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Chester Erskine

MIDNIGHT (1934, Chester Erskine)

MIDNIGHT (1934, Chester Erskine)

No he tenido, hasta el momento, muchas oportunidades de contemplar los títulos que firmó el primordial director teatral que fue Chester Erskine. Y lo cierto es que tras visionar MIDNIGHT (1934), a uno se le quitan las ganas de acercarse a cualquier otra película suya. Bien es cierto que no abundan las referencias, y menos aún las positivas, ante diversas de sus realizaciones, recuperadas en pases televisivos.


Al margen de todo ello, la verdad es que jamás pensé que entre ellas constara una propuesta tan irritantemente mala como MIDNIGHT –titulada como LLAMADA A UN ASESINO en su inmerecida edición en DVD-. Antes de detenernos en su argumento, cabe definir la propuesta como la obra de alguien que traslada una propuesta escénica y desea llevarla a la pantalla con un lenguaje cinematográfico aparentemente innovador. Lo malo es que en todo momento se nota la falta de dominio de los más elementales resortes fílmicos.


La película se inicia con el desarrollo del juicio por asesinato en el que Ethel Saxon (Helen Flint) se defiende de los ataques que le formulan como acusada. La secuencia de apertura intenta ofrecernos un aire superficialmente atractivo visualmente con esa sucesión de panorámicas sobre el rostro de los presentes y las respuestas de Ethel. Finalmente, el presidente del jurado Edward Weldon (O. P. Heggie), le formulará una pregunta a la acusada, que ejercerá como elemento fundamental para consolidar su condena a muerte. La cámara mostrará la deliberación del jurado encuadrando en panorámica sus manos –cada una de ellas toma una actitud diferente-. Weldon es quien anunciará la culpabilidad en la acusación de asesinato en primer grado, y ello significará la condena a muerte de la Saxon.


A partir de ahí el aspecto de tesis de MIDNIGHT irá adueñándose de la misma hasta extremos insoportables, con la pesadumbre de Weldon al haber propiciado esa condena, y en pantalla se mostrarán en ocasiones los paralelismos vividos por el atormentado protagonista y la aterrorizada condenada, por medio de sobreimpresiones y efectos visuales de similares características y objetivos.


Y cuando en un momento determinado, parece que la película se establece como un producto de tesis contrario a la pena de muerte, surge la muerte del poco recomendable Gar Boni (Humphrey Bogart), a cargo de la hija de Weldon. El debate se plantea y este llamará al fiscal general quien pronto acudirá e intuirá que la muchacha no es la culpable de dicho asesinato, agradeciendo además al veterano ciudadano sus desvelos por la justicia.


Evidentemente, una píldora ideológica como la que propone esta vetusta MIDNIGHT bastaría para poner en la picota esta lamentable película. Pero incluso en su mismo reaccionarismo no es el principal elemento a rechazar. Bajo mi punto de vista, en sus imágenes se ofrece una ausencia absoluta de ritmo cinematográfico. Es más, creo que esa inclinación a despegarse de la teatralidad de la obra original, no solo dejó de estar presente, sino que finalmente confluyó en un producto enfático, trasnochado y con una afectadísima dirección de actores. En resumen, un celuloide absolutamente polvoriento, en el Bogart tiene una breve y despistada presencia. Un desastre total.

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