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CINEMA DE PERRA GORDA
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Vicente Aranda

CARMEN (2003, Vicente Aranda) Carmen

CARMEN (2003, Vicente Aranda) Carmen

No se puede decir que me haya mostrado muy interesado en seguir la trayectoria cinematográfica del barcelonés Vicente Aranda. Sin embargo el muestreo que con el paso de los años me ha permitido ver de algunas de sus obras es francamente poco halagüeño. Recuerdo uno de sus más celebrados títulos –AMANTES (1990)-, de la que pese a lograr pasajes interesantes cabía lamentar el desaprovechamiento de una historia con enormes posibilidades. En aquella ocasión llegué a pensar: “este hombre es un simple empalmaplanos”.

Pues bien, con el paso del tiempo Aranda ha proseguido en el terreno de historias con reconstrucción histórica y abúndante despliegue de producción, erigiéndose quizá como el mayor representante actual del cine académico e historicista –sucediendo en ello a gentes como Mario Camus-. Son títulos perfectamente ambientados –pese a ello con una carencia de vida propia realmente apabullante-, con un lujoso despliegue en la dirección artística y el vestuario (a cargo de la afamada Ivonne Blake) –posteriormente reciben numerosas nominaciones a los “prestigiosísimos” premios Goya (perdón, no se si puedo utilizar la expresión)- y que pasan de la memoria con tanta rapidez como su verdaderos valores merecen.

Esa sería para mí la correcta definición de un producto industrial como CARMEN (2003) –que encajaría mejor como una serie televisiva-. La obra de Vicente Aranda no solo no aporta nada a la historia de Prosper Merimée –que como escasa novedad en su desarrollo tiene una presencia activa en el film al propio personaje –de forma anecdótica- al servir como confesor de la historia de José “el Navarro” (Leonardo Sbaraglia), tras haberse cruzado con él en plena excursión campestre. A partir de ahí y en un largo flash-back que solo tiene una pequeña interrupción, el sargento degradado a soldado va contando la historia y el torbellino de situaciones e incluso asesinatos cometidos en la pasión no correspondida hacia esta cigarrera, llamada Carmen (Paz Vega).

Desde sus minutos iniciales la cámara de Aranda describe los ambientes de las cigarreras, la dureza de las normas del ejército, intenta ofrecer cuidados encuadres, muestra toda una serie de tópicos andaluces tamizados de una mirada de veracidad histórica, su planificación es eficaz.... Sin embargo, bajo mi punto de vista CARMEN es un film absolutamente carente de vida. No se puede mostrar una historia en la que la pasión se pretende sea su eje máxim, con la antítesis que de la misma se muestra en pantalla. A ello contribuye la falta de pulsión emocional de su realización pero también en buena medida a la desafortunada elección de su pareja protagonista. Si bien Paz Vega intenta ofrecer dinamismo en su composición de la protagonista, jamás logra transmitir esa condición de objeto de pasión imprescindible para su credibilidad como personaje. Peor suerte corre Leonardo Sbaraglia, en un imposible miscasting que al mismo tiempo impide la necesaria química sexual entre los dos personajes.

Incluso en elementos como en la ambientación del mundo de los bandoleros –en el que José se integra al haber asesinado a un oficial-, uno se remitiría a la credibilidad que transmitían lejanas –y muy estimables- producciones españolas como CARNE DE HORCA (Ladislao Vajda, 1953) o, si se me apura, la recordada serie televisiva CURRO JIMÉNEZ. En el terreno de la utilización de paisajes estos se muestran amorfos y sin una adecuada exploración visual en pantalla. Es más, me atrevería a señalar que en un film tan menospreciado al tiempo que interesante como CALLAS FOREVER (Franco Zeffirelli, 2002), y aunque fuera como motivo de representación operística, se plasmaba este mundo de la obra de Merimé de una forma más creíble en la pasión de los personajes y en la pulsión dramática de los mismos. Siento decirlo, si films como este se sitúan entre lo más granado de nuestro cine patrio, las impresiones más pesimistas se confirman, por más que, cierto es decirlo, y pese a su excesiva duración, la película tampoco albergue el sopor más absoluto. Es decir: a cine muerto, limpio fotograma.

Calificación: 1’5