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CAPTAIN LIGHTFOOT (1955, Douglas Sirk) Orgullo de raza

CAPTAIN LIGHTFOOT (1955, Douglas Sirk) Orgullo de raza

No cabe duda que durante largo tiempo, CAPTAIN LIGHTFOOT (Orgullo de raza, 1955) ha sido considerada como si un exponente bastardo supusiera dentro de la filmografía del austriaco Douglas Sirk. Es francamente injusta esa valoración, teniendo en cuenta lo que de gozoso, fresco y cómplice tiene el disfrute de esta una de las cintas de aventuras más representativas del género en un periodo fértil en su manifestación. Si  bien no cabe ubicar su resultado entre las cimas del mismo, no es menos cierto que su presencia resiste las comparaciones con tantos y tantos títulos quizá sobrevalorados en sus cualidades, erigiéndose en un resultado divertido, amable, con tintes sombríos e irónicos y, ante todo y como elemento primordial, teniendo en todo momento la sensación de asistir a una película que “transpira” la esencia de la aventura en todos sus fotogramas.

Estamos situados en la Irlanda de 1815. Un territorio que se va articulando en sociedades secretas distribuidas en las pequeñas poblaciones para luchar contra la dominación inglesa. Uno de estos representantes es el joven, atractivo e impulsivo Michael Martin (Rock Hudson) habitualmente ejerciendo como salteador de caminos, pero que decide robar la recaudación de un influyente lord, lo que le llevará a tener que huir perseguido por las tropas inglesas, siendo muy pronto recogido por un párroco que viaja en un carruaje, trasladándolo hasta Dublín. Una vez llega a la principal ciudad irlandesa, descubrirá que el aparente sacerdote es el conocido capitán Thunderbolt (Jeff Morrow), verdadero y mítico líder rebelde, quien para lograr recursos financieros tiene abierta una lujosa sala de juegos en donde muchos ingleses participarán –sin ellos advertirlo-, en el sostenimiento económico de la causa irlandesa. Sin embargo, pronto llegarán los problemas, puesto que el capitán Hood –inglés-, ofrece una oferta de compra del negocio, que Thunderbolt rechaza de plano. Dicha negativa le llevará a tener que sufrir una redada en sus instalaciones, forzando al líder irlandés a tener que robar al lord que ha proyectado esta acción, viéndose en una emboscada de la que resultará herido. Ello le llevará a dejar a Martin –ya bautizado como Lighfoot- al mando de todas sus propiedades, entre las que se encuentra su caprichosa hija, a la que llegará a propinar una azotaina, aunque poco después entre ambos se revele una estrecha relación amorosa. Será precisamente una actitud poco precavida de la hija de Thunderbolt –Aga (Barbara Rush)-, la que facilitará que su padre sea capturado y llevado a prisión, hecho este que impulsará a Lighfoot a introducirse en ella para rescatarlo.Un intento este que se verá frustrado, en la medida que el preso ya había logrado ser rescatado, mientras que su rescatador será capturado en su lugar y detenido –una de las secuencias más divertidas de un film impregnado de un constante sentido humorístico-.

Y es que, entre las principales cualidades de CAPTAIN LIGHFOOT –una historia de W.R.Burnett que fue plagiada en sus personajes por Michael Cimino en THUNDERBOLT AND LIGHTFOOT (Un botín de 500.000 dólares, 1974) –un plagio  que el propio Burnett maldijo siempre que pudo-, hay que destacar ante todo la sinceridad y espíritu aventurero irlandés que desprende la película. En ello que influye de forma muy notable el oportuno rodaje en auténticos exteriores irlandeses lo que, junto al sentido del humor y la ironía que proporcionan personajes y situaciones, como el ver inicialmente a Thunderbolt vistiendo ropajes como sacerdote, o la extraña ceguera manifestada por el viejo Callahan (Finlay Currie) –quien sin embargo en determinadas ocasiones demuestra tener más vista que un lince-, envuelven ese alcance bucólico, de búsqueda de libertad en un territorio que es de sus protagonistas, que se define como un lugar definido por la libre convivencia, y en el que se encuentran sojuzgados. Dentro de este entorno destacará igualmente la creciente importante que en el mundo de Thunderbolt tendrá el joven Lightfoot. Si a estos rasgos unimos el carisma y la simpatía que muestra en este segundo personaje un Rock Hudson idóneo para este tipo de personajes, lo cierto es que el film de Sirk se revela con un ritmo impecable, donde todas sus peripecias están planteadas con lógica, sin tiempos muertos, y también –justo es señalarlo-, sin buscar una excesiva dramatización –la ligereza de su tono despreocupado y festivo es sin duda algo que eligieron deliberadamente los responsables del film-. Pero incluso dentro de estas coordenadas tan alejadas a un producto más o menos crítico, lo cierto es que CAPTAIN LIGHFOOT ofrece motivos sobrados para la reflexión, envueltos eso sí, dentro de una aventura que nunca deja de erigir el vitalismo como protagonista de su tono. Esa aparente carácter liviano y exultante, no impide que entre líneas se muestren reflexiones nada inocuas en torno a la adecuación de los métodos empleados en la lucha contra los ingleses y, en definitiva, en sopesar los riesgos de formas, objetivos y causas. A este nivel, es cierto que resulta altamente irónico comprobar como ese salón de juego en el que tantos ingleses dejan sus ahorros en la búsqueda de la suerte, en realidad es la mayor fuente de financiación de los rebeldes.

Estamos ante un título de Douglas Sirk, y quizá vérnoslo enfrascado atendiendo el rodaje de una propuesta del género de aventuras, desde el primer momento motivara al rechazo o a obviar su resultado, fuera este cualquiera que fuere. Mal hecho, ya que a nivel puramente cinematográfico la película está llena de magníficos detalles visuales, que demuestran la categoría que Sirk tenía como realizador, incluso fuera de sus propuestas melodramáticas –que nadie duda fueron las que más fama le proporcionaron, pero que injustamente ocultan una nada desdeñable relación de títulos precedentes, por lo general llenos de atractivos-. En el film que nos ocupa, ese predominio visual se expresa en muchas ocasiones en los elementos laterales o secundarios que se disponen en los elaborados encuadres en Cinemascope. Habría muchos ejemplos a citar, pero mencionaré solo alguno de ellos; como la planificación previa al duelo de Lightfoot con el capitán inglés, que muestra en primer término el carruaje –en un fuerte rojo-, en otros instantes la presencia de espejos dicen mucho sobre la futura relación de Martin con Aga, e incluso en un momento de verdadera acción –cuando Lightfoot escapa de prisión, en un lateral del encuadre aparece un molino que transporta agua con rapidez-. Incluso, al final de la película, podremos ver como el viejo Callahan llenará el encuadre con sus cantos de arpa en un lateral del mismo, mientras se marcha Thunderbolt y su hija Ada, se queda con Lightfoot.

Ese cúmulo de cualidades y detalles me llevan a apreciar -pese a su escaso reconocimiento- CAPTAIN LIGHFOOT, no dudando en definirlo como un exponente brillante del buen momento que en aquellos años gozaba el cine de aventuras, y una prueba más de la versatilidad de Sirk en casi todos los géneros norteamericanos en los que se introdujo, dentro de su experiencia en la mayor parte de ellos, además de una declaración de amor a su querida Irlanda. A mi juicio, lo logró plenamente en esta película, que debe ser reconsiderada como un brillante y jubiloso exponente de su obra.

Calificación: 3

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