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CINEMA DE PERRA GORDA
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THE SCARLETT CLAW (1944, Roy William Neill) La garra escarlata

THE SCARLETT CLAW (1944, Roy William Neill) La garra escarlata

Es un sentimiento bastante extendido, manifestar que THE SCARLETT CLAW (La garra escarlata, 1944. Roy William Neill) es la mejor de las producciones que, en el seno de la Universal, se realizó en torno a la figura del detective Sherlock Holmes. No se hasta que punto podría ratificar dicho enunciado, en la medida que THE HOUSE OF FEAR (La casa del miedo, 1943) también me parece una aportación espléndida al cine de misterio y, lo que es más importante, todavía no he visionado todas las muestras de este ciclo. En cualquier caso, no dudo en unirme a ese cierto entusiasmo que me provoca esta película, que sin duda habría que insertar en cualquier antología del cine de misterio generado en el cine de Hollywood en la década de los cuarenta.

 

THE SCARLETT... se inicia de manera apasionante. En medio de un contexto rural nocturno de carácter espectral, el sonido de la campana de la iglesia parece augurar el más siniestro anuncio. Frente a su sonido casi fantasmagórico, los lugareños de la pequeña población canadiense de La Mourte Rouge se reúnen aterrados en el hostal del mismo, sin atreverse a visitar esa iglesia que se encuentra desierta y en la que resuena ese tintineo de aroma mortuorio. Finalmente, será el párroco el que se atreverá a acudir a su templo –acompañado del cartero de la localidad-, introduciéndose en el mismo –que se encuentra con la puerta abierta-, y descubriendo del cadáver de Lady Pemrose. Hay algo de tourneriano en la habilidad con la que Neill logra trasladar al espectador esa atmósfera clásica de film de terror. No olvidemos a este respecto que en esos mismos años el propio realizador había aportado su experta mano por estos lindes genéricos con el fantastique con modestas pero atractivas apuestas dentro de esos cocktails de monstruos que la Universal producía en aquellos tiempos –FRANKENSTEIN MEETS THE WOLF MAN (Frankenstein y el hombre lobo, 1943. Roy William Neill)-.

 

Muy pronto, la acción de la película se trasladará al contexto de una reunión de amantes del ocultismo a la que acude el propio Lord Pemrose (Paul Cavanagh), y en la que también se encuentran presentes Sherlock Holmes (Basil Rathbone) y Watson (Nigel Bruce). Este ingenioso apunte de guión establece de manera certera el contraste de credibilidad ante lo sobrenatural que expresa Pemrose –que en esta convocatoria conocerá la muerte de su esposa- y el racionalismo que siempre guiará la personalidad del célebre detective. Lo importante de esta secuencia se centra en lograr integrar de la forma más brillante y lógica posible la presencia y posterior actuación de Holmes en la intriga, sin mostrar ni la típica superioridad del protagonista –al contrario, se establece una interesante digresión de su personalidad- ni elementos artificiosos integrados con calzador en la trama. Por el contrario, esta adquiere tanta lógica como inventiva, desplegando un argumento de suspense con notables elementos ligados al fantastique –parajes nocturnos, neblinosos y espectrales, incluso una aparición extraña en dichos marcos-, llegando incluso a mostrar aspectos que denotan una cierta vertiente necrológica –que tiene su modo de expresión más rotundo en el instante en que Holmes se introduce en la mansión de Pemrose y contempla al ya viudo junto al cadáver de su esposa-.

 

THE SCARLET CLAW destaca por la brillante combinación de dichos elementos con la entrega de una puesta en escena que sabe resaltar la progresión del relato, apostar por detalles tan interesantes como el arma con la que se realizan los crímenes –que servirá para que Holmes ponga a prueba a uno de sus sospechosos-, o introducir giros muy interesantes como el que plantea que el criminal sea un actor que en el fondo desea vengarse de una serie de personas que residen todas ellas en la extraña población. Ello asimismo servirá para describir una serie de personajes aterrorizados –sin que haya razón lógica para ello-, trazando una galería humana realmente atractiva –que va desde el temeroso juez hasta el no menos asustado dueño del hostal-, en la que además los apuntes humorísticos que suelen ir ligados a la figura de Watson, en esta ocasión son tan discretos como bien insertados, sirviendo de contrapunto a un guión en el que prácticamente no se plantea tregua alguna. El film de Neill logra dar la impresión de establecerse como un artefacto engrasado a la perfección, en el que cada nueva digresión no solo está integrada con la que le procede, sino que la progresión de elementos, a primera instancia dominados por el artificio,  se revela de notable pertinencia. Es algo que se manifiesta con la sucesión de elementos y detalles que inspiran la dosificación de la intriga –la aparición de un ser espectral ante Holmes, el resto de tejido que este logra localizar de dicho presunto fantasma, el indicio que este tejido le llevará a la presencia del juez....-. Esa articulación de la lógica que domina la película, por más que en primer término puedan parecer peregrinos y carente de lógica, la manera con la que están insertadas en la película, contribuyen a que su contemplación llegue a suponer una experiencia francamente atrayente. Es algo que manifestará, por poner otro ejemplo, la introducción de ese abandonado hostal en que reside el que finalmente resultará el asesino –el viejo actor despechado-, prolongándose con la sucesión de equívocos y situaciones amenazantes –el momento escalofriante en que el temeroso juez es asesinado, suplantando la identidad de su joven sirvienta, el posterior asesinato de la amable hija del propietario del hostal-, hasta llegar a una solución tan lógica como sorprendente. Sin excesos por parte del protagonismo de Holmes, que en esta película adquiere su justa presencia como personaje, ni los caricaturescos de Watson, ni la presencia de situaciones que en otros de los exponentes de esta serie se antojan tan brillantes como inverosímiles, THE SCARLETT CLAW se define como una estupenda manifestación de cine de suspense. Un ejemplo pertinente en el que la atmósfera, la vigencia narrativa de unas fórmulas de probada eficacia y con la base de un guión valioso, confluye en un título realmente notable, en el que la presencia de los célebres personajes surgidos de la mente de Sir Arthur Conan Doyle no solo no resultan excluyentes en el metraje, sino que su presencia se erigen por completo pertinentes.

 

Calificación: 3

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