-. Fruto de este contexto, surge CHINA DOLL (1958). Se tratará de una inusual propuesta –como por otro lado lo fueron buena parte de sus películas-, que personalmente no dudaría en clasificar como una extraña, imperfecta, pero estimulante mixtura entre las constantes del cine de su autor, y unos modos de comedia y melodrama, que ya se encontraban puestos en práctica con éxito en aquel contexto de finales de los cincuenta.

 

La acción se desarrolla en 1943 en territorio chino, donde se encuentra operando un comando aéreo comandado por el capitán Cliff Brandon (Victor Mature). Brandon es un hombre austero –más adelante descubriremos su orfandad desde temprana edad-, el clásico ser solitario que se ha representado en tantas y tantas películas, en no pocas ocasiones encarnado por Humphrey Bogart. De la noche a la mañana, nuestro protagonista se verá ligado a Shu-Jen (Li Hua Li), una joven oriunda que ha comprado a su padre en sus servicios cuando se encontraba borracho. Al despertar de su borrachera deseará huir de la indeseada situación y desligarse de la muchacha. Las circunstancias le harán tener que asumir –aunque con renuencias- ese contrato de tres meses que ha comprado al padre de la nativa, acostumbrándose poco a poco a esta compañía, que incluso sus súbditos vivirán con agradecimiento, al comprobar como su carácter se ha ido suavizando. Sin embargo, será en el momento en el que nuestro protagonista sufra una malaria, cuando se exteriorice por vez primera el sentimiento amoroso que hasta entonces se ha mantenido latente entre los dos, desembocando en el embarazo de la joven. El nuevo contexto culminará en la boda entre ambos, aunque no permita el disfrute de la condición de la recién consolidada pareja, ya que ambos se mantendrán alejados a consecuencia del recrudecimiento en los combates, obligando al militar a situarse en línea de combate. El momento de su definitiva y efímera reunión, será el inicio de la tragedia que, como siempre en el cine de Borzage, supondrá la ascesis del sentimiento amoroso, trascendiendo en el tiempo por medio de la hija de ambos.

 

Es probable que cualquier descripción de la base argumental de CHINA DOLL, pueda inducir a la previsión de un título convencional. Hay que reconocer incluso que su desarrollo cinematográfico posee ciertos altibajos, que los personajes secundarios del comando de aviadores están escasamente definidos -discurriendo con peligro en la senda del estereotipo durante todo su metraje-, o incluso que la presencia de Victor Mature al frente del reparto no sea el mayor aval de la misma –aunque se encuentre más soportable que de costumbre-. En cualquier caso, muy pronto Borzage logra a invertir este cúmulo de imponderables, imponiendo los rasgos de su estilo y su exquisita sensibilidad a un relato que en otras manos estaría condenado al fracaso más absoluto. Para ello, contaría de manera muy especial con dos notables aliados, como son en primer lugar su director de fotografía William H. Clothier, y por otro el responsable de su banda sonora, el apenas conocido Henry Vars. Con el primero aportará al relato una extraña textura, a través de un blanco y negro que brindará al conjunto un notable intimismo. Por su parte, las sintonías del film contribuyen de forma destacada a complementar las intenciones del realizador, incidiendo en la condición esencial del melodrama –melo – drama, como su propio nombre indica-. Y esto nos llevaría a adivinar el fondo que se esconde tras esta extraña y atractiva película. Una definición que entronca su configuración como una propuesta que podría ir escorada de forma abierta a un drama extremo pero que, por el contrario, es expuesto por Borzage con una constante interacción con la comedia. No cabe duda que es algo que el realizador había puesto en práctica incluso en su periodo silente, pero en esta ocasión queda inserto en un contexto muy cercano a los nuevos modos que el género estaba implantando en el cine norteamericano, realizadores como Richard Quine, Blake Edwards o Stanley Donen. Es así, como la hermosa secuencia de la boda por el rito chino, por momentos parece resultar heredada de títulos como OPERATION MAD  BALL (1957) de Quine o la posterior OPERATION PETTICOAT (1959) de Edwards –rodadas en aquellos años-, el bello epílogo –ubicado temporalmente en 1957- parece heredado del planteamiento de la magnífica IT’S ALWAYS FAIR WEATHER (Siempre hace buen tiempo, 1955. Stanley Donen y Gene Kelly), e incluso la presencia del personaje del veterano sacerdote encarnado brillantemente por el veterano War Bond, por momentos nos remite al mejor cine de John Ford o Leo McCarey –dos cineastas cuyos estilos estaban claramente ligados con los de Borzage-. Todos estos factores, acabaron  proporcionando a la película una insólita textura, una definición que por completo escapa del marco genérico que podía preludiar su apariencia externa. En realidad ¿No es algo que el realizador asumiera por completo en buena parte de su cine, trascendiendo el contexto de los géneros tradicionales, para intercalar en ellos su visión del mundo tamizada por su eterna apuesta del amor como motor de la existencia?

 

No era la primera ocasión en la que el gran realizador de 7th HEAVEN (El séptimo cielo, 1927) se limitara a un ámbito que quizá le resultara extraño en apariencia, para reafirmar a través suyo esas maneras cinematográficas que le hicieron célebre, y que se manifestarán en no pocos momentos del film, teniendo quizá su expresión máxima en la maravillosa secuencia en la que Shu-Jen se acerca al enfermo Brandon –que se encuentra delirando en la cama; el recuerdo con la lejana THE RIVER (Torrentes Humanos, 1929) resulta pertinente-, mientras la cámara asciende en panorámica hacia una ventana que nos muestra la tormenta que discurre en el exterior –clara metáfora visual del estallido de sentimientos que vivirán nuestros protagonistas-, fundiendo a una misma imagen de dicho exterior ahora soleado y en calma. Es en la manera en la que incorpora los primeros planos, en la dirección de actores, en la sutileza con la que intercala drama y comedia, donde se encuentra esa llave secreta para expresar sentimientos y emociones a través de la imagen, que Frank Borzage aún dominaba como pocos. En realidad, el que sería su film testamentario, parecía preludiar un nuevo periodo en su cine. Lamentablemente no fue así, impidiendo aquel cine norteamericano en fase de rápida transformación, poder contemplar más muestras del talento y la sensibilidad de uno de sus grandes realizadores.

 

Calificación: 3

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