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CINEMA DE PERRA GORDA

WATER FOR ELEPHANTS (2011, Francis Lawrence) Agua para elefantes

WATER FOR ELEPHANTS (2011, Francis Lawrence) Agua para elefantes

Hay una formula que ha venido extendiéndose dentro de lo que podríamos denominar “cine clásico”: la variante del melodrama centrada en parejas que en un periodo de su veteranía o desaparición recuerdan cuando se forjaron como tales en plena juventud. Sería largo y ocioso citar ejemplos de dicha vertiente, pero en los últimos quince años ha habido dos ejemplos muy concretos. Uno de ellos, el del multitudinario éxito forjado con TITANIC (1997, James Cameron), y otro el del menos comercial pero con el paso del tiempo convertido en una auténtica cult movie. Me refiero a THE NOTEBOOK (El diario de Noa, 2004, Nick Cassavetes). Vaya por delante que no considero ninguno de estos dos referentes, más que dignas propuestas de cine comercial destinado a un público adolescente con unos ciertos tintes, sino de nobleza, si al menos desmarcándose de los peores tics del cine teen, aunque mirando de reojo dicho sustrato de público tan importante para la comercialidad en las taquillas de nuestros días. Y es quizá en la conjunción de ambos elementos, donde quizá cuando se produce determinada “chispa” se logren referentes como los antes citados, que sin suponer grandes exponentes cinematográficos, han logrado ya un lugar en la mítica fílmica de los últimos años.

En dicha tendencia cabe introducir de manera más reciente, WATER FOR ELEPHANTS (Agua para elefantes, 2011), dirigida por el especialista en videoclips Francis Lawrence, de la que recuerdo la desaprovechada CONSTANTINE (2005). A tenor de su escasa experiencia en el largometraje, al menos cabe señalar que encontrándonos ante un título en última instancia discreto, su regusto a clasicismo entremezclado con cierto aire retro puesto en práctica por muchas otras películas de los últimos años, proporciona a la propuesta –destinada ante todo a consolidar como actor adulto a Robert Pasttinson, por más que en su tarea ante la pantalla se aprecien tanto sus enormes insuficiencias como intérprete, como una innegable fotogenia que solo en contados momentos puede traducirse como carisma cinematográfico-. Pattinson encarna en la película al joven inmigrante polaco Jacob –estudiante de veterinaria-. Su juventud aparecerá tras un preludio en el que contemplaremos a su personaje ya muy anciano ante unas instalaciones circenses a punto de ser desmontadas. En esos momentos, lo contemplaremos bajo los rasgos del veterano y excelente Hal Holbrook, quien a raíz de contemplar ante uno de los responsables del circo una foto de la que fue su enamorada y más tarde su mujer, empezará a relatar la historia de aquel pasado que, en forma de flash-back, se extenderá hacia la práctica totalidad del film.

A través de esa emotiva introducción –en la que el rostro de Holbrook supone un aliado de considerable calado a la hora de crear una atmósfera de emotividad-, la película se traslada mediante la voz en off de su protagonista a los tiempos de la Gran Depresión, en donde la familia de Jacob vive sin privaciones la misma, acostumbrados a las superiores estrecheces de su país. Sin embargo, un inesperado accidente de tráfico se cobrará la vida de sus padres, descubriendo al mismo tiempo la situación precaria con la que el fallecido sobrellevaba su negocio, que forzará al muchacho a quedarse prácticamente en la calle –un bello plano mostrado desde el interior de la vivienda familiar que se encuentra vacía y en el momento de abandonarla, nos introducirá a ese mundo al que se enfrenta un joven que hasta entonces vivía una relativa seguridad y estabilidad-. Ese caminar le obligará a ocupar como polizón un vagón de tren, trasladándole de manera inesperada a la tripulación del circo de los hermanos Benzini. Dentro de una extraña recepción, Jacob conocerá al propietario del mismo, el inquietante y carismático August (Christoph Waltz), quien lo admitirá como tal veterinario, teniendo como primer cometido que sacrificar al bello caballo que suponía la estrella del circo, al margen de gozar del cariño de la joven y bella Marlena (Reese Whiterspoon), esposa de August y máxima figura del espectáculo. Poco a poco comprobaremos como dentro del depauperado paisaje social descrito, los circos irán poblándose de la quiebra de otros de ellos, y el promotor del que protagoniza el film, no tendrá escrúpulos de desembarazarse de los operarios a los que no puede pagar, llegando a titarlos del tren en marcha. Es decir, dentro de un ambiente sórdido propio de la época y la descripción de roles secundarios, el film de Lawrence destaca por su espléndida fotografía en color de Rodrigo Prieto, la pertinencia de la banda sonora de James Newton Howard, y un tempo narrativo dominado por la serenidad. Y es que si bien el espectador que acuda a contemplar WATER FOR ELEPHANTS no creo que tenga margen para las grandes sorpresas, a partir del original literario en que se basa –una novela de Sara Gruen-, sí que es cierto que el mismo conserva cierto regusto al cine de antaño, que sus secuencias en líneas generales están planificadas con presteza –sobran algunos apuntes románticos en los que se recurre al innecesario ralenti-, y esa cadencia se combina de manera adecuada al contraste que le proporciona la siniestra personalidad que desde el primer momento esgrime August.

Una vez más, WATER FOR ELEPHANTS nos permite la oportunidad de contemplar la sordidez de un contexto como el circense, en teoría creado para el disfrute de las masas, pero en su interior partícipe de un mundo sacrificado e incluso destinado a las humillaciones. La película de Lawrence no deja de mostrar la faceta bella e incluso esteticista que se muestra bajo la carpa –sobre todo manifestada en esa secuencia en la que el elefante que ha comprado August huye de la misma, y Marlena logra revertir la inesperada y peligrosa situación, haciendo parecer ante el público que se encontraba prevista-. A partir de dichos mimbres, nos encontramos ante un melodrama tan anticuado como ligero y grato de contemplar. Tan dirigido al público adolescente, como evocador de un tipo de cine hoy día en desuso, tan revelador de una época triste y compleja, como embellecido en su look –aspecto este en el que otros títulos precedentes le abrieron el camino-. En definitiva, una muestra más o menos discreta, más o menos admisible, de ese “cine de palomitas”, que al menos nos permite contemplar una historia, una narrativa más o menos relajada, en la que quizá se antoje un poco más de arrojo o intensidad entre su pareja protagonista –los rumores hablan de que en el rodaje los jóvenes se llevaron bastante mal-. Pero ello no evita asistir a una pequeña propuesta que, dentro del hecho de su previsibilidad, atesora en sus mejores momentos cierto grado de temperatura emocional y, sobre todo, cierta nobleza en su trazado cinematográfico.

Calificación: 2

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