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CINEMA DE PERRA GORDA

NIGHTCRAWLER (2014, Dan Gilroy) Nightcrawler

NIGHTCRAWLER (2014, Dan Gilroy) Nightcrawler

Dada mi innata inclinación a escudriñar en los rincones que me permita el buceo por el cine clásico, me suelo plantear el seguimiento de la actualidad cinematográfica, siempre asumiéndola al menos a un año vista. Es una opción que me permite intuir y/o elegir, aquellos títulos que hayan despertado cierto interés entre crítica o aficionados, o bien por diferentes circunstancias, mi olfato me hiciera percibir que nos encontrábamos ante un producto de interés. Pues bien, de la cosecha de 2014, todos los elementos señalados, se dirigían hacia el presunto atractivo planteado por el debut de Dan Gilroy, hermano del escritor y realizador Tony Gilroy. NIGHTCRAWLER (2014) se ha convertido pese a su juventud, en una auténtica cult movie. Desde la idoneidad en el tratamiento de la búsqueda del sensacionalismo de la sociedad actual, el protagonismo de Jake Gyllenhaal, los ecos que podría asumir de títulos tan contrapuestos como ACE IN THE HOLE (El gran carnaval, 1951. Billy Wilder) o TAXI DRIVER (1976, Martin Scorsese)… Son sin duda elementos sobrados que han rodeado el prestigio de una producción que ha gozado de una extraña mitomanía, y ante el cual, el entusiasmo por mi parte estaba casi asegurado. Sin embargo, no ha sido así. Es indudable que nos encontramos ante una película interesante, a ratos incluso brillante. Sin embargo, he de reconocer que una cierta insatisfacción ha concluido mi acercamiento a su discurrir. No se me entienda mal. No quiero decir que nos encontremos ante una mala película, pero sí que es cierto que la misma apunta, y no llega a apurar casi en ningún caso, todas las posibilidades que deja entrever en su enunciado.

NIGHTCRAWLER narra el inesperado y casi repentino ascenso de Louis Bloom (Jake Gylenhaal), un pobre diablo que se gana la vida a duras penas, robando alambradas y objetos para venderlos. Se trata de un joven, no obstante, que alberga un extraño convencimiento interior, basado en su facultad para ascender en la vida de ese Los Angeles en donde malvive, ejercitando su capacidad de superación en algún cometido profesional. La oportunidad le llegará, sin él proponérselo, cuando casualmente contemple un accidente nocturno –la película se desarrollará casi en su totalidad durante las noches, como si el día estuviera vedado en esta presumible pesadilla personal-. Allí descubrirá la presencia de cámaras de aficionados, que posteriormente venden las imágenes filmadas a cadenas televisivas, para acentuar con ello el sensacionalismo de sus informaciones y, en algunos casos, imbricar a la población de cierto temor en función de una presumible presencia de delitos urbanos. Tomará contacto en plena actividad con Joe Loder (Bill Paxton), deseando trabajar con él, y recibiendo el rechazo por su parte. Bloom logrará –tras el robo y venta de una bicicleta-, admitir una pequeña cámara, con la que iniciará su aventura como filmaker independiente. Para ello será diestro en conseguir las señales y códigos de la policía, estar al tanto en su viejo coche de los avisos realizados por los representantes de la Ley. Reclutará como ayuda a Rick (Riz Ahmed), utilizándolo en principio casi como un becario, y abusando de la precaria situación en la que este se desenvuelve.

Su perseverancia le llevará hasta un accidente, logrando ofrecer la grabación a una de las cadenas televisivas menos prestigiadas de L.A., donde contactará con la responsable de informativos Nina Romina (René Russo), a quien logrará vender su primera filmación. Será el inicio de una colaboración, que permitirá en pocas semanas ascender el nivel de vida de Louis –adquirirá un chirriante coche rojo, mejorará sus cámaras- y, sobre todo, hará que sus apetencias materiales y su calculadora mente, persigan no solo superiores objetivos económicos, sino al mismo tiempo acercarse en torno a Nina, a la que literalmente legará a chantajear, al objeto que no rechace sus pretensiones de relaciones formales.

