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SERPICO (1973, Sidney Lumet) Serpico

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Dos son los rasgos que, a mi modo de ver, siguen ofreciendo más de tres décadas después de su realización el suficiente interés a SERPICO (1973), con la que Sidney Lumet proseguiría por un lado con el alcance crítico y discursivo de su cine. Por otra parte este se integraba en un nuevo contexto dominado por exteriores urbanos mostrados a través de una crónica verista, que en aquellos años sería rasgo habitual en buena parte de los thrillers de la época. A partir de ese punto de partida, creo que es fácil detectar y apreciar en el título que nos ocupa el acierto en la selección y el protagonismo activo que manifiestan las escenas filmadas en exteriores como aquellas rodadas en interiores, ofrezciendo todas ellas una sensación de veracidad y marcando una descripción certera de un modo de vida alienado y dominado por la rutina y la acritud existencial. También es evidente que nos encontramos con la película que inicia de un modo bastante certero esa corriente crítica que Lumet iría prolongando durante bastantes años en su cine, centrada en el cuestionamiento de los estamentos policiales,  que tendría quizá su expresión más rotunda en títulos de la envergadura de PRINCE OF THE CITY (El príncipe de la ciudad, 1982) o Q & A (Distrito 34: corrupción social, 1990). Al lado de dichos referentes posteriores, SERPICO palidece y deja entrever notables fisuras, pero no es menos cierto que quizá sin la concurrencia del título que nos ocupa o del posterior DOG DAY AFTERNOON (Tarde de perros, 1975), es más que probable que el cineasta newyorkino no hubiera podido cometer con posterioridad los exponentes posteriores señalados.

 

La película se inicia mostrando al protagonista –Frank Serpico (Al Pacino)- herido de bala de extrema gravedad al ser trasladado a un hospital para intentar una casi imposible recuperación. La secuencia es mostrada con una cámara documentalista y una planificación ligeramente sincopada, dando paso a la inserción de un largo flash-back que constituirá la espina dorsal del film. En su desarrollo contemplaremos los primeros pasos que llevarán a Serpico a ir resultando paulatinamente rechazado para un contexto como el policial newyorkino. Lo será inicialmente por su iconoclasta personalidad –su aspecto y modos de trabajo se integran en el modelo contracultural definitorio de aquellos años- aunque esa desafección se extenderá en el choque que producirá la integridad del protagonista, al descubrir este las mafias policiales que se encuentran extendidas en todos los ámbitos de la profesión. Pese al apoyo que en esta lucha le brinda Bob Blair (Tony Roberts), ejerciendo como interlocutor personal con altos mandos que podrían apoyarle en su cruzada personal, la triste realidad es que la tarea de Serpico no solo estará encaminada a un fracaso que ni el reconocimiento de los planos finales llegará a enmendar, sino que le provocará el rechazo generalizado de sus compañeros, e incluso de parte de aquellos que se encuentran de su parte, al entender que nos encontramos ante un corpúsculo quizá más molesto que el propio carácter del combate que desea erradicar, que por otro lado se encuentra firmemente arraigado en la cotidianeidad policial.

 

Como señalaba al inicio, el film de Lumet permanece en nuestros días como un antecedente –por otro lado ya apuntado en la previa y más rotunda THE OFFENSE (La ofensa, 1972)- de los derroteros que el realizador encaminaría en su trayectoria posterior con una mayor hondura, aunque ello no evite que nos encontremos ante un producto quizá no especialmente distinguido, probablemente mitificado sin justificar en algunos sectores, aunque conserve un interés nada desdeñable. Es evidente, a este respecto, que la película alcanza una relativa debilidad en la descripción de su principal personaje dentro de unos matices que llegan a rozar en ocasiones lo grotesco. Es algo que igualmente afecta a la propia interpretación de Al Pacino –en líneas generales notable- que en algunos momentos da rienda suelta a un show personal nada favorecedor. En cualquier caso, pese a esas relativas debilidades –solventadas sin embargo de manera más adecuada que en títulos mucho menos consistentes como el mediocre MIDNIGHT COWBOY (Cowboy de medianoche, 1969. John Schlesinger)-, a lo manido que en nuestros días pueda aparecer esa estructura de relato dominada por el retroceso argumental antes señalado, o la falta de profundidad del alcance de la denuncia que abordan sus imágenes, no es menos cierto que nos encontramos con un relato que va logrando una nada despreciable temperatura, dejando entrever en su desarrollo áspero, frío e incluso metálico, una maraña de intereses y servilismos, ante cuya oposición queda el universo de una delación ante el conjunto del estamento policial. Un contexto tenso e, incluso en algún momento, nihilista, que Lumet logra trasladar en los mejores momentos del film, y que solo por el hecho de permitir una vía que años después exploraría de manera más contundente y lúcida, proporciona a SERPICO no solo el limitado pero estimulante bagaje que expresan sus propias imágenes, sino un valor suplementario que se mantiene en nuestros días.

 

Calificación: 2’5

23/09/2009 18:58 thecinema #. Sidney Lumet

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