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TWO FLAGS WEST (1950, Robert Wise) Entre dos juramentos

TWO FLAGS WEST (1950, Robert Wise) Entre dos juramentos

No puede decirse que en su amplio recorrido por la casi totalidad de los géneros que forjaron la amplia filmografía del norteamericano Robert Wise, la presencia del western tuviera una especial importancia, aunque justo es reconocer que en ella se encuentra una producción de la RKO titulada BLOOD IN THE MOON (1948), que quizá goce de un estatus de culto algo desmesurado. Sin embargo, dos años después, y en el contexto de producción de la 20th Century Fox, es más que probable que TWO FLAGS WEST (Entre dos juramentos, 1950) no solo se erija como su aportación más atractiva al cine del Oeste, sino que ante todo podríamos situarla dentro de los títulos más atractivos rodados por Wise en aquellos años, albergando para ello la combinación de un director en plena forma, quizá alentado por el look de producción del estudio de Zanuck, y quizá igualmente retomando en cierta medida el éxito albergado apenas un par de años antes con el FORT APACHE (1948) de John Ford. Lo cierto y verdad es que la película se articula de antemano como una propuesta sombría, erigiéndose como uno de los primeros exponentes de la corriente psicológica del género, que tanta importancia tendría para enriquecer su evolución posterior, sin que ello nos evite asistir a una iconografía en la que se encuentren presentes los ataques indios –aunque el devenir del relato nos haga comprender la justificada ira de sus máximos representantes-.

Partiendo de un magnífico guión del especialista Casey Robinson –también productor del film-, Robert Wise establece de antemano una precisa descripción de los cuatro principales personajes sobre los que se erigirá una acción establecida en los últimos instantes de la Guerra de Secesión. Nos encontramos exactamente en 1864, cuando el bondadoso capitán nordista Mark Bradford (Cornel Wilde), brinde al coronel confederado Clay Tucker (Joseph Cotten), ser el segundo en el mando de un comando en el que podrían integrarse todos sus subordinados, obteniendo con ello el perdón si se establecen como soldados de la Unión, uniéndose a los soldados nordistas que protegen un fuerte establecido en la frontera con territorio indio. Pese a las reticencias casi generalizadas, el poder de mando de Tucker logrará que sus soldados se sumen a esta rendición, dirigiéndose con Bradford hasta Fort Thorn, en Nuevo México. Lo que no contarán los recién llegados –acostumbrados además a la consideración brindada en todo momento por el nordista que los ha guiado, encontrarse con la figura del comandante Kenniston (Jeff Chandler, en un rol no muy habitual a los que nos vendría acostumbrando). Este es un militar totalmente amargado e incluso desequilibrado, tanto por el hecho de haber perdido a su hermano en la contienda o quedar tullido en la misma y, poco más adelante se hará extensivo a partir de la llegada de Tucker, encontrar en él a un hombre que ha resultado ileso e incluso victorioso de cuantas célebres batallas ha participado. Sin embargo, en el interior de estos tres hombres se encontrará bien presente una circunstancia inesperada, como es la presencia en el fuerte de la joven y bella Elena (Linda Darnell), viuda del hermano de Kenninston y, en el fondo, deseada por los tres líderes que se establecen en el emplazamiento militar.

A partir de dicha premisas, se irán sucediendo tensiones en diverso grado, fundamentadas ante todo por la intransigencia y atisbos de locura esgrimidos por el máximo responsable de Fort Thorn, que poco a poco se irán tornando irrespirables, y que incitarán a los sudistas sometidos de forma voluntaria –pero en el fondo forzada-, a plantearse la posibilidad de huir de un marco en el que ni se sienten representados, ni reciben el trato que merecen como tales hombres pertenecientes al ejército. Es por ello que incluso contando con la ayuda de Tucker, se plantearán la huída, no sin antes logren engañar a Kenniston al haber cumplido con una misión que este les había formulado, convencido que con ella huirían y se forjarían como desertores.

Más allá de la complejidad que esgrime su estructura dramática, uno destacaría en TWO FLAGS WEST esa fisicidad que se encuentra potenciada por la sombría fotografía en blanco y negro del gran Leon Shamroy. Junto a este elemento de capital importancia, Wise logra que el espectador perciba merced a su planificación el polvo reseco de los lugares donde se desarrolla acción, los uniformes polvorientos y desgastados, el uso de unas sombras que parecen esconder tras ellas comportamientos psicológicos oscuros y siniestros –especialmente el del rol que encarna Chandler, catalizador de la tragedia que se vivirá en el fuerte-. Todo ello comportará una especial aclimatación de Wise a ese ya señalado look arquetípico –y magnífico- de la Fox –que con tanta fuerza ha resistido el paso del tiempo-, en el que logró abandonar cualquier tentación discursiva y, por el contrario, servirse al tratamiento de una base dramática llena de posibilidades, que supo aprovechar con presteza. La manera con la que Bradford muere en el fragor del ataque el fuerte, confesándole en sus últimos instantes el secreto amor que siempre ha mantenido hacia Elena. El semblante siempre introspectivo y la callada integridad que demostrará en todo momento Tucker cuando, en un momento dado, y cuando se disponía a efectuar la huída con su gente, se entere del ataque de los indios, volviendo a un fuerte atestado de ellos. Y, en definitiva, la planificación y resolución del estremecedor ataque a Fort Thorn, en donde tanto la planificación como el uso del montaje, proporcionarán uno de los episodios más cruentos –y admirables- jamás rodados por el cine de Wise. Y como casi inevitable conclusión a una tragedia provocada por la mente ida de Kenniston –que ha matado inútilmente al hijo de una tribu india-, y tras una jornada en la que el fuerte casi quedará aniquilado, comprenderá que para salvar lo poco que del mismo queda, la única solución lo supondrá su propia inmolación, descrita de un modo bellísimo, ubicando la cámara en el interior del recinto, encuadrando la apertura de la puerta, por la que saldrá este entre nieblas hasta desaparecer, escuchándose instantes después el grito desgarrador de su necesario sacrificio.

Centrada en su base argumental en el deseo de la reconciliación que poco después sellaría la formación de los Estados Unidos de América, lo cierto es que TWO FLAGS WEST sabe articular un aspecto tratado en otros conocidos exponentes del western. Lo que realmente permite otorgar el suficiente interés a la propuesta de Wise, reside en la precisión con la que es descria la galería humana poblada –en la que se encuentran secundarios tan magníficos como Arthur Hunnicutt –muy poco antes de acometer el papel de su vida en THE BIG SKY (Río de sangre, 1952. Howard Hawks)-, o Jay C. Flippen. Todo ello, nos proporcionará la necesaria credibilidad a esa contrapuesta práctica de cánticos de nordistas y sudistas en los últimos planos de un film que apela a la fuerza de la unión en el ser humano, por encima de cualquier condicionante más o menos manipulador que, en esencia, es el que ha propuesto los episodios de enfrentamiento más terribles de la historia de la Humanidad.

Calificación: 3

1 comentario

Jorge Trejo -

Yo vi en su tiempo este western y me pareció extraordinario, tu crítica me hace pensar que no estaba yo equivocado. gracias