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CINEMA DE PERRA GORDA
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HASTA SIEMPRE, MAESTRO

HASTA SIEMPRE, MAESTRO

No suelo ser muy dado a las necrológicas. La admiración por alguien se manifiesta en vida. Pero, por fortuna, esa magia que proporciona el cine permite que la aportación de tantas y tantas figuras quede en la memoria imperecedera de su labor tras la pantalla. Es algo en lo que siempre tendrán la ventaja los actores, auténticos privilegiados en el alcance de la inmortalidad para las generaciones futuras.

 

Hoy ha fallecido José Luis López Vázquez. Lo ha hecho a una edad avanzada, con una trayectoria vital y profesional reconocida y admirada. No ha sido, pues, una aportación menguada. Por el contrario, José Luis HA SIDO el cine español. Así. A secas. Para lo bueno y para lo malo, su figura anticonvencional ha supuesto uno de los iconos más inolvidables y definitorios de nuestro cine. Sin prerrogativas culturales ni ansias de dirigir. Sin intentar buscar en él un icono de la cultura ni coartadas “progresistas” con las que ensalzarle –ya sabemos que López Vázquez era “de derechas”-. Es por ello que cuando hace unos años se le concedió un más que merecido Goya de honor, parecía que se le daba a regañadientes, aunque su discurso de agradecimiento fue la más que contundente reivindicación de un galardón que no servía para homenajear al premiado –al cual no le hacía ninguna falta-, sino para lavar la conciencia de una academia con extraños criterios.

 

Pero eso no importa. Para todos los que ya peinamos algunas canas, López Vázquez era el arquetipo del español que emergía de la posguerra y fue integrándose en el desarrollismo español. Pero, sobre todo, fue uno de los más gloriosos cómicos que brindó el cine del viejo continente. Lo situaría entre los mejores intérpretes españoles –en mi opinión, la terna la completaría Manolo Aleixandre y el desaparecido Félix Fernández-, europeos e incluso mundiales. Su rostro enjuto y expresivo, su controlada pero impagable gesticulación, su encarnación perfecta de las grandezas y miserias del español medio queda ahí, para la posteridad. En tantas y tantas comedias de consumo rápido, pero también en bastantes de los mejores títulos de nuestro cine –bastante menos pródiga en calidad de la que algunos se empeñan en afirmar-. Desde el norteamericano George Cukor hasta el consumista Pedro Lazaga. Desde Carlos Saura hasta Jaime de Armiñán. De todo hubo en la dilatada y pródiga viña interpretativa que José Luis López Vázquez ofreció a lo largo de más de medio siglo.

 

Pero sin embargo, lo mejor de sí mismo lo ofreció bajo la dirección de otro grande, recientemente homenajeado, Luis García Berlanga. A su servicio brindó el que para mí supone su trabajo más supremo, una de las mejores interpretaciones que he visto en mi vida. Ese arribista Quintanilla, que logró convertir en detestable y enternecedor al mismo tiempo, dentro del inmenso y demoledor mosaico coral que ofrece PLÁCIDO (1961), para mi –y para muchos otros-, la mejor película que jamás ha creado nuestro cine.

 

Fuiste, eres y serás siempre grande, José Luis. Hace unos pocos años –en 2005-, fuiste elegido pregonero de les Fogueres de Sant Joan, las principales fiestas de mi ciudad, Alicante –en ocasiones anteriores ya las habías visitado y sabías de la hospitalidad que te brindaron mis paisanos y compañeros festeros-. En aquella ocasión compartí una comida contigo, junto a tu hijo y al lado del concejal Andrés Lloréns. Y pude comprobar como tus modos “a la antigua usanza” eran consustanciales. Como lo eran sus métodos de esa gloriosa estirpe de cómicos. Y cuando nos enseñó el contenido del pregón, mecanografiado con maquina de escribir, el texto tenía incorporados a lápiz una serie de separaciones, en donde él haría los preceptivos parones en su alocución, para provocar con ello la atención de los receptores en nuestra Plaza del Ayuntamiento. Así era José Luis López Vázquez en esos últimos años de su vida. Lúcido, representante ilustre de otro tiempo, de otra manera de entender las cosas y, sobre todo, un actor que más allá de un cómico –y actor dramático- irrepetible, ha sido uno de los grandes símbolos populares de la segunda mitad del siglo XX español.

 

José Luis, seguirás siempre en nuestra memoria. Ese recuerdo que proporciona el arte popular de la pantalla.

1 comentario

Paquito -

Querido, fantástico este post, ya sabes que estaba y estaré loco por este monstruo del cine. Un abrazo!! Fernando Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo