RETURN TO PEYTON PLACE (1961, José Ferrer) Regreso a Peyton Place

En no pocas ocasiones lo he señalado; el bienio formado por los años 1960 y 1961, fue el último cénit alcanzado por el arte cinematográfico. No solo en él se da cita una inigualada cosecha de obras maestras, sino que, en su conjunto, la producción mundial adquiere unos niveles de calidad que ya con posterioridad jamás se volvería a producir. Está claro que la confluencia de un periodo crepuscular de algunos de los grandes clásicos del cine, con la irrupción de las nuevas olas y, con ellas, nuevos jóvenes cineastas, proporcionaron un dinamismo generalizado de irrepetible incidencia.
Ni que decir tiene, que todo ello tendrá su lógica repercusión en el melodrama cinematográfico, que se beneficiará de manera muy especial por la definitiva derogación del código Hays y, sobre todo, un mayor aperturismo en la pantalla en la plasmación de problemáticas hasta entonces dejadas de lado y, en definitiva, una mayor franqueza sexual. Fruto de ello surgirán títulos emblemáticos como IMITATION OF LIFE (Imitación a la vida, 1959. Douglas Sirk) o, incluso en este mismo 1961, se estrenará una de las cimas del género, como es SPLENDOR IN THE GRASS (Esplendor en la hierba, 1961. Elia Kazan). Pero es que incluso dentro de la producción de realizadores ya veteranos, surgen títulos tan interesantes como apenas reseñador, como podría ser el caso del notable MARJORIE MORNINGSTAR (1957, Irving Rapper) o, incluso, en directores jóvenes y consolidados adscritos a la comedia, rodarán clásicos del género como THE APARTMENT (El apartamento, 1960. Billy Wilder), STRANGERS WHEN WE MEET (Un extraño en mi vida, 1960. Richard Quine), o BREAKFAST AT TIFFANY’S (Desayuno con diamantes, 1961. Blake Edwards). Al mismo tiempo, en este periodo tan febril para un melodrama que rompía sus costuras de cara a una mayor permisividad y, sobre todo, nuevos públicos ávidos de sensacionalismo -sobre todo juveniles-, surge en USA el enorme éxito comercial de PEYTON PLACE (Vidas borrascosas, 1957. Mark Robson), basado en una novela de Grace Metalious, en donde se daba cita ese componente combinado de morbo y permisividad sexual, que contó con la astucia de uno de los más brillantes productores del Hollywood clásico; Jerry Wald.
La nómina de títulos que avalan el talento de Wald es amplísima. Pero lo que nos importa en este comentario es reseñar que ese mismo 1957, produce también para la Fox una de las cimas del género, como sería AN AFFAIR TO REMEMBER (Tú y yo, 1957), cumbre cinematográfica del gran Leo McCarey. Pues bien. Cuatro años después del éxito alcanzado con el film de Robson, y un año antes de su prematura muerte en 1961 -su última producción sería el magnífico y apenas conocido THE STRIPPER (Rosas perdidas, 1963) debut y a mi modo de ver, la película más brillante en la obra de Franklin J. Schaffner-, Wald da vida -ligando a dichas tareas la figura del joven Curtis Harrignton, en calidad de productor asociado, el mismo año en que se produciría su debut como realizador con la inquietante NIGHT TIDE (Marea nocturna, 1961)- a una continuación de los personajes y el contexto de la novela de la Metalious, quien accedió a escribir una continuación, consciente de las ganancias económicas que ello le proporcionaría. Ante la imposibilidad de reiterar el reparto del título de referencia, Wald apuesta por figuras juveniles emergentes -destacando entre ellos a Carol Lynley, que nunca llegó a consolidarse como esa estrella que se intuía en sus primeros pasos-, y con el acompañamiento de figuras ya veteranas como Eleanor Parker o Mary Astor. Al parecer, el productor luchó por nombres de mayor perfil, con resultado infructuosos. Sin embargo, sea como fuere, y con la distancia de casi siete décadas desde el momento de su estreno, estoy dispuesto a señalar que no solo RETURN TO PEYTON PLACE (Regreso a Peyton Place, 1961. José Ferrer) es superior a su referencia cinematográfica, sino que, contemplada en sí misma, se mantiene como un elegante melodrama, que quizá mitiga esa aura escandalosa para erigirse como una crónica más en voz baja, centrada en los mismos personajes y marco espacial, a través de cuatro subtramas, engarzadas con un cierto grado de pericia. Es probable que en ello tenga algo que ver la transparente, sobria y siempre eficaz puesta en escena que brinda el reputado intérprete José Ferrer, en el que sería el sexto de los siete largometrajes que dirigió a partir de 1955, y el primero que hasta la fecha he podido contemplar.
