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Robert Fuest

THE ABOMINABLE DR. PHIBES (1971, Robert Fuest) El abominable doctor Phibes

THE ABOMINABLE DR. PHIBES (1971, Robert Fuest) El abominable doctor Phibes

Tras la conclusión del ciclo Poe por parte de Rober Corman en 1964 con THE TOMB OF LIGEIA, la American International intentó prolongar aquella supuesta “gallina de los huevos de oro”, con diferentes propuestas más o menos ligadas al género, protagonizadas por Vincent Price, a ser posible contando con la excusa de alguna vinculación con el escritor de Baltimore. Sucedió con THE CITY UNDER THE SEA (La ciudad sumergida, 1965) la discreta despedida cinematográfica del maestro Jacques Tourneur, aunque a mi siga pareciéndome un título tan modesto como estimable. Y sucedió con tres incursiones del cine de terror y la ciencia-ficción, firmadas por el infame Gordon Hessler, que solo incidieron en la irremisible decadencia de un sendero que en apariencia no tenía prolongación. Sin embargo, hete aquí que, contra todo pronóstico, la productora alcanzó con THE ABOMINABLE DOCTOR PHIBES (El abominable doctor Phibes, 1971) un inesperado éxito con una singular mezcla de terror, suspense, grand guignol, british comedy, en medio de un inesperado homenaje en torno a la figura de su estrella, que no solo tuvo atractiva continuidad al año siguiente, sino que permitió en 1973 una propuesta que heredaba, en el ámbito dramático de los actores teatrales ingleses, la estructura de esta dupla. Me refiero, por supuesto, a la a mi juicio más endeble cinematográficamente THEATER OF BLOOD (Matar o no matar, éste es el problema, 1973. Douglas Hickox). Sea como fuere, nos encontramos ante sendas singularidades, dentro de un panorama definido por la desorientación en el cine de terror, y en el que la crisis de unos modelos ya periclitados, se entrelazaba con propuestas renovadoras de diferentes vertientes.

Un inicio casi sin diálogos, nos introduce en una elegante y decadente mansión, con interiores art dècò, donde un extraño personaje, ayudado de una hermosa y misteriosa joven, se dirigen a un destino que desconocemos. Pronto descubriremos la entraña del misterioso y macabro plan urdido por el doctor Anton Phibes (Vincent Price) y su fiel y eternamente silenciosa Vulnavia (Virginia North). Ambientada en la Inglaterra de los años veinte del pasado siglo, el drama del atormentado y siniestro protagonista se centra en su venganza, siguiendo el orden de las plagas del Antiguo Testamento, a los nueve galenos que unos años atrás, y encabezados por el doctor Vesalius (Joseeph Cotten), fueron incapaces de salvar a su esposa de una grave operación. Todo ello conformará un perverso juego en el que, en última instancia, se dirimirá un relato dominado por dos vertientes completamente opuestas que, contra lo que cabría temer, y dentro de sus limitaciones, han logrado superar bastante bien la barrera del tiempo. Por un lado, tendremos el seguimiento de los crímenes auspiciados y llevados a cabo con implacable perfección, elegancia y sentido del humor, por Phibes, y por otra el seguimiento de las andanzas detectivescas que albergarán el primer indicio en el contumaz inspector Trout (Peter Jeffrey), pese a ser siempre sujeto de desprecio por sus superiores. Podemos señalar que las secuencias desarrolladas en el interior de la mansión del refinado protagonista, destacan por su entrega a una escenografía atrayente y a la presencia de esa impagable orquesta de muñecos vivientes, lo que no evita que, en algunos momentos, ese servilismo a dicha decoración permita que haga acto de presencia cierto estatismo narrativo, algo que tendrá especial incidencia en la catarsis del relato, donde Vesalius se verá sometido a una prueba a vida o muerte. Por el contrario, las secuencias de exteriores -o interiores situados en otros emplazamientos-en donde ejecutan sus asesinatos, destacarán por una acerada elección de encuadres y, por fortuna, ahuyentarse de servilismos visuales tan en boga aquellos años, elemento este que considero ha beneficiado a su conjunto.

En su oposición, todo el seguimiento de la intriga policiaca se inserta en los mejores cánones de la comedia inglesa, con un juego de ironía e incluso de crítica a los estamentos policiales. Y es que, pese a situarnos, como antes señalábamos, en dos ámbitos opuestos, ambos se imbrican con notable grado de acierto. Todo ello confluirá en un relato destacado en su brillante progresión en el que no se perciben baches de ritmo. Es decir, la combinación de elementos macabros, crímenes, toques de comedia negra -la manera con la que se desenrosca el cadáver ensartado del dr. Whitcombe resulta impagable- o intriga policiaca, se dosifican con un extraño grado de serenidad, lo que hace posible que la película se encuentre en tan buen estado más de medio siglo después de ser realizada.

Se suele señalar que THE ABOMINABLE DOCTOR PHIBES supone uno de los mejores roles de Vincent Price en la década de los setenta. No falta razón a esta apreciación, pero lo es, en la medida que nos encontramos ante un personaje que no estará más de media hora en pantalla, y que resalta más en sus ausencias que en sus presencias. Es decir, asistimos a la acción de un personaje carismático que, pese a esa limitada presencia en pantalla, sabe extenderla al conjunto de sus fotogramas. Dominada por una agradecida utilización de la elipsis, cara a evitar la crueldad de algunos de los crímenes -el off que evita contemplar a Vulnavia corroída por el ácido-, el film de Fuest alberga unos atractivos, inquietantes y hasta poéticos instantes finales, adelantando de alguna manera la continuación que ya se estaba fraguando, antes de ser estrenada esta primera entrega. Son instantes donde, por momentos, uno parece tener la sensación de que en el extremado y perverso esteticismo de Phibes, se encuentra una actualización del no menos perverso doctor Fu-Manchú, encarnado por Boris Karloff en los primeros años treinta.

Y en medio del delirio controlado que nos propone la atractiva cinta de Fuest, en su tramo final se destila un destello de virtuosismo cinematográfico. En el hospital, un crecientemente amenazado Vesalius cae de repente ante la angustiosa posibilidad de que su hijo pueda ser una víctima del siniestro protagonista para vengarse de él, por lo que acudirá escoltado a su mansión. Un encadenado nos trasladará allí de inmediato, en un plano sostenido con la foto del muchacho en primer plano, y el abatido doctor a la derecha del encuadre. Ya sabemos que el adolescente Lem ha sido hecho presa por Phibes y Vulnavia.

Calificación: 3