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CINEMA DE PERRA GORDA

THE MODEL AND THE MARRIAGE BROKER (1951, George Cukor)

THE MODEL AND THE MARRIAGE BROKER (1951, George Cukor)

Nunca han faltado voces cualificadas que afirmaban que la década de los cincuenta fue el periodo en el que se consolidó la madurez de la dilatada trayectoria cinematográfica del norteamericano George Cukor. Es probable que se trate de una afirmación con la que uno se pueda sumar, hecha la salvedad de una puntualización incontestable; la filmografía de Cukor es realmente desigual. La alternancia de títulos valiosos con otro más caducos en su formulación es moneda corriente en un realizador quizá en algunos momentos sobrevalorado, pero que en sus mejores momentos se reveló en un conocedor de los entresijos del alma humana, y un agudo observador de costumbres. Es probable que la progresiva agilidad y sincera liberalización que el cine norteamericano fue acometiendo una vez iniciado un periodo de progreso tras el trauma de la II Guerra Mundial, fue un campo de cultivo donde un hombre de cine que quizá hasta entonces no había podido extender su madurez como tal realizador, comenzó a atisbar la madurez de su estilo. Un estilo trasparente, casi invisible, basado en esa ya señalada capacidad de observación, una notable sinceridad dramática y una demostrada cualidad en la dirección de actores.

 

Es quizá por ello que en la mencionada década logró una mayor homogeneidad en el alcance de su cine, filmando las que para mi gusto siguen siendo dos de sus tres películas más valiosas, las excelentes THE MARRYING KIND (Chica para matrimonio, 1952) y A STAR IS BORN (Ha nacido una estrella, 1954), rodeadas de otros títulos quizá de un alcance algo menor pero revestidos generalmente de un gran interés. Es más, pienso que a la hora de entresacar aquellas obras especialmente destacados de esta década, quizá se ha errado en dicha distinción. Prueba de ello para mi lo supone la considerable sorpresa que me ha producido el visionado de la semidesconocida THE MODEL AND THE MARRIAGE BROKER (1951) –jamás estrenada comercialmente en nuestro país-, cuando comparamos sus virtudes al contraponerla con la previa BORN YESTERDAY (Nacida ayer, 1950), a mi juicio bastante más limitada en su alcance. ¿Podría decirse que esa comedia dramática largo tiempo relegada al olvido sería el título que abriera el periodo de madurez de su cine? Sería sin duda una afirmación muy arriesgada. Sin embargo, creo que contemplando el tono, la modulación y las formas narrativas de la propuesta, no sería muy aventurado inclinarse por esa teoría, en la medida que abre un nuevo camino en su cine, más sincero, menos dependiente de un referente teatral, y más ágil en el fondo y en las formas. No se puede negar que con posterioridad, Cukor reincidiría en productos más o menos simpáticos puestos en marcha al servicio de estrellas como el tandem Tracy – Hepburn –tan míticos pero en líneas generales tan limitados y sobrevalorados en sus resultados-, pero también es cierto que THE MODEL… anticipa la fuerza que poco después mostrarían títulos como el citado THE MARRYING… o IT SHOULD APEEN TO YOU (La rubia fenómeno, 1954). Con ambos referentes comparte esa mirada a los usos y costumbres de la vida urbana norteamericana, un tono absolutamente cotidiano, una realización basada en el plano largo, en escasos movimientos de cámara, siempre ligados a la progresión del relato y, sobre todo, una capacidad para hacer progresar sus relatos con un extraño y muy logrado equilibrio entre la comedia y el drama, que a fin de cuentas considero una de sus mayores virtudes como realizador.

 

