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THE PEARL OF DEATH (1944, Roy William Neill) La perla de la muerte

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Son bastantes los títulos que he contemplado hasta la fecha, correspondientes al ciclo dedicado por la Universal al personaje de Sherlock Holmes durante la primera mitad de los años cuarenta, encarnando siempre al conocido investigador el actor Basil Rathbone. Lo cierto es que al disponer de esa mirada suficientemente amplia sobre ellos, es de justicia destacar la eficacia y ocasional inspiración marcada en un conjunto de producciones a mi modo de ver mucho más interesante que el mostrado por el decreciente cine de terror auspiciado por dicha productora de forma paralela. La condición serial –escorada a una clara serie B-, y el carácter cíclico de sus propuestas, es probable que con el paso de los años haya tratado con demasiada injusticia la valoración de un bloque de películas que merecen ocupar un lugar destacado dentro del cine de misterio generado en Hollywood durante aquella década. Una serie en la que se registran lógicos vaivenes, pero que tuvo la enorme suerte de estar amparado en su casi totalidad por un realizador inteligente como Roy William Neill. De hecho el peor de los títulos que he contemplado de este ciclo, es el que firmó el anodino John Rawlins –SHERLOCK HOLMES AND THE VOICE OF TERROR (1942)-.

 

A falta de un estudio sobre una filmografía que se remonta a pleno periodo silente, es indudable que la figura de Neill define a un director dotado de una especial destreza para tratar el cine de misterio –género en el que se desarrolló la mayor parte de su obra-, articulando con una enorme habilidad con la cámara la creación de atmósferas, e incluso describiendo un gusto exquisito en la dirección artística de sus películas. Todos estos elementos se dan cita en THE PEARL OF DEATH (La perla de la muerte, 1944), que no dudo en ubicar entre los títulos más interesantes de todo el ciclo, en y que por encima de todo adquiere la virtud de poseer un ritmo magnífico, expresado ya en sus primeros fotogramas, y que no abandonará en sus menos de setenta minutos de duración. El planteamiento inicial nos llevará a un crucero, donde muy pronto se establecerá el elemento de intriga con la custodia por parte de un agente británico, de una enorme perla procedente de la familia de los Borgia, que ha de ser depositada en el museo británico. Será el propio detective protagonista, quien disfrazado logrará evitar el robo de la joya en medio del viaje marítimo –en una secuencia desarrollada con una admirable destreza-, depositándola en el propio museo, donde cometerá la ligereza de facilitar de forma indirecta el robo de la misma ante sus plenas narices. Dicha circunstancia le acercará al peligroso delincuente Giles Conover (Miles Mander), quien aún habiendo hecho efectivo el robo, no ha podido hacerse con el control de la valiosa perla. La intuición del célebre investigador –cuya personalidad ha quedado en entredicho al haber facilitado la tarea del ladrón-, le obligará a recuperar la joya, aunque al mismo que tiempo que capture a Conover, el descubrimiento de una serie de asesinatos ligarán este robo a la actuación de un extraño demente –The Creeper (Rondo Hatton)-, un auténtico monstruo de destrucción que el ladrón ha conseguido captar para su fines, utilizando para ello la platónica relación que el psicópata mantiene con la joven Naomí Drake (Evelyn Ankers).

 

A partir de este contexto, la virtudes de THE PEARL... estriban en la presencia de un guión que considero se encuentra más equilibrado que en otras aventuras de Holmes y Watson. Puede que en este caso echemos de menos el alcance siniestro que permitían un título como THE SCARLETT CLAW (La garra escarlata, 1944. Roy William Neill), pero es bastante probable que sea en esta ocasión donde se encuentren articulados con mayor acierto esos apuntes humorísticos que en otros exponentes del ciclo aparecen más forzados. Es algo que tendrá su ejemplo en el tratamiento del personaje de Watson (Nigel Bruce) –un ejemplo pertinente lo tenemos en la secuencia en la que un recorte de prensa se le pega en la manga, adelantando con ello ese rasgo curioso de su personalidad, que tendrá una especial importancia con posterioridad-, pero también en las ironías permanentes que mostrará el inspector Lestrade (Dennis Hoey), o incluso en el malestar casi impertinente exteriorizado por el encargado del museo, tras desarrollarse el robo a partir de la torpe exhibición de superioridad de Holmes. Unamos a ello la lógica que preside la trama detectivesca, y el hecho de ligar a dos criminales de personalidad opuesta, a través de la subtrama –magnífico macguffin- de las estatuillas de Napoleón que redondearán su argumento, y obtendremos un conjunto que quedará completado por la agilidad con la cámara y la destreza con la que Neill –bien ayudado por un montaje e iluminación apropiados- desarrolla la acción –atención al aprovechamiento que ofrece de la aparición de Hatton, envolviendo su presencia a base de sombras, y logrando con ello una breve pero impactante presencia, de lejanos ecos a Frankenstein, una de suyas secuelas dirigió precisamente en aquellos años.

 

La articulación de todas estos elementos, confluyen finalmente en una pequeña delicia, pura esencia del mejor espíritu del personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle, basado en esta ocasión en el relato The Six Napoleons y utilizando los servicios del experto guionista de suspense Richard Millhauser –partícipe de otros títulos de la serie-. En pocas ocasiones como en esta, la figura de Holmes aparece más lógica en sus intuiciones y menos altanera en sus descubrimientos, mientras que la torpeza de Watson logra resultar hasta entrañable, unido a la permanente ironía manifestada por el combativo Lestrade. Junto a ellos, asistiremos a un conjunto plagado de persecuciones, encuentros y desencuentros, personajes ataviados con disfraces, asesinatos e intentonas –la que protagoniza Conover por medio de un libro que esconde un puñal de efecto mortal-, erigiéndose como una de las más atractivas aventuras fílmicas dentro de un ciclo populoso en su producción, atractivo en su conjunto pero, probablemente, en pocas ocasiones más acertado como en este tan modesto pero valioso THE PEARL OF DEATH en que, como en otras ocasiones, lograron incluso trasladar con enorme habilidad el marco temporal de la acción esgrimido por Conan Doyle, sin que el espíritu de su relato se viera traicionado.

 

Calificación: 3

15/06/2010 19:23 thecinema #. Roy William Neill

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thecinema

gravatar.comAutor: Gillian Silva

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