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TOP SECRET AFFAIR (1957, Harry C. Potter) Intriga femenina

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Realizador especializado en la comedia y, en menor medida, el melodrama, Harry C. Potter (1904 – 1977) fue un competente artesano del primero de los géneros –como lo pudieron ser, en su medida, Alexander Hall o Clyde Bruckman-, que en su filmografía –en este caso extendida en una veintena de títulos- encierran algunas nada desdeñables aportaciones al cine de humor. Es probable que su exponente más reconocido sea HELLZAPOPIN (Loquilandia, 1941), pero un servidor destacaría con mucho la combinación de comedia y melodrama que ofrecía la olvidada THE COWBOY AND THE LADY (El vaquero y la dama, 1938) –partiendo de un argumento del gran Leo McCarey-, aunque su filmgrafía se encuentre punteada de varios agradables títulos, que si bien nunca confluyeron en un logro absoluto, por lo general destacaban por su solidez. Es lo que sucede con TOP SECRET AFFAIR (Intriga femenina, 1957), la última e inesperada película que dirigió en su andadura, tras varios años apartado de los platós y algún esporádico coqueteo en los estudios televisivos. La película, auspiciada por la Warner, justo es reconocer que ofrece una factura moderna, acorde al contexto en que se encontraba ubicada, con unos tintes renovadores que ya habían incorporado directores como Frank Tashlin, Billy Wilder, Blake Edwards, Richard Quine, Vincente Minnelli o incluso el veterano Howard Hawks. No puede decirse, a este respecto, que la agradable pero en última instancia inocua propuesta de Potter, pueda alcanzar ni la mala uva o el alcance satírico, ni el ímpetu melodramático aportado por las mejores muestras de aquellos años de los directores citados, pero no deja de ser una producción media que se ve con agrado.

Dottie Peale (Susan Hayward) es la dueña de un imperio periodístico, que tiene su máximo exponente en un magazine que goza de una considerable influencia. Desde el mismo no deja de aplicar interesados estados de opinión, que en esta ocasión se destinaba al nombramiento de un civil para el cargo de presidente de la comisión de energía atómica. Su apuesta no se verá refrendada, ya que desde el Pentágono se apuesta por un prestigioso y joven general Goodwin (Kirk Douglas). Pese a su intachable hoja de servicios, la astuta magnate sabe que siempre se pueden encontrar elementos que, distorsionados, modifiquen la positiva imagen que proyecta en la sociedad norteamericana. Dicha intención quedará camuflada con la intención de realizarle una amplia entrevista en su propia mansión, y hasta allí acudirá Goodwin, mostrando un  carácter cerrado en la disciplina militar. Sin embargo, poco a poco irá cayendo en las trampas a las que Dottie le empuja, ayudada por su lugarteniente, el astuto periodista Phil Bentley (el gran Paul Stewart). Pero junto a con el cumplimiento de sus objetivos, en la periodista se encenderá un sentimiento inesperado que también brotará del hercúleo militar; el amor. Una serie de de involuntarias situaciones, romperán esa extraña armonía lograda entre ambos, dando rienda suelta al demoledor reportaje, que pondrá en la picota al intachable militar.

Como se puede comprobar, TOP SECRET AFFAIR propone una situación mil veces planteada con anterioridad en la comedia, pero no por ello desprovista de eficacia. Sin la mala uva a la que se prestaba su premisa argumental –uno no deja de pensar viendo sus imágenes, en títulos coetáneos como OPERATION MAD BALL (1957, Richard Quine) o posteriores como ONE, TWO, THREE (Uno, dos, tres, 1961. Billy Wilder), a los que se puede asemejar en algunos de sus planteamientos, lo cierto es que su tratamiento se desarrolla con bastante placidez, con algunos ingeniosos golpes –ese retrato y la bandera que simula el seguimiento de Pearle del mito encarnado por Goodwin, la inesperada canción militar que este se marca ante la insistencia de la periodista- y, sobre todo, con una excelente utilización de la banda sonora de Roy Webb, que puntea y logra hacer caracterizar algunas de las situaciones del film con un ritmo cercano al cartoon. Es decir, que Potter demuestra mantener vivas una serie de recetas de probado éxito, que tienen además un elemento de vigencia en la adecuada dirección de actores, tanto en los roles protagonistas como en los secundarios –atención a este respecto a la prestación del ya veterano y retirado director John Cromwell, encarnando con eficacia al general Grimshaw-. La adecuada prestación fotográfica –aún en blanco y negro- ofrecida por el reputado Stanley Cortez, y una progresión tan previsible como adecuada, envuelve un producto eficaz, pero del que cabía esperar más que lo que muestra su discurrir final, y al cual esa ausencia de arrojo merma su eficacia, al ser comparado con la efervescencia que el género viviría a partir de aquellos años. No cabe duda que un planteamiento de base como el que asume la película, incluso solo centrándose en la denominada “guerra de los sexos” que fue durante décadas un auténtico baluarte del género, en aquel mismo año estrenaba  un producto tan redondo y memorable como DESIGNING WOMAN (Mi desconfiada esposa, 1957. Vincente Minnelli). A años luz de dicho planteamiento, además de proporcionar un sencillo y grato entretenimiento, justo es señalar que no se podría hacer un análisis de lo que fue la última edad de oro de la comedia americana, sin visionar y evocar películas de media altura como esta, que nos permiten una visión del nivel medio registrado por el mismo, sin duda mucho más elevado que el de nuestros días.

Calificación: 2’5

06/10/2011 01:50 thecinema #. Harry C. Potter

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