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VISIT TO A SMALL PLANET (1960, Norman Taurog) Un Marciano en California

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No soy el primero en apreciar la extrañeza que proporciona el visionado de VISIT TO A SMALL PLANET (Un Marciano en California, 1960. Norman Taurog), a la hora de ser inserta dentro de la filmografía de Jerry Lewis, máxime cuando su personalidad cómica ya se encontraba consolidada y delimitada con anterioridad. En el notable libro escrito por Ferrán Alberich, dedicado a su trayectoria, y publicado con motivo de la retrospectiva protagonizada por Lewis en el Imagfic de 1987, el crítico señalaba la condición de rareza que producía esta realización de Taurog, unida a uno de los pocos títulos interpretados por Lewis que no he podido contemplar –DON’T GIVE THE SHIP (Adiós mi luna de miel, 1959. Norman Taurog) y las muy cercanas y previas THE SAD SACK (El recluta, 1957. George Marshall) y THE DELICATE DELINQUENT (Delicado delincuente, 1957. Don Maguire). Todas ellas se caracterizarían por ser exponentes cercanos a una mirada paródica en torno a géneros o temáticas populares en su tiempo, estar rodadas en blanco y negro –algo que se echa de menos en una figura como la de Lewis, para la cual su mundo expresivo y visual está dominado por un fuerte cromatismo-. Ello propicia la sensación, bastante evidente, de asistir a comedias caracterizadas por unos modos de producción bastante limitados. Enb definitiva, de esa cercanía a la serie B señalada por Alberich, sin impedir en este caso, que de manera sorprendente VISIT TO A SMALL PLANET obtuviera una nominación en los premios Oscars de su año, en la parcela relativa a la mejor decoración en blanco y negro.

Otro elemento que coincido en la apreciación de Ferrán Alberich, es en la cercanía con la denominada comedia de situación que define con claridad el enunciado de esta extraña producción, rompiendo por completo con los rasgos que definían el mundo cómico de Lewis, ya en aquellos años cercano a una soltura narrativa que, poco a poco, le haría cada vez menos dependientes de férreos guiones. La película tomó como base un original de Gore Vidal que tuvo con anterioridad una traslación televisiva. Se trata, a mi modo de ver, de un corsé, que limita no poco, el alcance de esta comedia que tiene tanto de extraña como de áspera, en la que ante todo se vehicula una mirada revestida de ácido, sobre el contexto del American Way of Life, centrado en la familia Spelding. Un ámbito al que llegará el torpe Kreton (Lewis), alienígena procedente del espacio exterior, que desea viajar a la tierra para poder convivir con los humanos. Lo hará en primer lugar equivocando el contexto temporal elegido en casi un siglo –vestido con ropas propias de la Guerra de Secesión, mientras que confundirá las mismas entre los componentes de dicha familia, dado que estos se encuentran disfrazados para acudir a una fiesta-. Una película ambientada inicialmente en un contexto espacial, podría haber brindado una mirada divertida en torno al contraste de mundos. Sin embargo, esta producción de la Paramount aparece, sorprendentemente, como una actualización de uno de los grandes títulos del estudio en los primeros años treinta. Me estoy refiriendo a DEATH TAKES A HOLIDAY (La muerte en vacaciones, 1934. Mitchell Leisen), donde un joven Fredrick March asumía la sobrenatural encarnación de la muerte, subvirtiendo con su presencia la normalidad del contexto visitado. Un cuarto de siglo después, Jerry Lewis aparece en esta película más como un extraño ángel que como un alienígena. Desde el reconocimiento de la inmortalidad de la que disfruta, hasta el hecho de haber abandonado sus compañeros de raza el sentimiento amoroso –que descubrirá en la tierra según se vaya haciendo vulnerable-, en realidad su presencia en el entorno de la acomodada familia protagonista, aparecerá para subvertir un ámbito dominado por la ruindad, los falsos sentimientos, y la hipocresía.

