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CINEMA DE PERRA GORDA

I MARRIED A MONSTER FROM OUTER SPACE (1958, Gene Fowler, Jr.)

I MARRIED A MONSTER FROM OUTER SPACE (1958, Gene Fowler, Jr.)

Es bastante probable que una mirada teñida de superioridad sería motivo suficiente para destrozar literalmente este pequeño título de la S/F cinematográfica de la segunda mitad de los 50. I MARRIED A MONSTER FROM OUTER SPACE (1958, Gene Fowler, Jr.). La pobreza de la recreación de los alienígenas o la extrema simpleza de sus efectos especiales son elementos que en unos tiempos en los que los dólares sobre la mesa o la simple digitalización parece que todo lo arregla, indudablemente invitarían a la sonrisa al contemplar esta simpática variación –y hasta cierto punto trivialización- de la clásica LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS (Invasión of the Body Snatchers, 1956. Don Siegel).

Nos encontramos en los últimos coletazos de la década de los cincuenta y la aparente tranquilidad del americano medio se encuentra llena de miedos por elementos históricos y sociológicos por todos conocidos. Nos encontramos en una época donde proliferan títulos que utilizarían total o parcialmente los códigos del melodrama para subrayar ese determinado hundimiento de la aparente felicidad del American Way of Life. Dentro de sus limitaciones e insuficiencias, creo que pese a ser una película destinada a programa doble, a sus pobrísimos caracteres de producción –se rodó en muy pocos días y en escasos decorados- y a sus no pocas insuficiencias, la película de Fowler se mantiene bastante bien. Quizá hasta mejor que otras producciones del género más prestigiadas y, sin embargo, deficientes.

I MARRIED... narra la odisea de Marge (estupenda Gloria Talbott), joven de una pequeña localidad norteamericana que se va a casar con un apuesto vendedor de seguros –Bill Farrell (el futuro “cardenal” premingueriano y novelista, Tom Tryon)-. Pasado un año de su boda Marge nota que su esposo no es el mismo. Se ha convertido en un ser ausente que no se preocupa ni por dejar descendencia. Poco a poco adquiere la conciencia de que algo raro sucede –en el aniversario de boda le regala un cachorro de perro del que Bill se deshará al ver que este no deja de increparle-, mientras que al mismo tiempo en la localidad van sucediendo extraños incidentes que comportan la desaparición de hombres. Llegado un momento y tras seguirlo, la joven esposa descubrirá que su marido en realidad ha sido sustituido por un extraterrestre con su misma apariencia. La realidad es que tanto Bill, como los otros hombres de la ciudad que han sido reemplazados, han ido ocupando los cuerpos de diversos de los vecinos de la localidad, intentando lograr con el paso del tiempo una descendencia que les permita la supervivencia de su raza, que huyó de la explosión de su planeta.

Como quiera que el ser que ocupa el cuerpo de Bill sabe que Marge es consciente de lo sucedido, finalmente le relata esta odisea, que de algún modo le hace demostrar una cierta humanidad, matizada además por la apreciación que alberga de intuir lo que es el amor. Pese a la receptividad que en la joven adquieren estos sinceros comentarios, no ceja en su intención de encontrar otros lugareños que no estén convertidos en monstruos y que puedan luchar contra ellos, al saber ella donde se encuentra la nave. Es así como finalmente un grupo de ellos contraatacará a los monstruos que allí se esconden, logrando finalmente devolver a la normalidad los cuerpos que habían ocupado y no sin tener que sufrir la dolorosa sensación de despedirse del ser que con el cuerpo de su esposo ha convivido durante más de un año, llegando a confesarle su difícil situación.

Sin lugar a duda, en I MARRIED... se plantea una cierta crítica al matriarcado americano. La propia circunstancia de que todos los seres ocupados por los alienígenas sean hombres no es nada casual. Pero lo interesante de la película estriba en la demostrada eficacia con la que Fowler –no lo olvidemos, importante montador, entre otros, de los últimos y magistrales títulos norteamericanos de Fritz Lang- aplica los postulados de la producción en serie B de la época, con una notable destreza descriptiva tras la cámara –y la larguísima panorámica inicial con grúa es buena prueba de ello- o la utilización dramática de los escasos decorados que se disponen, de los que logra un excelente partido por medio de una contrastada fotografía en blanco y negro.

Es evidente que de haber optado por una línea de sugerencia y contención en la aparición de los elementos que prefiguran la corporeidad de los alienígenas, esta hubiera adquirido una mayor credibilidad y homogeneidad. Sin embargo, creo que el conjunto de su metraje finalmente nos permite que este lastre pase a un segundo término, quedándonos fundamentalmente con esa atmósfera opresiva que se respira en las andanzas de Marge por intentar huir de la población y, finalmente, intentar ofrecer a partir de la tortura del alienígena que asume el cuerpo de Bill, un sentimiento casi inaudito hasta entonces en él –siempre había considerado a la mujer como un simple objeto para la reproducción-. Si a ello añadimos además la acertada elección del apuesto pero inexpresivo Tom Tryon para recrear la figura de ese Bill que incorpora en su interior a un extraterrestre, permite que por momentos el sentimiento de repulsa que manifiesta Marge ante él puedan incluso sonar como irónicos de cara a los patrones físicos del all american boy.

Como se puede concretar, incluso en una película de consumo de programa doble se podían destilar elementos ingeniosos a través de puestas en escenas llenas de inquietud, demostrando que en bastantes ocasiones la S/F buscaba reflexiones sobre la sociedad de aquellos años.

Calificación: 2

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