Envuelto en el elegante Scope de la Fox, la cromática fotografía de Charles G. Clarke y el hermoso tema musical cantado por Rosemary Clooney, los créditos de la película se suceden, tomando como fondo, preciosistas y al mismo tiempo cotidianas imágenes de la vida diaria de la tranquila población. Quizá adviertan del contraste que se vivió en el pasado, y va a volver a producirse en el relato. La película se abrirá con tintes de comedia, describiendo la impaciencia de la joven Alison McKenzie (Lynley), desesperada en su reiterada espera de una llamada telefónica, en lo que pronto conoceremos se trata de la respuesta de una conocida editorial newyorkina, en torno a la novela que ha escrito y ha enviado para ver si lograra ser publicada. Será el desenfadado punto de partida, para que en pocos minutos se nos presente a la fauna humana del relato y, con ello, a las diferentes subtramas que irán entrelazándose, tomando como epicentro la expectación creada al publicarse dicha novela, que de manera más o menos velada, revela las trazas de un puritanismo nada oculto, que tiene como víctimas a sus ciudadanos más jóvenes. De tal forma, RETURN TO PEYTON PLACE describe como su aspecto más relevante, la estrecha relación que Alison mantendrá con el responsable de la editorial -Lewis Jackman (un notable Jeff Chandler)- que él expresará con la intención de un mentor, pero que para la muchacha supondrá su primera y, finalmente, frustrada, relación sentimental. También descubriremos la fría relación de la joven con su madre -Conni (estupenda Eleanor Parker), y la más cercana con la pareja de esta y su padre político, Mike (Robert Sterling). Por otro lado, asistiremos a la influyente y represiva personalidad de la madura Roberta Carter (espléndida Mary Astor), quien asumirá el retorno de su hijo -Ted (Bred Halsey)- a quien ama de manera dominante y posesiva, recibiendo la para ella dura noticia de que se ha casado con una joven italiana -Rafaella (Luciana Paluzzi)-. Finalmente, iremos descubriendo el hecho oculto en el pasado de Selena Cross (Tuesday Weld), la mejor amiga de Allison, quien se topará con la llegada de un joven instructor de esquí a la población -Nils Larsen (Gunnar Hellström)-, con el que se irá ligando de manera cada vez más estrecha, pese a una serie de accidentadas peripecias sufridas de manera involuntaria.
De entrada, cabe señalar que el film de Ferrer se degusta sin altibajos de ritmo en sus casi dos horas de duración. Más allá de los previsibles giros argumentales que se suceden, si algo resalta en el conjunto, en la pericia y, en sus mejores momentos, la sensibilidad, puesta en marcha por este actor-director, capaz de insuflar de vida propia una sucesión de convenciones melodramáticas que, precisamente por las buenas manos de su realizador, logran adquirir un cierto grado de verdad cinematográfica. A ello contribuye una puesta en escena transparente y limpia, centrada en largos planos que por lo general capturan el enfrentamiento de sus personajes, basando la eficacia de su puesta en escena a partir del especial cuidado puesto en la dirección de actores. Es cierto que no todos ellos -especialmente buena parte de los jóvenes- albergan un especial talento para ello. Pero, si más no, Ferrer se apoya en los intérpretes más talentosos -especialmente las veteranas Astor y Parker, y también el rocoso Chandler-, para a través de ellos potenciar los vértices dramáticos de un relato que se degusta con relativa placidez.