No se puede negar, que al igual que sucediera con THE MATING SEASON (Casado y con dos suegras, 1951. Mitchell Leisen) –con la que comparte la presencia del guionista Charles Brackett- en la obra de Mitchell Leisen, THE MODEL… es una producción de la 20th Century Fox destinada inicialmente al lucimiento de la espléndida y veterana actriz Thelma Ritter. Nada hay de malo en ello, en la medida de encontrarnos con una intérprete formidable y de gran versatilidad a partir del aparente estereotipo de su personaje “metomentodo pero de gran corazón”. Dentro de este perfil, lograba articular una gradación en sus roles cinematográficos, que le permitieron abordar diversos géneros sin que su personalidad quedara mermada. La película nos cuenta las artimañas de esta extraña y anacrónica responsable de una destartalada agencia matrimonial –Mae Swasey (Ritter)-, a la que acude una fauna de seres poco agraciados dentro de los cánones de lo comúnmente considerado como atractivo. Una galería de solterones de diversa índole, ante lo que podría ser un recurso oportunista liderado por una mujer veterana, marrullera y entrañable al mismo tiempo. Una agencia a la que, de manera casual llegará –por otros motivos-, la joven y hermosa modelo Kitty (Jeanne Crain), con quien nuestra protagonista verá un trasunto de esa hija que nunca tuvo, y a la que intentará ligar con el joven, atractivo y algo torpe radiografista Matt Hornbeck (Scott Brady). A partir de dicha premisa, nos encontramos con una comedia dramática, de tinte naturalista y corte intimista, que habla sobre la soledad del ser humano. Una soledad que en la función compartirán todos sus personajes, anhelando ambos su búsqueda de la manera más reconocida de solapar la condición quizá menos deseada por el ser humana, disimulándola en forma de pareja. Ese anhelo de compañía camuflado bajo el tinte más lejano del amor, será el que una a todos los seres que pueblan la película, y que en realidad se encomiendan a esa ya veterana Mae Swasey (Ritter), que puede parecer una maestra a la hora de urdir matrimonios, pero que en realidad lo único que hizo en su momento es poner su empeño para sublimar su soledad personal –su hermana Emmy le robó al que iba a ser su marido- al servicio de los demás. Cukor supo aplicar el bisturí en esa mirada en la que, en ocasiones de forma pasmosa, sabe oscilar del terreno de la comedia hasta alcanzar una sensibilidad dramática ciertamente admirable. Esa capacidad de trascender las limitaciones del relato en función de apostar por la sinceridad y la verdad de sus personajes, a mi modo de ver se erige en el mayor mérito de una propuesta a primera instancia sencilla en sus formas, en las que el norteamericano sabe poner en práctica una puesta en escena trasparente –que no desdeña unos movimientos de cámara que saben potenciar la continuidad de sus secuencias-, permitiéndole aplicar cargas de profundidad realmente notables.

 

En este sentido, e incidiendo en la demostrada capacidad del realizador para alternar momentos de comedia –algunos realmente hilarantes- con otros casi, casi, conmovedores, no me gustaría omitir en el primer terreno, el extraño patetismo que se plantea en la secuencia desarrollada en la casa de Mae, donde por medio de un ridículo juego pretende ligar la grotesca galería de candidatos al matrimonio que plantea –recordándonos  un poco aquella posterior secuencia inscrita en LET’S MAKE LOVE (El multimillonario, 1060), en la que los allegados a Yves Montand no sabían como intentar reír el inexistente sentido del humor de su jefe-, la capacidad que Mae pone en práctica para intentar sacar el dinero a una de sus supuestas clientes, poco antes de que esta se case –intención de la que finalmente tendrá que desistir discretamente, ya que el novio decidirá renunciar a la unión poco antes del enlace-. Son momentos que contrastan con muchos de los instantes confesionales que nuestra protagonista mantendrá con la joven Kitty –que además es filmada con especial intensidad-, el encuentro de la casamentera con su veterana hermana, en el que sin apenas indicarlo advertiremos lo que entre ellas sucedió tiempo atrás, o la secuencia descriptiva en la residencia de ancianos en la que la veterana casamentera se recluye resignada

 

THE MODEL… es una película que se devora con verdadera agilidad, combinando de manera certera un predominio de secuencias de interiores con pocos y acertados exteriores urbanos, que propician un notable dinamismo en el conjunto del relato. Personalmente, creo que solo se le puede reprochar una cierta tendencia en el guión a ser “ingenioso a toda costa”, así como el miscasting que supone la presencia en el reparto de ese eficaz “duro” que fue Scott Brady, poco dotado para registros más amables. Sin embargo, resulta sorprendente como el director culmina la narración, propiciando un cierto desapego hacia su argumento al ligar a todos los personajes casi por obligación. Confieso en este sentido que esos rápidos brochazos me resultaron extraños, atractivos y torpes a partes iguales. Puede que nos encontráramos ante una conclusión un poco abrupta. Sin embargo, no niegan la casi pregnante cualidad de esta en apariencia modesta propuesta, que bien valdría ser revisada como una de las mejores comedias de inicios de la década de los cincuenta, y quizá uno de los títulos más decisivos en la evolución de la trayectoria de George Cukor.

 

Calificación: 3’5

2 comentarios

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