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CINEMA DE PERRA GORDA

LORNA DOONE (1951, Phil Karlson)

LORNA DOONE (1951, Phil Karlson)

Todavía no se había adentrado el norteamericano Phil Karlson en el género por el que su nombre perduraría de su larga andadura cinematográfica –el policíaco-, cuando en su periplo por el entorno de serie B de la Columbia, filmó en 1951 LORNA DOONE. Se trata de una de las numerosas adaptaciones cinematográficas –y posteriormente televisivas-, que a lo largo del tiempo se han venido sucediendo de la novela de época firmada por R. D. Blackmore, insertada con habilidad dentro de la abundancia de títulos que, dentro del cine de aventuras para complementos de programa doble, eran una auténtica necesidad dentro de la comercialidad del cine USA de los años cincuenta. En este sentido, no cabe argüir dicha circunstancia como un impedimento a la hora de disfrutar de las moderadas cualidades de esta película que, eso sí, se muestra con una mayor consistencia si la comparamos con tantos y tantos exponentes del género –sobre todo basados en fantasías orientales-, que se adueñaron de otra de las majors hollywoodiense, como fueron la Universal o la MGM en sus títulos caballerescos protagonizados por Robert Taylor. En su oposición, hay que reconocer que el film de Karlson, aun cuando se inserta de lleno en una serie de convenciones habituales en su contexto, no es menos cierto que su resultado deviene finalmente como un conjunto atractivo y estimable, que logra mantener ese tono entre ingenuo y caballeroso con verdadera convicción. En buena medida lo logra al partir de una historia interesante, y quizá por ello esté bien presente esa apuesta por una cierta huída de lances y elementos melodramáticos –aunque la película acoja situaciones dolorosas e incluso llenas de crueldad-, en beneficio de un argumento en el que la elipsis y el alcance nostalgico tiene una notable presencia

 

Tras un bellísimo tema musical de apertura –algún día se reconocerá la aportación de George Duning a la banda sonora-, nos adentramos en el siglo XVII inglés, mientras una voz en off –será la de un ya maduro John Ridd (Richard Greene)- nos relata con aire evocador una serie de episodios ligados a su niñez y juventud enmarcados en el enfrentamiento de los campesinos de la región, contra los excesos provocados por la familia dominante –los Doone-, y la lucha que estos mantienen para evitar que la monarquía de Carlos II llegue a dominar la zona. Los sicarios de Doone matarán al padre de Ridd, jurando este vengarse y marchandose durante cinco años para dedicarse a su labor con el ejército. A su regreso, Ridd es ya un hombre curtido que encabezará la rebelión de los lugareños contra la dominación de los Doone, aunque en la misma adquiera un elemento de fricción su progresivo enamoramiento con Lorna (Barbara Hale), con la que de todos modos no espera alcanzar ninguna vinculación, al estar esta comprometida sin ella desearlo, con el sobrino del patriarca de la familia opresora  –Carver (William Bishop)-. Los lances, luchas y escaramuzas se sucederán, socavando las fuerzas de la familia dominante en el entorno, pero al mismo tiempo la relación de John con Lorna será mal vista por los lugareños, recelosos de que la misma sea una concesión en esta lucha. Un elemento provocará un cambio de actitudes, poco antes de la muerte del viejo Doone –un hombre justo, aunque finalmente vencido por las turbias actitudes de los familiares que le rodean-. Este confesará a Lorna que en realidad no pertenece a los Doone, ya que sus orígenes pertenecen a la familia real. La circunstancia modificará el planteamiento, y aunque los lugareños seguirán mostrando su desconfianza, permitirá a Ridd afianzar su romance con la joven.

 

No puede decirse que lo que cuentas LORNA DOONE sea un prodigio de originalidad, pero tampoco es menos cierto que el film de Karlson se caracteriza por su buen pulso, un eficaz desarrollo argumental dominado por el uso de la elipsis, una dirección artística entrañable y evocadora y un adecuado uso de exteriores, centrada en una fotografía que incide en ese tinte de fantasía aventurera, pero sin inclinarse en exceso hacia esas tonalidades casi excesivas que dominaban las ya mencionadas películas de ambientación oriental pergreñadas por la Universal en aquellos años. Es probable asimismo que la película no logre aprovechar el carácter evocador que inicialmente propone el largo flash-back en el que se desarrolla casi todo su metraje, pero esta elección permite que la voz en off que se inserta en diversos momentos de la narración, resulte de una pertinencia aplastante. La película destaca, como señalaba anteriormente, por la eficacia de su ritmo, y también por la inserción de episodios y elementos definidos por su fuerza visual. Y al hablar de ello me refiero a la presencia de esa cascada que sirve como referente dramático –al mostrarla inicialmente como eje del Ridd niño, que escala por vez primera la misma casi como metáfora de su repentina inmersión en la mentalidad adulta, y más tarde al servir como eje para la actitud combativa del protagonista, ya convertido en adulto-, y que en algún momento me hizo pensar que quizá la presencia cinematográfica de este elemento natural, pudo tener algo que ver para que un par de años después se planteara en la pantalla la conocida NIAGARA (1953, Henry Hathaway).Todas estas características, unido a los folletinescos lances de su guión, tamizados por una narración sosegada que combina el lance con la sobriedad y la eficacia expositiva, convierten LORNA DOONE en un título todo lo menor que se quiera, dentro del ámbito de la producción del género en el Hollywood de la década de los cincuenta. Sin embargo, este quedará definido como un conjunto más que estimable, mostrando además la versatilidad de su realizador, que en otras ocasiones también se inclinó por el cine de aventuras, y que estaba ya a las puertas de su valiosa y por lo general aún poco reconocida aportación el cine policiaco, que se extendería durante casi una década.

 

Calificación: 2’5

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