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CINEMA DE PERRA GORDA

THEY KNEW WHAT THEY WANTED (1940, Garson Kanin) [Sabían lo que querían]

THEY KNEW WHAT THEY WANTED (1940, Garson Kanin) [Sabían lo que querían]

Creo que no resulta nada descabellado destacar la relativa importancia que la figura del comediógrafo Garson Kanin ha tenido en la historia de la comedia cinematográfica norteamericana. Nada más sea por el eco que en ella tuvieran sus exitosas obras teatrales y su destreza en la realización de guiones merecería un apartado de cierta importancia. Pero al mismo tiempo –aunque con menor incidencia- en su figura se da cita una no demasiado extensa trayectoria como realizador cinematográfico, cuyas inclinaciones se centraron fundamentalmente en el propio género. En sus películas –realizadas antes de inclinarse hacia el terreno de la escritura- se notaba una considerable soltura en el género –algo por otra parte previsible dada su experiencia tratando las claves del mismo-, que si bien no le permitió ubicarse en el nivel de los grandes exponentes del mismo en los años 30 / 40, no es menos cierto que sí proporcionó interesantes productos, de los que quizá destaque con luz propia la excelente MY FAVORITE WIFE (Mi mujer favorita, 1940), en la que era determinante la mano de Leo McCarey.

En cualquier caso, y aunque en su desarrollo se detectan numerosos elementos propios de la comedia –especialmente en su parte inicial- THEY KNEW WHAT THEY WANTED (1940) –no estrenada en España aunque emitida en televisión con el título SABÍAN LO QUE QUERÍAN- es un film que paulatinamente se escora hacia el melodrama, hasta constituirse como un extraño exponente rural del mismo y definirse finalmente como una muestra conservadora del mismo en la que la infidelidad de una mujer va a marcar su futuro, acompañada con la presencia de sacerdotes redentores y de sonrisa permanente.

La película de Kanin se inicia en un rancho de la Norteamérica rural, en el que su dueño Tony Capucci (Charles Laughton) –típico exponente del emigrado italiano y extrovertido-, viaja hasta San Francisco, donde en un local nocturno descubre a la hermosa Amy (Carole Lombard). Sin haber incluso entablado palabra con ella queda prendada de sus encantos y una vez de retorno al rancho decide escribirle para solicitar relación con ella, para lo que tendrá que utilizar los recursos de su fiel amigo Joe (William Gargan). También Amy tendrá que recurrir a una compañera experta en la redacción de escritos de empresa, para que redacte las réplicas a las cartas de Tony. Todo llegará a buen término hasta que este le plantee a la muchacha casarse con ella, proposición que sorprendentemente esta acepta. Ella le pedirá una foto para identificarlo y Tony finalmente, temeroso de ser rechazado, enviará la de Joe –más atractivo que él-.

Será ese la siembra del peor de los equívocos, ya que a su llegada a la pequeña estación Amy abrazará ardorosamente a Joe, creyendo que es Tony, y de alguna manera será el inicio de una latente relación que se establecerá entre ambos, y que inicialmente tendrá que romper en el equívoco el propio Tony. En todo caso y una vez quedando claras las identidades, se celebrará una gran fiesta en el rancho antes de que ambos se casen, y en la que Capucci sufrirá un aparatoso accidente que le fracturará sus piernas, obligándole a guardar cama durante dos meses. Será un periodo en el que Amy no podrá resistir la atracción hacia Joe, que finalmente le llevará a quedarse embarazada de este. Una vez el futuro marido se recupera de sus lesiones se intensificará el drama al descubrirse la situación y entender la joven que no merece ni la bondad ni el perdón del que iba a ser su marido, mientras que Joe se marcha del rancho y Tony se resignará a vivir su soledad pese a haber ofrecido a la que iba a ser su esposa, el máximo cariño al recién nacido.

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Lo primero que se puede destacar en THEY KNEW... es el intento del realizador de aplicar en los primeros compases del film un tono de comedia que quizá adentrándose en la película pueda inducir al equívoco, puesto que es finalmente el elemento melodramático el que se impondrá con fuerza. Pero en los primeros instantes se ofrece una sencilla descripción de ambientes rurales –que claramente toma sus referentes en los títulos sociales realizados por John Ford en aquel periodo-, la descripción del personaje protagonista –al que Charles Laughton ofrece una composición que no cabe calificar entre las más logradas de cuantas compuso en aquellos fértiles años, y a la que sobra artificio en la caracterización- y el divertido contacto que se producirá con una Amy a la que sorprenderá con sus escritos, las réplicas de esta que contendrán los tecnicismos en los escritos con ribetes empresariales que esta firma y están mecanografiados por su compañera.

El elemento de comedia se mantendrá en la secuencia en la que Tony ha de fotografiarse, y que proporcionará que su fiel ayudante se inmortalice igualmente y ello permita que esa imagen sea la que finalmente Tony envía a su futura esposa –un detalle que hoy día se revela bien pueril-. Será con esta circunstancia con la que ya a la llegada de Amy a la localidad se encuentre con Joe y lo reciba ardorosamente. Se ha sembrado inconscientemente la semilla de la atracción que ya no abandonará la historia. A partir de esos instantes paulatinamente se irá reconduciendo la película hacia los senderos del melodrama, acentuando la misma hacia una tendencia teatral –originariamente proviene de una obra teatral de Sidney Howard-, de la que emergerán algunos instantes resueltos, eso sí, con bastante brío por parte de Kanin. Son secuencias como el amplio travelling lateral que logra transmitir la sensación de estupefacción tras la aparatosa caída de Patucci desde el tejado de su casa al intentar torpemente impresionar a su amada, o la bastante posterior en la que se reúnen comiendo los principales personajes y entre ellos se detecta una sensación de incomodidad bien reflejada por el conjunto de actores y trasladada a la pantalla por el realizador.

En cualquier caso, bajo mi punto de vista lo más envejecido de THEY KNEW... reside –más allá del artificio en la labor de Laughton- en esa sensación de molesto conservadurismo que se desprende en su tercio final a la hora de tratar el conflicto que se establece con la infidelidad de Amy. Parece que no haya decisión a la hora de buscar una resolución adecuada a la misma, y para ello la presencia del sacerdote conciliador, sonriente e influyente resulta excesivamente chirriante y permite añorar la destreza que en personajes de estas características se manifestaría en el ya mencionado Leo McCarey. Es por todo ello, por lo que el nivel de la película desciende a un estadio de discreción y permite que la película concluya con una sensación de falta de valentía y pese a la buena labor de Carole Lombard y su relativa ligereza de ritmo, no quepa considerarla un producto especialmente destacable de Garson Kanin en calidad de director cinematográfico.

Calificación: 2

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