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CINEMA DE PERRA GORDA

BURN (2019, Mike Gan)

BURN (2019, Mike Gan)

En ocasiones, escarbando en la producción del cine independiente, se encuentra uno con pequeños pero estimables propuestas que de alguna manera aparecen como tardías herederas de los postulados de la serie B. Producciones de bajo presupuesto, que se benefician de las facilidades técnicas que proporciona hoy la producción cinematográfica y, en el caso que nos ocupa, la voluntad de plasmar un relato sencillo, con una clara unidad de acción, en el que prima por encima de todo el deseo de proporcionar una relativamente cuidada introspección psicológica de su galería de personajes. En buena medida es lo que propone BURN (2019), primero y hasta ahora único largometraje del californiano Mike Gan, con una cierta experiencia previa en el ámbito del corto y el videoclip. Esta circunstancia, es la que quizá proporcione al relato esa concisión, en lo que además se dirime en un drama psicológico establecido durante muy pocas horas de duración en una noche cualquiera.

La película se desarrollará en todo momento en una estación de servicio aislada y llamada Paradise Pumps. Allí va a iniciar su turno la introvertida, amable, poco agraciada físicamente y necesitada de afecto Melinda (excelente Tilda Cobham-Hervey). También se encuentra su compañera, la tan atractiva como arrogante Sheila (Siki Whaterhouse), y en el recinto recibirán la ocasional visita del amable y apuesto agente de policía Lui (Harry Shum Jr.), del cual Melinda se encuentra secretamente fascinada, y al cual de manera oculta no deja de realizar fotografías cuando acude por allí. En ese contexto alienante y frío, la protagonista buscará en todo momento alcanzar el efecto con los clientes que visitan el recinto, aunque de manera invariable la clientela masculina -conductores y viajeros- que por allí discurren, instintivamente la dejarán de lado, prefiriendo acercarse a su más voluptuosa compañera, quien nunca desaprovechará la ocasión para humillarla.

En ese contexto la llegada de Billy (estupendo Josh Hutcherson) resultará un extraño revulsivo. Se trata de un joven atractivo ataviado de cowboy, quien de manera insospechada esgrimirá un revolver para asaltar la caja de caudales del recinto y, en última instancia, conformarse con el dinero de la recaudación, ya que ha huido de un grupo de motociclistas que lo persiguen para que les entregue un dinero que les debe. Fascinada por el muchacho, Melinda se ofrecerá a facilitarle el contenido de la caja fuerte, pidiéndole marcharse con él, cosa a la que el muchacho se negará, lo que para la protagonista supondrá una enorme decepción. Superado por la creciente tensión vivida, Billy se llevará a Sheila a un cuarto interior, con intención de abusar de ella -que lo ha estado provocando con sus insultos-. Será el momento en que Melinda acuda en su socorro agrediendo al muchacho, y provocando que este mate a su compañera de manera accidental. No será todo ello, más que el inicio de una insospechada pesadilla.

Promocionada de manera muy limitada, a partir de la presencia en el reparto del joven Hutcherson, conocido en el público juvenil por su participación en la saga iniciada con THE HUNGER GAMES (Los juegos del hambre, 2012. Gary Ross) -aunque en el relato no ejerza como protagonista-, casi desde el primer momento percibimos en la película la patina descriptiva que supondrá uno de sus más evidentes cualidades. Esa capacidad para mostrar un contexto tan cotidiano como sórdido -por momentos, parece que estamos ante momentos extraídos del FARGO (Fargo, 1996) de Joel Coen, acentuando sin subrayados una mirada en torno a la alienación casi rural, expresada en ese entorno donde se desarrollará toda la acción. Y hay un elemento de especial interés, como es la presencia de elementos que ejercen como anticipo de posteriores situaciones. Hagamos excepción en ello de ese innecesario y fugaz flashback que anticipa uno de los instantes más tensos de la película. Por el contrario, esa advertencia previa de la protagonista a un cliente que se echa gasolina fumando, la presencia de esas pastillas estimuladoras de la erección masculina, o la presencia del extintor, más adelante serán determinantes en el posterior discurrir de su dramática incidencia. Todo ello conformará unos minutos iniciales en los que destacará la pincelada descriptiva y la voluntad por ofrecer un ajustado perfil psicológico de sus personajes, con especial mención a la vulnerabilidad, la falta de afecto, lo introvertida y los elementos inquietantes que se desenvuelven en torno a Melinda. Pero será algo que se extenderá en el trazado de la vulgaridad de su compañera, o en las debilidades que expresará el joven agente del que Melinda se siente secretamente enamorada -detalle genial; esas fotos furtivas que irá coleccionando de él en su móvil-. Todo ello, en realidad el conjunto de la película, se desarrollará en esa fría estación de servicio dominada por una escenografía en la que los tonos tutti frutti de sus elementos, incidirán en un cierto grado de abstracción dentro de su configuración.

El ámbito marcado encontrará un punto de colisión con la entrada en escena de Billy, de quien de inmediato quedará la protagonista fascinada, dado el salvaje y al mismo tiempo infantil atractivo que desprende, y la posibilidad que verá en él -de manera infundada- de poder emerger de la grisura de su existencia. Y será en esa oposición de caracteres donde a mi modo de ver se encuentra lo mejor, lo realmente valioso de la película. Me refiero, por supuesto, a ese inesperado giro que brindará la acción, cuando en una situación límite Melinda reduzca a Billy y lo ate a una silla, iniciando un casi apasionante episodio en el que lo morboso, lo transgresor y la tensión psicológica se describa entre dominadora y sometido -quien intentará engañarla con fingidos gestos-, hasta concluir con un insospechado clímax de tensión erótica.

A partir de esos instantes, revestidos de una enorme garra, hay que reconocer que BURN nunca mantendrá ese nivel. Se detecta un cierto bache que pronto se superará, en el que se suceden nuevos elementos de colisión psicológica entre Melinda, la inesperada aparición del novio de Sheila, en su busca, los motoristas que van a la captura de Billy y, finalmente, el creciente acorralamiento de Liu hacia la muchacha, al observar como esta esconde algo oculto. En todos estos encuentros la oposición de caracteres y, sobre todo, el progresivo acorralamiento de la cada vez más atribulada protagonista, incapaz de prolongar su escalada de mentiras y falsas verdades, concluirá de manera tan espectacular como abierta, dejando la impresión última de circunscribirte a un interesante aunque limitado artefacto minimalista de entramado psicológico, destacable sobre todo en la fuerza de determinados tramos, y que induce a pensar que en Mike Gan se encuentra la incipiente impronta de un realizador dotado de cierta personalidad.

Calificación: 2’5

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