En ello no se ausentará, como en sus primeros instantes, el elemento de comedia -lo brindarán los accidentados encontronazos entre Selena y Nils o, en los minutos finales, ese viejo vecino de la población, que brindará el contrapunto desenfadado al clímax del film, desarrollado en una asamblea vecinal-. Sin embargo, la película despliega un notable nivel, en secuencias como el intento de aborto de Rafaella -resuelta en unos instantes de gran intensidad-, o la manera que alberga al describir el universo cerrado y oscuro que desprende la amplia y casi en penumbra mansión de Roberta, a donde retornará su hijo y su joven esposa, casi como víctimas propiciatorias de una mujer amargada, dominante y presa de sus aparentes impecables modales.
Llegados a este punto, no sería justo omitir aspectos que juegan a la contra en la película. más allá de la insuficiencia ya señalada en algunos de sus jóvenes intérpretes, RETURN TO PEYTON PLACE desprende algunas insuficiencias o rupturas argumentales. Desde lo banal que resultan todos aquellos pasajes que describen el contacto de Allison con periodistas, medios de comunicación o incluso actos sociales, en su camino ya como escritora consolidada -que destacan por su indigencia intelectual-, hasta percibir aspectos que quedan en el aire en su argumento ¿Cómo se resuelve la huida de Selena, después de agredir con un hierro en la cabeza a Nils?, ¿Al final se produce el aborto de Raffaella?
En cualquier caso, dos son los elementos que brillan finalmente en la película, logrando que su conjunto aparezca hoy día bastante sólido. Uno es, lógicamente, el desarrollo de esa asamblea, a modo de catarsis, en la que se dirimirá revocar o no la expulsión de Mike del instituto que dirige, debido a una campaña de Roberta. Será el bloque que, en definitiva, servirá como catalizador de un debate generacional, hasta entonces larvado por el oscurantismo de sus fuerzas vivas. El otro, sin duda alguna, lo supondrá la relación establecida entre Allison y Lewis -alentado por la insólita química que desprenden los dos intérpretes-. Es evidente que Ferrer dispone sobre ellos los momentos más brillantes de la película. Entre ellos, cabe citar la incomodidad vivida por la muchacha en la multitudinaria fiesta que este le ha organizado, debido sobre todo a los nada velados celos que siente sobre la amable esposa de este. La secuencia es descrita con acusada intención, hasta culminar en el momento de felicidad en que este le muestra el primer ejemplar que ha sido editado de su novela, momento en que ella no podrá reprimir un beso de enamorada. Sin embargo, si por algo merece ser recordada RETURN TO PEYTON PLACE, hasta el punto de pensar hasta donde habría podido llegar su conjunto, con una mayor homogeneidad dramática es, sin duda, la despedida final del editor y su ya consolidada escritora. En un único plano general, dominado por unos breves reencuadres finales, integrando a ellos dos en un fondo bucólico dominado por la melancolía, a lo que ayudará volver a escuchar como fondo la canción inicial, lo cierto es que se transmite una sensación de pérdida compartida. De sensación para ambos de no poder emerger de los contextos de donde pertenecen, quedando esta relación como experiencia que, para Allison, será la primera frustración en su recién venida madurez. Ese “cariño” que señalará en voz baja, cuando el editor ya se encuentre en la lejanía, sin duda concluye uno de los finales más tristes y conmovedores del melodrama de su tiempo, solo por el cual merecería que esta película sea recordada en sus más que estimables cualidades.
Calificación: 2’5
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