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CINEMA DE PERRA GORDA

THE FOURTH ANGEL (2001, John Irvin) El cuarto ángel

THE FOURTH ANGEL (2001, John Irvin) El cuarto ángel

Tal y como está el panorama del thriller comercial en los últimos tiempos, si más no al menos se puede contemplar con simpatía un producto de las características de THE FOURTH ANGEL (2001, John Irvin) –EL CUARTO ÁNGEL en España-. El mero hecho de apreciar un producto que sin esconder sus bazas de comercialidad, plantee al menos un argumento interesante, no de pie al aburrimiento en su ajustada duración, no maree con efectismos visuales epilépticos, contenga un equipo técnico eficiente y una labor de su reparto al menos eficaz, indudablemente se agradece en unos tiempos en los que el atropellamiento narrativo, la indigencia intelectual y el ahogo visual definen buena parte de los productos enmarcados en este género.

Es por eso que la contemplación de THE FOURTH ANGEL se acepta sin demasiadas estridencias, planteadas además en un eficacísimo uso de la pantalla ancha y el atrevimiento de intentar plasmar en la pantalla una historia más o menos alejada tanto de planteamientos reaccionarios como de una tendencia a lo “políticamente correcto”, en una historia en la que se plantea la cercanía del uso de la venganza en una persona aparentemente madura en sus planteamientos democráticos.

En este caso la historia se centra en la figura de Jack Elgin (Jeremy Irons), acomodado y valiente reportero de un diario económico británico, felizmente casado y con tres hijas, que decide viajar hasta India variando su destino inicial al pretender aprovechar el mismo por motivos laborales. Lamentablemente su vuelo será interceptado por un grupo terrorista servio, que asesinará –entre otras víctimas pasajeros del avión-, a su esposa y sus dos hijas –solo le quedará su hijo como superviviente-. A partir de ahí y de la pasividad de las autoridades políticas –que dejan en libertad a dos de los secuestradores-, su mundo prácticamente se desmorona, iniciando una campaña mediática para que los dos inculpados sean capturados por la justicia. Sin embargo, ese deseo legítimo –ayudado por la ineficacia de aquellos que deberían llevar a cabo estos arrestos- muy pronto derivará en un progresivo y peligroso acercamiento al entorno de estos grupos, ejecutando él mismo a varios de estos terroristas, mientras que sin darse cuenta será sometido al caprichoso juego de ciertos políticos que solo desean recuperar el botín perdido. A partir de ahí se iniciará una investigación por parte de un agente del FBI –Jules (Forest Whitaker)- que ha acudido a Londres al ser el avión de nacionalidad norteamericana, y que con sagacidad logrará llegar hasta la implicación de Elgin en todos estos crímenes y logrará finalmente de este su colaboración para llegar hasta el esclarecimiento del caso.

Quizá la evocación sucinta de su línea argumental no pueda despejar muchas dudas sobre las previsibles cualidades de un título de estas características. En cualquier caso, más allá de su narración de tono clasicista y los aciertos de producción antes señalados, creo que la gran limitación de THE FOURTH ANGEL –y que en última instancia jamás hace que el film “despegue” de su desarrollo casi embrionario-, estriba en la pobre, conservadora y apagada mise en scene aplicada por John Irvin a lo largo de todo su metraje. No es nada nuevo en la trayectoria de este formulario realizador -caracterizado por desaprovechar historias tan interesantes a la hora de ser plasmadas en la pantalla como GHOST STORY (Historia macabra, 1981)- que se ve incapaz de otorgar tensión interna a una historia que por momentos parece tener casi la frialdad de un telefilm y en la que en algunas ocasiones el espectador alcanza la impresión de que los hechos que repentinamente se suceden, obedecen al azar y carecen de lógica cinematográfica alguna. Ese desapego y falta de pasión y el desequilibrio que se demuestra sobre todo en la apresurada y pobre resolución final del caso –que incluso desaprovecha el acostumbrado giro final-, permite que esta película se caracterice finalmente por su grisura y la triste impresión de haber contado con algunos buenos materiales de base, que no han tenido su justo y previsible aprovechamiento.

Calificación: 1’5

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