Será una semejanza que finalizará ahí, puesto que VISIT TO A SMALL PLANET aparece desprovista de la necesaria eficacia como tal comedia, a la hora de superar esa barrera de discreción que solo sobrepasa en contados momentos. Es algo que a la hora de describir las miserias de los Spelding nunca llega a alcanzar la más mínima calidez. Se echa de menos un cierto grado de ternura a la hora de describir un entorno familiar, pese a proyectar sobre él un componente satírico. Con la sola excepción de Joan Blackman, que encarna a Ellen, la hija de la que por un momento se enamorará el alienígena encarnado por Lewis, se echa de menos una dirección de actores más atinada y menos tendente a la caricatura, que mostrará al habitualmente espléndido Fred Clark sobreactuado, o a un totalmente inadecuado Earl Holliman, interpretando a Conrad, el prometido de la hija y, por tanto, competidor amoroso de Lewis. Por momentos, parece que Taurog intentó acercarse a modos de comedia planteados en aquellos años en el propio estudio, de la mano de modestos cineastas como Joseph Anthony o Daniel Mann, todo hay que decirlo con mayor grado de acierto y experta mano en la dirección de actores.

En su oposición, lo más defendible de esta película reside, que duda cabe, en aquellos elementos que prolongan el personaje de Lewis, y en la curiosidad que proporciona entrelazarlos con unos modos de comedia en los que no era habitual insertarlo. Este contraste, si bien contribuye a la sensación de extrañeza e irregularidad que preside su conjunto, al mismo tiempo permite que su comicidad tenga especial realce, por más que su aplicación no sea la más afortunada, cuando el cómico había protagonizado títulos de la categoría de THE GEISHA BOY (Tu, Kimi y yo, 1957. Frank Tashlin). Así pues, veremos como ensaya con un gag que reutilizará mejorado en otra cinta dirigida por Tashlin; IT’S ONLY MONEY (¿Que me importa el dinero?, 1962) –la inesperada y divertida manera de aparcar el vehículo que conduce-, o como una vez más utiliza la humanización de los animales –el perro de la familia, al que dotará de voz, y enfrentará y enamorará con una gata de la vecindad-. VISIT TO A SMALL PLANET adolece de una conclusión abrupta, echándose de menos ese caos tradicional de los últimos minutos presente no solo en sus mejores títulos, y tendrá que sufrir la pincelada moralista que le proporcionará el encuentro final con le veterano Delton (John Williams), líder de los alienígenas, que ha acudido a rescatarle, cuanto en la Tierra ha perdido ya todos sus poderes.

En cualquier caso, y pese a dichas reservas, hay especio para un cierto regocijo en el film de Taurog. Detalles divertidos que en ocasiones se diluyen en la cierta antipatía de su conjunto, pero no por ellos dejan de permitirnos esbozar la sonrisa. Como lo supone esa extraña barrera que impide a los humanos tener contacto carnal con Kreton –y que en un momento dado se volverá en contra del propio alienígena, cuando intenta besar a Ellen-. Como sus facultades para elevarse en la cama, dejando al perro con el que ha familiarizado, que se acueste sobre la misma, o en los propios devaneos con su conducción, que provocará divertidas situaciones con los guardias de tráfico, levitándolos de sus puestos o, en un caso, dejando que se le caigan los pantalones. O incluso provocando que una inesperada lluvia, violente la actividad de parejas de novios concentradas en automóviles, realizando sus escarceos amorosos. Pero a la hora de destacar los instantes más hilarantes de la función, no dudaré en la manera que practicar un castigo de corto calado a un humano, consistente en forzarle a levantar y permanecer inmóvil una pierna. Pero sucederá para todos aquellos que intenten mediante la palabra difundir los secretos de la presencia de dicho alienígena. Para ello, contrarrestará dicha locuacidad, obligándoles a recitar mecánicamente unas ridículas afirmaciones en torno a una supuesta vaca, que siempre invitarán a la carcajada. No faltará una secuencia, poco afortunada, de visita a un club beatnick, de especial significación en diversas películas de aquellos años. O, finalmente, el episodio en el que Kreton tenga que refugiarse en el piso superior de un granero, logrando echar al exterior los gases lacrimógenos que le han lanzado.

Película tan extraña como modesta, tan discreta como, por momentos, divertida VISIT TO A SMALL PLANET, ante todo cabe ser evocada, ante el hecho de suponer una propuesta de evolución del personaje lewisiano, que el propio intérprete supo, con enorme inteligencia, dejar de lado. Muy poco después de su rodaje, y con unos medios limitados, Jerry Lewis daba el campanazo debutando oficialmente como director –ya lo había hecho parcialmente en algunos de sus títulos con anterioridad-, con la excelente y arriesgada THE BELLBOY (El botones, 1960. Jerry Lewis).

Calificación: 2

21/09/2016 12:43 thecinema #. Norman Taurog

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