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KRONOS (1957, Kurt Newmann)

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No voy negar que el visionado de KRONOS (1957) me ha proporcionado una notable decepción. Decepción que no se centra en albergar grandes expectativas en una película de la que desconocía cualquier referencia, y que no deja de estar en consonancia con la sensación de sobrevaloración que a lo largo de los años me ha manifestado la apuesta de este género en el cine norteamericano de los años cincuenta. Nadie puede negar la valía de títulos canónicos, entre los cuales situaré en una cima suprema THE INCREDIBLE SHRINKING MAN (El increíble hombre menguante, 1957. Jack Arnold), y junto a ella sorpresas como la que me proporcionan títulos apenas citados como THE ALLIGATOR PEOPLE (1957. Roy del Ruth), la cuasi metafísica FIVE (1951. Arch Oboler), o la sencilla pero estimable aportación de un Virgil Vogel –ayudante de dirección de Arnold-. Sin embargo, no puedo dejar de ocultar que otros títulos igualmente valorados, no dejan de parecerme carente de interés –el de DESTINATION MOON (Con destino a la luna, 1950. Irving Pichel) sería un referente oportuno-, en el conjunto de una producción en donde abundaban elementos tópicos y antipáticos, bañados en un sentimiento nada velado de anticomunismo que no quedaba compensado con la carencia de valores esencialmente cinematográficos. Pero sucede que KRONOS (1957) se rodó por Kurt Neumann apenas un año antes de que filmara una de las cimas del género; la excelente THE FLY (La mosca, 1958), y Neumann fue años antes el artífice del intenso melodrama pasional desarrollado en el mundo del circo que fue CARNIVAL STORY (Apasionadamente, 1954). Sin embargo, la filmografía de este competente pero intuyo que impersonal artesano que fue Neumann fue extensa, y en ella se daba cita lo convencional, lo rutinario y lo simplemente profesional, de manera más destacada que la inspiración que demostraban los dos títulos antes citados –quizá la cima de su artífice-. Sin embargo, ante mi desconocimiento, y partiendo de la base argumental que planteaba, había de entrada elementos de interés en esta KRONOS que tiene a su favor contar con una muy ajustada duración, aunque dicha circunstancia no ejerza –como en las grandes muestras de la serie B- como elemento motor para lograr un conjunto compacto y perdurable.

Y lo peor de todo es que la película se inicia con atractivo. Unos títulos de crédito bastante novedosos para la época –en las que muy pocos años antes Otto Preminger había introducido la importancia de estos de manos de sus colaboraciones con Saúl Bass-, creando un aura de tensión que tendrá su continuidad con la abducción de un anónimo conductor que discurre por una carretera rural, mediante el rayo que le dirige una nave espacial de la que nunca tendremos noticia. El rudo y joven conductor, llevará en su mente la intención de dirigirse a una base del ejército, trasladando su estado al doctor Hubbell Eliot (John Emery). Este será el punto de partida de una película que poco a poco va decepcionando en esa sequedad y convicción que se ha iniciado, degenerando en un simple relato en el que se desaprovecha ante todo un elemento de partida en su guión, como es la importancia que una energía interior podría tener a la hora del desarrollo de una historia revestida de simplismo, en la que el joven dr. Leslie Gaskell (el pétreo Jeff Morrow) y su novia y ayudante Vera Hunter (Barbara Hunter), investigarán el motivo de una serie de catástrofes que irán extendiéndose, a partir de ese misterioso objeto que intentarán destruir de manera denodada e infructuosa. En ese interín, se desaprovecha la oportunidad de construir un relato interior –tal y como propondrían por aquellos años determinados exponentes de la sci-fi británica; en esta película se encuentra la mano del productor Robert L. Lippert, ligado a la cinematografía británica y promotor en aquellos momentos de la productora Regal Films.

Por desgracia, todo quedará en las intenciones y carencia de objetivos cinematográficos que muy pronto se diluyen en un conjunto en el que al parecer existieron notables deficiencias de producción, que quizá justifiquen el resultado final, pero que en definitiva emparentan este KRONOS a tantas y tantas muestras del género producidas en aquellos años, en donde bajo una irrelevante trama argumental, se esconde un nada velado alegato anticomunista camuflado bajo las rebuscadas mitológicas con las que se bautizará ese valioso diseño de una extraña y progresivamente gigantesca criatura metálica –un acierto de diseño-, encargada de devorar la energía proveniente de la tierra, y destinada con ello a provocar la destrucción en territorios norteamericanos, teniendo como marco de su presuntamente dramática conclusión en los alrededores de Los Angeles. Explosiones y escenas de acción tomadas de archivos y documentales, personajes apenas esbozados… Muy poco, en definitiva, para una propuesta que con rapidez pasa al olvido, firmada por un competente pero irregular artesano, quien sin embargo menos de un año después auspiciaría una de las más inteligentes propuestas del género –la ya mencionada THE FLY-, que no pudo ver completada, ya que falleció antes de que fuera estrenada.

Calificación: 1’5

18/09/2012 21:20 thecinema #. Kurt Newmann

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