El film de Gilroy –que también ejerce como guionista-, aparece como una mirada entre crítica y sardónica, en torno a una sociedad no solo alienada, sino en el fondo embrutecida, deseosa de sentirse partícipe y complaciente ante la contemplación de esos delitos, que aunque en una primera instancia arrecian sus miedos como ciudadanos, en el fondo hacen brillar su lado oscuro. Esa circunstancia, o la falta de escrúpulos a la hora de utilizar cualquier elemento que haga elevar la audiencia, o como puede significar para nuestro protagonista, utilizar cualquier argucia para lograr sus objetivos, son expuestos en una película que, y este es uno de sus problemas, no encuentra siempre el modo adecuado para plasmar sus propuestas discursivas. De entrada, estimo que no aparece ese necesario equilibrio entre la vertiente irónica y satírica del relato, y aquellos fragmentos que estos adquieren un reconocido dramatismo –estimo que es en esta segunda vertiente, donde se encuentran por otra parte sus instantes más atractivos-. Al mismo tiempo, se detecta una disparidad en sus formas narrativas, dejándose en el aire el devenir de algunas de sus subtramas -¿Qué sucede en la relación del protagonista con Nina?-. El recorrido y ascenso profesional de Bloom aparece muy fragmentado, como si a la hora de elaborar el metraje final se hubiera tenido que cortar secuencias que enriquecieran la evolución del mismo. Y, finalmente, NIGHTCRAWLER aparece, personalmente, como una propuesta bastante previsible.

A esa incapacidad para la sorpresa y esos ciertos desequilibrios, personalmente no puedo dejar de percibir algo que para el conjunto de espectadores constituye uno de los mayores atractivos del film; la performance de Gyllenhaal. De entrada, señalar que desde que este protagonizó DONNIE DARKO (2001, Richard Kelly), todos descubrimos el talento de este excelente intérprete, bien fuera para encarnar roles desquilibrados, como otros más cercanos a su faceta de galán o incluso comediante. Los títulos de créditos revelan que Gyllenhaal fue uno de los productores de la película, intentando con acierto forjarse un perfil en los últimos años como actor de carácter. Nada hay de malo en ello, y resulta encomiable su capacidad para buscar esos registros. Lo que sucede es que la película se resiente de esa querencia del productor, estando demasiado al servicio de sus posibilidades como intérprete, de estar casi permanentemente en plano, de sus réplicas. Es cierto que su caracterización casi con el semblante de vampiro urbano resulta valiosa. Sin embargo, y aún pareciendo que deseo llevar la contra –nada más lejos de mi intención, ya que admiro el talento del joven actor-, me quedo antes con la aportación de personajes secundarios pero imprescindibles en el relato. Lo es el magnífico Riz Ahmed, que desprende esa espontaneidad de la que, a mi juicio, carece el demasiado elaborado protagonista. Y lo logra sobre todo una fantástica Rene Russo –una de las actrices norteamericanas más desaprovechadas de las últimas décadas-, capaz de transmitir toda su vulnerabilidad, sensualidad y ambivalencia, a la hora de quedar fascinada ante las aterradoras imágenes que no duda en incorporar a sus informativos, para lograr con ello no solo reflotar una cadena venida a menos sino, ante todo, su propia decrepitud como profesional de la televisión.

NIGHTCRAWLER se beneficia de las tonalidades luminosas y casi irreales brindadas por la fotografía de Robert Elswit, intentando proporcionar un aura casi fantastique en algunos de sus instantes. Y fascina igualmente el brillo de algunas de sus secuencias. Más allá de aquellas revestidas por la espectacularidad o las persecuciones, uno se queda ante todo con esos instantes en los que Bloom apela a la importancia del encuadre en sus en apariencia espontáneas filmaciones de sucesos. Y es, en concreto, magnífico, ese momento en el que este traslada a un accidentado recién muerto en un accidente, cuando aún no ha llegado la policía al lugar de autos, efectuando una elaborada planificación, que llega a transmitir al espectador, un elemento casi ritual.

Calificación: 2’5

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