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THE DELINQUENTS (1957, Robert Altman)

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¿Cómo afrontar el análisis de THE DELINQUENTS (1957), debut cinematográfico de un realizador décadas después tan controvertido, como fue Robert Altman? Para aquellos –me temo que muy pocos-, que hayan podido ver su inmediatamente posterior documental THE JAMES DEAN STORY (1957), ligarán ambos exponentes como un extraño díptico destinado a mostrar su visión de la juventud norteamericana de aquella segunda mitad de los cincuenta. A partir de ambos títulos, Altman se embarcó en una extensísima andadura televisiva, que no le llevaría de nuevo hasta la gran pantalla hasta más de una década después, cuando realizó el funcional pero poco personal relato de ciencia-ficción COUNTDOWN (1968). En realidad, el supuesto “mito” de Altman –al que confieso no sumarme-, se inicia a partir del inesperado éxito logrado con M.A.S.H. (1970) –en especial al recibir la Palma de Oro del Festival de Cannes en aquel año-. Sería el acicate para que Altman pudiera ser considerado por unos como un analista sobre los claroscuros de la sociedad USA del momento, mientras que otros esgrimieron en su contra sus limitadas cualidades como narrador cinematográfico. Confesando de antemano mi mayor inclinación hacia este segundo aspecto –sin por ello dejar de reconocer que me gustan algunos de los títulos que firmó, incluso uno de ellos lo considero excelente, SHORT CUTS (Vidas cruzadas, 1993)-, resulta obvio que en este su debut fílmico se pueden detectar elementos para aquellos que –en teoría- puedan defender ambas tesis. Es decir, nos encontramos ante una película de escaso presupuesto, en la que su visión moralista se manifiesta en la ridícula voz en off que abre y cierra el relato –que incluso llega a invocar referencias divinas-, sin un reparto consistente, ingenua e incluso torpe en su desarrollo, y que destaca por la ausencia de esa tensión dramática que su enunciado pide casi a gritos. Sin embargo, y aún reconociendo que todas estas objeciones pueden ser formuladas sin ningún género de duda, lo cierto es que THE DELINQUENTS alcanza, dentro de su discreción, una sensación de autenticidad que ha logrado permanecer incólume con el paso más de medio siglo.

En realidad, su metraje se limita a mostrar la pequeña historia de un grupo de jóvenes, varios de ellos ligados a un líder poco recomendable –Cholly (Peter Miller)-. Estos muchachos solo saben divertirse de manera desprejuiciada pero, al mismo tiempo, simple. Sus diversiones quizá fueron transgresoras en aquellos tiempos, aunque en realidad se nos antojan pueriles. De manera paralela, asistiremos a la imposibilidad de prolongar la relación adolescente que mantiene el joven Scotty White (Tom Laughlin, posteriormente realizador) con Janice Wilson (Rosemary Howard). El padre de la muchacha no acepta que con sus dieciséis años, esta mantenga una relación estable con Scotty, resignándose este a la nueva situación, y acudiendo a un drive in, donde se mostrará ausente, encontrándose de forma inesperada con este grupo de jóvenes. Estos lo implicarán en una de sus gamberradas, propiciando el acercamiento entre Cholly y nuestro protagonista, a quien ofrecerá el interceder para emerger como un supuesto nuevo amigo de su novia, y con ello permitir que Janice y su inesperado compañero puedan seguir manteniendo su relación, aún a costa de mantenerse al margen de los deseos del padre de esta. Ello supondrá el inicio de una escalada de hechos delictivos en los que la pareja de novios se verá implicada sin desearlo, violentando la cotidianeidad de su hasta entonces tranquila relación.

Podría decirse que tras REBEL WHITOUT A CAUSE (Rebelde sin causa, 1955. Nicholas Ray), poco había que decir en el ámbito de la crónica de esa juventud que propiciaron las clases medias o acomodadas surgidas a partir de una sociedad que emergía tras el trauma de la II Guerra Mundial, Ello no evitó que en el cine norteamericano se eternizaran propuestas de este tipo, por la sencilla razón de que resultaban comerciales, conectaban con el mismo sector juvenil al que iban dirigidos, y puede que en alguna ocasión mostraran la sinceridad de su enunciado. No me cabe la menor duda que el film de Altman se inserta en ese último apartado, y también que en la sencillez –incluso la ingenuidad- de su trazado, se observa una mirada casi, casi, inocente –esa misma inocencia en su propio moralismo que muestra la ya mencionada voz en off-, y al mismo tiempo, su escueto metraje no incide en esos efectismos que, a mi modo de ver, arruinan buena parte de la posible eficacia de estos relatos. En su defecto, al debut fílmico de Altman le falta alma, sus formas devienen casi amateurs en ocasiones, la sensación de estar rodada casi por un profano se hace demasiado patente, por medio de una puesta en escena desmañada y carente de sentido de la progresión dramática –quizá es algo que mantuviera el director durante la mayor parte de su obra-. Y sin embargo, no se puede negar que THE DELINQUENTS no adquiera un determinado grado de interés. Esa visión casi a ras de tierra de una sociedad familiar que ya ha asumido en sus modos la alienación que les proporciona la televisión –las secuencias en las que se observa como la hermana pequeña de Scotty no despega su mirada ante el aparato-, va unida a una descripción de los usos y costumbres de aquella época –el desarraigo entre padres e hijos, las fiestas que desarrollaban los jóvenes, su propio vestuario, en esta ocasión bastante alejado de la iconografía mostrada por la mitología de Brando o Dean-. Pero junto a ello, la película no deja de mostrar de soslayo ese matiz homoerótico –en la querencia que Cholly muestra por el atractivo Scotty, sometiéndolo incluso a la relativa tortura que es hacerle ingerir whisky de forma indiscriminada-.

En cualquier caso, más allá de estos elementos concretos, lo que adquiere una mayor vigencia en un film tan ingenuo, tan discreto y al mismo tiempo tan entrañable, como el que nos ocupa, reside a mi juicio en la patina que ofrece su propio aspecto visual. Esa textura que le brinda ese sombrío blanco y negro, que a fin de cuentas se convirtió en el mejor aliado de títulos tan evocados como NIGHT OF THE LIVING DEAD (La noche de los muertos vivientes, 1968. George A. Romero), o la previa NOT OF THIS EARTH (1957, Roger Corman). No se trata en esta ocasión de un referente integrado dentro del fantastique, pero sí que es cierto que dicha textura visual –producto sin duda del escaso coste del film; apenas unos sesenta mil dólares-, es el que más de medio siglo después apuntala su débil pero no ausente caudal de sugerencias. Sugerencias estas que no obvian una mirada en último término compasiva, al contemplar dentro de la comisaría en segundo término, como los padres de esos Romeo y Julieta contemporáneos, se conocen e inician su contacto por vez primera. En definitiva, THE DELINQUENTS supondría una mirada en torno a esa búsqueda de la necesaria comunicación intergeneracional, que en buena medida ya había propiciado el mencionado Nicholas Ray en obras precedentes, pero ante la cual el cine USA vio, más que una posibilidad temática, un filón de rentabilidad asegurada. Incluso en un título tan modesto como este, la ecuación se produjo de nuevo, recaudando un millón de dólares. Es decir, multiplicando casi por veinte su inversión inicial.

Calificación: 2

07/02/2011 16:55 thecinema #. Robert Altman

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