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John Hughes

SIXTEEN CANDLES (1984, John Hughes) Dieciséis velas

SIXTEEN CANDLES (1984, John Hughes) Dieciséis velas

Si hubiera que rememorar el devenir de la comedia juvenil USA, sería casi obligado ubicar las películas que John Hughes filmó en la década de los ochenta, como un conjunto de títulos que conjugaron con algo más que habilidad la comercialidad el recurso a elementos que conformaban los gustos y preferencias adolescentes y una sensibilidad para retratar sus problemáticas ante la llegada de la madurez. Imágenes, músicas y referencias que hoy día nos revelan bastante de las modas y tendencias de aquellos años, una mezcolanza en ocasiones adecuada de elementos de comedia romántica y otros directamente vinculados a lo cómico. Es algo que lograría con más sentido de la ironía Ammy Heckerling con CLUELESS (1995, Fuera de Onda) una década después, y que en el ejemplo que nos ocupa quizá tenga su mayor elemento de interés al saber trasladar en estas imágenes agridulces en unos momentos y decididamente cómicos en otros, esa sensación contradictoria de personajes que entran en el mundo de la adolescencia.

Samantha Baker (Molly Ringwald) es una joven de familia media norteamericana. Cumple 16 años y ninguno de sus familiares se acuerdan del aniversario, ausencia que le provoca la sensación de ser ya una extraña en la misma. Además, su hermana se va a casar al día siguiente y ello posibilidad el olvido que ha sufrido para festejarlo. Poco después y a través de un cuestionario anónimo hecho en plena clase, Samantha lo rellena ubicando en una pregunta concreta cual sería el chico de su vida. Ella confiesa su sueño anotando el de Jake Ryan, aunque sin que ella se de cuenta, Jake –que está ubicado en el pupitre trasero- ha logrado hacerse con el texto. A partir de ahí se incitará al encuentro por ambas partes aunque ninguno de los dos sepa que realmente atrae al contrario. Un planteamiento sin duda simple, demasiado simple, pero que resulta bastante efectivo en la pantalla y pese a sus convenciones despliega la suficiente sensibilidad, sentido de la comedia y está formulado en base a detalles y referencias, lo que permite que este pequeño cuento de hadas se vea con bastante agrado y en donde ese sentido de crónica sobre los usos y costumbres consumistas de la juventud americana en los 80 está mostrado con tanta ligereza como efectividad.

Y es en la especial cercanía de Hughes con esta entonces nueva vertiente del género –SIXTEEN CANDLES fue realizada un año antes que la que realmente consagró a su artífice; EL CLUB DE LOS CINCO (The Breakfast Club, 1985)-, queda de manifiesto fundamentalmente en la fuerza que tiene el personaje interpretado con verdadero acierto por Molly Ringwald –que se convirtió en un auténtico icono del cine juvenil USA- logrando en la aparente vulgaridad de su aspecto representar ese estado casi molesto de la llegada de la adolescencia. Junto a ella no se puede dejar de omitir la presencia de Anthony Michael Hall, en su papel de “The Geek”, un joven con fama de mujeriego pero que en realidad no tiene ninguna experiencia en el terreno de la sexualidad.

Con la presencia de numerosos éxitos musicales del momento –algo que será habitual en lo sucesivo en este subgénero-, una mirada al mismo tiempo suficientemente teñida de nostalgia y distanciación, momentos divertidos, otros confesionales, completan el pequeño encanto de estas DIECISÉIS VELAS que no dudo en considerar, dentro del marco en el que se ubica, una de las muestras más entrañables y, hasta cierto punto, perdurables.

Calificación: 2